Clementine's profileDIARIO DE UN NÁUFRAGOPhotosBlogLists Tools Help
    September 13

    Memorias y desmemorias de una universitaria

    Me encuentro en uno de los momentos más felices de mi vida. No sólo disfruto de salud, familia y muchos amigos, sino que además, soy licenciada. Lo supe oficialmente el jueves, aunque en realidad lo sabía mucho antes, porque intuía que el resultado de mi esfuerzo había de ser positivo. Todo un verano sudando, nunca mejor dicho, para ganarle la batalla al Old English, plantándole cara al umlaut, al dativo absoluto, a los infinitivos inflectivos, a los cambios en la raíz de todos los verbos habidos y por haber, a la sintaxis de una lengua muerta  hace mil años que no es el inglés, ni el alemán, ni el latín, pero que tiene rasgos de todas ellas, y con la que sinceramente hubo un momento que pensé que no podía con ella.
    Pero lo he conseguido. Una vez más, siento la inmensa felicidad de haber conseguido hacer las cosas por mí misma. La satisfacción de saber que sí, que podré hacer ese máster de traducción que tanto me ha costado conseguir. Ante mí, un nuevo reto. Una nueva aventura. Un hacer maletas de nuevo, un no sé qué, ese no sé qué que tiene la aventura y que me produce una descarga de adrenalina que me llena de felicidad.
     
    Podría, sin embargo, ponerme a recordar los malos momentos, que ha habido muchos. Desde aquel primer final de curso en que supe con certeza que la carrera no me gustaba, pero no tenía otra opción, a todos los malos malísimos profesores que me han hecho aborrecer una asignatura, incluso odiarla, preguntarme cien mil veces quién demonios les puso en ese puesto que no merecían en absoluto...pasando por el peor momento de mi vida, sola en Madrid, cuando era incapaz de levantarme por la mañana y pensaba que aquella pesadilla no acabaría nunca, y que no sería capaz de acabarla yo tampoco, que ni siquiera sería capaz de seguir respirando.
    Pero...ahora puedo decir orgullosa que mi fuerte fragilidad y mi empeño me sacaron hasta de aquel pozo inmundo, y de otros muchos pésimos momentos. Ahora podría darles una patada en el puto culo a todos los que nunca creyeron en mí. A los que se obstinaron en que nada me saliera bien. Idiotas, ¿dónde estáis vosotros ahora? ¿os sentís orgullosos de lo que sois?
     
    Yo sí, me siento orgullosísima de ser yo. Y no pienso cambiar jamás. Una vez pensé que si yo cambiase, la gente me aceptaría más, la gente me querría más, algunos incluso puede que volvieran a quererme después de todo. ¡¡Pero no!! No es mi problema. No puedo evitar la manera en la que me enfrento al mundo. No puedo evitar mi escepticismo, mi vaso medio vacío, mi impulsividad, mi inocencia, mi idealismo, mi hablar antes de tiempo, mi abrazar antes de ver el puñal. No puedo evitarlo y creo que tampoco está tan mal. Mi manera de ser me ha hecho vivir la vida como una montaña rusa, y esa manera de sentir tan extrema es dolorosa pero también feliz. Es, supongo, valiente. Y cito al padre de Syl en ese libro maravilloso que ella escribió: "Hay que tener huevos para sentir el dolor".
     
    Sin embargo, la gente que realmente me quiere, me quiere tal y como soy, y no tengo miedo de perderles. Ya no.
    Lo más importante en esta vida, decía el padre de Juno en esa película que tantísimo me gusta, es encontrar a una persona que te quiera exactamente tal y como eres. Yo todavía no he encontrado a esa persona, pero no tengo prisa. La prisa siempre es mala consejera.
     
    Tengo millones de papeleos que hacer antes de mudarme a Barcelona. No sé ni siquiera dónde voy a vivir. Pero no tengo angustia ni preocupación. Todos aquellos sentimientos que me dominaron alguna vez han desaparecido como por encanto. Como dice Bunbury en una canción que me gusta mucho, "nada puede dañarme con mis amigos". Nada puede. Nadie puede. Ya no. Ya no.
    Próxima estación....Barcelona-Sants!!! per això ja sap una miqueta de català, m´estic preparant aquest curs Sonrisa
     
    Os dejo con pequeños apuntes, quizá algo desmemoriados, de algunas cosas agradables que recuerdo en estos seis años en la universidad. De lo que fui (o dejé de ser).
     
     
    ACTO PRIMERO
     
    -Estamos en el bar de Filosofía y Letras Silvia, Espe, Syl y yo. Syl está contando una historia fabulosa, de esas que siempre contaba sobre su vida. ¡Qué emocionante me parecía! La escuchaba atentamente. Recuerdo que bebíamos batido de chocolate y comíamos un montadito de anchoas. Fuera el otoño avanzaba a pasos de gigante.
     
    -Tim Bozman habla lenta y pausadamente explicándonos las condicionales. De pronto su tono de voz cambia: está intentando hacer un chiste que inmediatamente anoto en la agenda. Aquel hombre era tierno, y un buen profesor.
     
    -Yo, absorta en mis pensamientos, le estoy tocando la oreja a Laura en clase de Alfredo, alias Zanco Panco por sus divagaciones sobre Alicia a través del espejo. De pronto me pregunta que por qué estoy tocándole la oreja a mi compañera. No me había dado cuenta. Es la risión general. Fue mi primer sobresaliente.
     
    -Es final de curso, salimos del examen de Lengua Española y es la primera vez que hablo con esa chica que se llama Leticia. "¿Por qué demonios nos metíamos con ella antes?" nunca me lo he explicado, porque desde ese momento se convirtió en una de mis mejores amigas. Un ser lleno de generosidad.
     
     
    ACTO SEGUNDO
     
    -Aprobé la lengua inglesa 2 de Isabel gracias a Napoleon y Snowball. O debería decir George Orwell?
     
    -Descubrí una asignatura que me gustaba: fonética y fonología. Por supuesto, la profesora Silvia tenía mucho que ver en ello.
     
    -Recuerdo volver de la facultad en las noches de invierno y hacer una parada en casa de Inma, que me esperaba con su albornoz rosa.
    "¿Te imaginas cuando tengamos coche y vayamos todas por ahí? ¿Te imaginas cuando Pablo y tú por fin viváis por fin en la misma ciudad? ¿Te imaginas quién de nosotras se casará primero? ¿Te imaginas cuando lo pruebe con una mujer?"
    Todas esas cosas han ocurrido ya. Con mayor o menor fortuna.
     
    -El pizzero macizo que se echó Syl como ligue. ¡Qué tremendo! la vino a buscar un día a la salida de clase. Se llamaba Rubén. Leti, Laura y yo reíamos y cuchicheábamos mientras se alejaban de la mano por el pasillo. Después llegó uno que parecía medio indio, y otro y otro más. Y después su boda y esa absurda sensación de que todo iría bien.
     
     
    ACTO TERCERO
     
    -No podía esperar a que esa maldita clase de prácticas acabara. "¿Por qué coño no se callaba Fran de una vez?" No podía esperar porque aquella noche de principios de Marzo salía el tren. Puntual, a las 23: 35. Había sido con lo que había ganado de dar clases particulares. Me sentía orgullosa. Syl no paraba de hacerle la pelota a Fran y me estaba poniendo enferma. Leticia me firmó una foto de carnet. Nos sentábamos juntas en la última fila. Pero aquella clase nunca acababa, y yo no podía esperar.
     
    -Adoré los desvaríos de Bardavío y sus mamuts congelados. Absolutamente histriónico y surrealista (tanto como el examen, Leti, ¿te acuerdas del sueño de Karrás?)
     
    -Recuerdo una mañana fría y seca de Enero. Syl y yo vamos a hacer el examen de Diacronía, pero ella se va a los cinco minutos y yo me doy cuenta de que no he entendido nada. Fue la primera que tuve para Septiembre, y quizá el preludio de lo que vendría al final: mis grandes dificultades con Historia de la Lengua...
     
    -Estoy en el pueblo. Me he enterado de que hay una posibilidad. Una pequeña posibilidad de que me concedan una beca y pueda ir a Madrid por fin con Pablo. Estoy contándoselo a Concheiro. Él contesta: "Si vosotros vais, yo voy." Fue el primero que lo consiguió.
    Trabajé muy duro para conseguir esa beca, recuerdo los jueves con Alejandro y cómo me animaba. Pero no la obtuve en Junio, sino en Septiembre.
     
    -Es casi verano. Los pájaros chillan enloquecidos. Examen de Literatura Norteamericana. Apenas he estudiado porque mis incursiones en el barrio de la Magdalena me dejan insomne. Emily Dickinson salva mi blanco culo de la quema. Me llaman en mitad del examen: Es Flaco. Me habían preguntado a Allan Poe, y yo no había sabido qué cojones responder.
     
     
    ACTO CUARTO
     
     
    -Es el dos de Octubre de dos mil seis. Tengo veinte años. Llego a Madrid por primera vez. Pasado Alcalá de Henares, empiezo a ver grandes pancartas que anuncian los programas de la tele: Buenafuente, Territorio Champions. La gran ciudad aparece ante mis ojos como un coloso de asfalto indominable. Llegamos a lo que será mi residencia. Es de un verde muy triste. Mi compañera no está, sólo su maleta llena de zapatos del número 41. Es muy guapa en las fotos. Me acuesto con mamá en el camastro verde triste y lloro en silencio. Ella no se da cuenta. Por la tarde, antes de irse, tomamos algo los tres en el Starbucks del paseo del Prado. Concheiro y yo nos quedamos solos y nos miramos con una tristeza infinita en la mirada. ¿No se supone que deberíamos estar contentos? ¿Por qué aquel día tuve esa sensación de que aquello no saldría bien? No lo sé,  pero nunca volvimos a ser los mismos.
     
    -Hay gatos que pasean como Pedro por su casa en los pasillos de la facultad de Filosofía y Letras en la Autónoma de Madrid. Yo me divierto observándolos mientras tomo un croissant a la plancha y leo el periódico. Estoy sola. Dentro de poco tengo la clase más entretenida. Hoy, Pedro nos hablará de Mèlies y del Viaje a la luna. Ha traído a un actor canario que hace mimo para que nos haga una demostración.
     
    -No quiero estar sola, pero él no lo entiende. Siempre tiene miles de cosas mejores que hacer que estar conmigo. Yo mientras paseo por la gran ciudad. El terrible presagio me sube como una naúsea por la boca del estómago. He fallado. Recorro la Gran Vía una y otra vez. Compro un vestido. Nunca me verá con él puesto. Mi cuerpo ya es de ceniza. Es invierno. Un invierno que no acaba nunca.
     
    -He pasado la tarde trabajando en Alcobendas, y cuando llego a la residencia tengo una nota en la puerta. "Queremos hablar contigo". Son los chicos del piso de arriba. Guille, Juan, Jony y Santy. Subo a su habitación. Están sentados en círculo, esperándome. No volví a comer ni cenar sola. Es primavera.
     
    -Es 24 de Junio de dos mil siete. Tengo veintiún años y el corazón totalmente destrozado. Abandono Madrid. Mi madre y yo hemos cogido todas las maletas y vamos como los gitanos a coger el AVE para volver a casa. Al pasar por Cibeles, caen dos lágrimas inesperadas. Una, por todo el dolor del mundo que es imposible plasmar aquí. La otra, por la felicidad de haber conseguido remontar el vuelo e incluso hacer amigos.
     
     
    ACTO QUINTO
     
     
    -Violeta, Lucía y yo llegamos a un lugar tan hermoso, que me cuesta describir. Brilla el sol, algo inusual para Inglaterra, corren las ardillas, y mi residencia es lo más bonito que os podáis imaginar. Está en medio de ese bosque inmenso que alberga la University of Nottingham.
    Enseguida hacemos amigos: recuerdo con nitidez lo que sentí la primera vez que les vi a todos. Ellos serían mi familia hasta el final y aun ahora, siento que hay un vínculo entre todos nosotros que es imposible de romper.
     
    -Paul es el profesor de cine. Es un tipo estupendo. Me encantan sus clases y pienso en cómo le gustarían también a Syl. Ojalá estuviera bien...Paul nos enseña a amar el cine desde el principio. Desde M el vampiro de Dusseldorf y King Kong, hasta mi preferida, el Gabinete del Doctor Caligari. Después viene Humphrey Bogart y Lauren Bacall, y me quedo anonadada contemplando su magia en la gran pantalla del aula de cine. Fuera llueve a cántaros, pero ¿qué importa? ¡¡esta noche hay una fiesta!!
     
    -Es el cumpleaños de mi compañera Angie. Es el 28 de Enero de dos mil ocho. Salvatore y Marie acaban de llegar a nuestra residencia y en seguida nos hacemos amigos. Y esa noche aparece él: ese hombre pequeño y pelirrojo que se disculpa por no poder acudir con nosotros al cumpleaños. Acabo de encontrarme con un ser extraordinario.
     
    -Estoy con Pablo Andrés en los Broadway. Compartimos una botella de vino y una ensalada griega. Me dice algo que no he olvidado: que el tiempo es lo más hermoso que podemos regalarle a alguien. Me siento absolutamente feliz. Y curiosamente hemos venido a ver Happy-go-lucky.
     
    -Me han llamado para trabajar en la EXPO: debo acabar los exámenes e inmediatamente después coger un avión y volver a casa. Pero siento que no me he perdido nada: tengo todo lo mejor de cada uno. Estamos en el Tantra. Reímos, bailamos. Para siempre en mis retinas la imagen de esa prado de flores y árboles y ardillas y la paz en los ojos de Alberto mientras tomamos el té. Para siempre él. Para siempre los demás. Carmen, Alberto, Salvatore, Marie, César, Rubén, Pedro, Tabi, Violeta, Lucía, Pablo Andrés, Andrea, Fabio, Angie, Joserra, Daniel, Carlos, Silvia...
     
     
    ACTO SEXTO
     
     
    -Volver a vivir con mis padres. Volver a la rutina. A acostumbrarse a esta ciudad gusanera. Fue sin duda una ardua tarea.
     
    -He acabado mi ensayo sobre María Lejárraga, y mi padre promete publicar mi artículo en la revista con la que colabora. Acabo de descubrir a una mujer fascinante y he ganado nuevos argumentos para enfrentarme a los ignorantes. Menos mal que tengo buen ojo escogiendo asignaturas de libre elección.
     
    -Mitra y yo estamos en clase de catalán. Nuestra relación con la profesora es más bien mala, pero algo dentro de mí me dice que esa mujer no puede ser tan recta y tan rancia. No lo era: me dio unas cuantas buenas lecciones y un consejo que no desoí: es Junio de dos mil nueve y después del examen oral, me dice que me vaya a Barcelona e intente algo de traducción allí. Al llegar a casa tanteé las posibilidades y ante el percal que había aquí....el resto ya es historia. Me cogieron en Barcelona  y la primera en saberlo fue ella: esa mujer menuda y cascarrabias, pero quizá uno de los últimos buenos profesores de la universidad.
     
     
    Me dejo muchísimas cosas, pero esto es lo que antes ha venido a mi mente. Algún día quizá me ponga a bucear más. O quizá directamente lo convierta en una novela.
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     

    Comments (2)

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    No namewrote:
    ojala te vaya muy bien en la otra capital de España. Un resumen agridulce de tus últimos años,que realmente han sido dificiles para toda la familia. Te queremos. Charlie and Marian
    Sept. 23
    lucia baquerwrote:
    has hecho que mis ojos se humedecieran, enhorabuena por todo lo conseguido y por tener esa sensiilidad innata para escribir,, GRACIAS!!!
    Sept. 16

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