Clementine さんのプロフィールDIARIO DE UN NÁUFRAGOフォトブログリスト ツール ヘルプ
11月24日

los ángeles custodios

 

“Bueno cuéntame, ¿¿y el chico ese que mandaste a cascarla??”

 

“Era un grosero, un creído y un estúpido. Ni siquiera sé cómo coño me fijé en él. Me quedé pálida cuando me dijo al final que yo sólo le quería como hombre objeto...¡por eso aguanté sus parladas místicas por messenger durante semanas!”

 

“Por favor, cómo puede ser tan chabacano, si tú lo que querías era que se enamorara de tu alma...”

 

“¡¡¡Jajajaja!!!!”

 

Sí, lo ha conseguido. Como siempre. Ella es Carmen, y esa risa del final es la mía. Sea cual sea mi estado de ánimo, ella siempre saca lo mejor de mí. Por eso es mi amiga. Es mi amiga de verdad. Cuando me siento derrotada, nostálgica, cuando necesito una razón para seguir siendo fuerte, para seguir mi camino hacia delante, pienso en estas personas. Detalles tan tontos como éstos para mí significan muchísimo.

 

O leo un sms de Alberto, y recupero el aliento después de soportar a tanto niñato imbécil. Siempre me hace sonreír. Su recuerdo es paz, tranquilidad y felicidad. Volveré a verle pronto, lo sé.

 

Una sola palabra más triste que la otra, y allí están Viri, Charlie, Saray, Pepiño, Paula, Javi... Veteranos compañeros del alma en la distancia. 

Y sé que tengo que mantener la entereza de siempre porque si borrase el pasado, les borraría a ellos, y eso sería el peor crimen que podría cometer.

 

Y una vez más, mis amigos de Barcelona. Todos los días pienso en la suerte que tengo de haber encontrado a unas personas que me quieren tal y como soy, que desde el primer día me han tratado como a una hermana y que aguantan mis lloreras, mis borracheras, mis malos humores y mis días de no quiero hacer nada. No tendrían porqué, sólo hace dos meses que les conozco, pero siento que puedo compartir con ellos casi cualquier cosa. Todos mis planes les incluyen, a corto y a largo plazo.

 

Y para lo que todavía no pueda, o para lo que no proceda compartir en esta nueva vida, para eso está Inma. Sin ella, todo sería mucho más difícil para mí. Ella siempre ha sido el hilo invisible que me ataba a muchas vidas que he vivido siempre al filo del precipicio, tambaleándome y sujetándome a ella cuando veía de frente el abismo. Mi mayor miedo es que algún día nuestras respectivas rutinas nos separen. Nos une un pasado lleno de emoción y de inocencia, pero ¿qué futuro nos espera? ¿puedo protegerla del fracaso? ¿del dolor que ello supone? ¿podré estar a su lado si me necesita? ¿sabe de verdad lo mucho que significa para mí?

 

Tantas preguntas me pasan por la cabeza a la velocidad de la luz...nunca hasta ahora había sido tan consciente de que voy a envejecer, y me horroriza pensar que pasado mañana me levantaré y tendré 30, 35, 40, 50 años...

La gente que quiero, mis amigos del barrio, Elisa, Andrea, Leticia...van haciendo su vida, la mayoría tienen pareja...de aquí a unos años iremos viendo cómo van labrando su futuro y el de los niños que vendrán. Yo, sin embargo, siento que todavía observo el mundo desde fuera, como si no fuera mucho conmigo. Me identifico con mi amiga Chantal porque es una nómada sin hogar igual que yo. Porque quiere ser libre. Pero entonces...¿por qué creo que en el fondo estamos deseando encontrar a alguien que nos quiera? ¿y por qué es ese mi mayor miedo, quedarme sola sin volver a sentir jamás que alguien me ama?

 

Lo bueno del pasado es que no volverá a repetirse. Nadie podrá destrozar mi corazón porque ya ocurrió una vez. Todo lo que venga después será mucho más leve. Inerte.

 

Sí, reconozco que miro esos vídeos, y lloro de rabia y de nostalgia al mismo tiempo. Ojalá pudiera decirle a Concheiro lo mucho que pienso en él, pero ya no me escucharía. Y si volviera a buscar a Pablo para preguntarle por qué no fue capaz ni siquiera de un digno final, otra mujer me abriría la puerta y me diría: “Y tú quién carajo eres”

 

Y tú quién carajo eres. No soy nadie. Dejé de serlo, supongo, cuando me dejó de querer.

No importa cuantos minutos malgastados de mi vida atesore aún en mis venas. Me dejó de querer.

 

Estamos muertos. No hay lágrimas que valgan para volver a ser lo que éramos.

 

Estoy nostálgica, sí, lamentablemente es inevitable, pero también es cierto que mañana será otro día en esta hermosa ciudad, y muchos proyectos me esperan: que nadie confunda esta entrada de blog con un back to black, en realidad es el eterno retorno, y el pasado que siempre se entremezcla con el presente y con lo que será el futuro, porque aunque me duela es parte de mí.

 

Y por cada vez que mis labios tiemblan, y siento que de un momento a otro mis ojos van a teñirse de lluvia, lluvia de Santiago, de día gris, mirada de niebla saliendo de la boca de los caballos de Platerías, desato el nudo de mi garganta y respiro, ese esfuerzo absurdo de tan básico...y pienso en las personas que ha habido, antes, durante y después, y pienso que siempre al final quedan los mejores, los valientes, los que prefirieron aguantar el temporal sujetándome por los hombros, manteniéndome en la tierra, a su manera, pero sin dejarme del todo a la deriva, quizá sin saberlo, cerrando las ventanas...

 

 

Barcelona, 24 de Noviembre de 2009

10月26日

Llegar al mar

Llegar al mar. Eso era lo que quería cuando era más joven. ¿Recordáis? Pero había perdido toda esperanza de volverle a encontrar.
Y estoy aquí de pronto mirándolo. Es muy diferente de aquel al que soñé un día que surcaría sus olas para siempre. Pero he llegado hasta él, y me devuelve mi propia imagen ya no más distorsionada. Lo quiero abarcar todo, sentir su abrazo de agua, saborear su luz y su olor que penetra hasta lo más profundo de mi corazón, limpiándolo de podredumbre, los restos de una gaviota muerta.
 
Lo importante no era alcanzar esa isla, ahora lo entiendo. Sólo había que llegar al mar y saber mantenerse a flote, dejándose acariciar por las mareas, sin perder de vista el horizonte. Sólo así podría haberme salvado. Pero este naúfrago que escribe desde una playa nunca conquistada tiene ahora la oportunidad de empezar de nuevo. Y lo que estoy descubriendo, es maravilloso. Es un tesoro más grande de lo que nunca pude imaginar. La curiosidad me hace perderme por las calles, por la plazas, por los bares de esta ciudad, y nunca puedo dejar de sonreír. ¿Podría ya vivir sin todo esto? ¿Cómo es que parece que lleve una eternidad buscando lo que he encontrado aquí?
 
Amo este lugar. Amo a quienes me han acogido entre ellos como una más, con quienes puedo ser yo. Simplemente Inés. Después de todo, simplemente eso.
Amo mi nueva casa, viejas paredes modernistas que quizá oyeran el aullido de Gaudí cuando le atropelló aquel tranvía. 
Amo mi barrio, la rambla de las flores, los espejos de colores, los niños en los carritos y los abuelos al sol.
Amo los nuevos amigos, las nuevas sensaciones, pero a la vez saber, que sigo siendo yo...
Amo las palabras que él me da con cuentagotas, a las que deseo dotar de un significado que me ilumine más aún los días y las noches.
Amo la luz y la lluvia, la suerte que he tenido, de haber tenido esta oportunidad. De que el mar me haya devuelto furiosamente a la orilla y me haya obligado a mirarle así, a amarle otra vez. Despacio. Otra vez.
 
9月13日

Memorias y desmemorias de una universitaria

Me encuentro en uno de los momentos más felices de mi vida. No sólo disfruto de salud, familia y muchos amigos, sino que además, soy licenciada. Lo supe oficialmente el jueves, aunque en realidad lo sabía mucho antes, porque intuía que el resultado de mi esfuerzo había de ser positivo. Todo un verano sudando, nunca mejor dicho, para ganarle la batalla al Old English, plantándole cara al umlaut, al dativo absoluto, a los infinitivos inflectivos, a los cambios en la raíz de todos los verbos habidos y por haber, a la sintaxis de una lengua muerta  hace mil años que no es el inglés, ni el alemán, ni el latín, pero que tiene rasgos de todas ellas, y con la que sinceramente hubo un momento que pensé que no podía con ella.
Pero lo he conseguido. Una vez más, siento la inmensa felicidad de haber conseguido hacer las cosas por mí misma. La satisfacción de saber que sí, que podré hacer ese máster de traducción que tanto me ha costado conseguir. Ante mí, un nuevo reto. Una nueva aventura. Un hacer maletas de nuevo, un no sé qué, ese no sé qué que tiene la aventura y que me produce una descarga de adrenalina que me llena de felicidad.
 
Podría, sin embargo, ponerme a recordar los malos momentos, que ha habido muchos. Desde aquel primer final de curso en que supe con certeza que la carrera no me gustaba, pero no tenía otra opción, a todos los malos malísimos profesores que me han hecho aborrecer una asignatura, incluso odiarla, preguntarme cien mil veces quién demonios les puso en ese puesto que no merecían en absoluto...pasando por el peor momento de mi vida, sola en Madrid, cuando era incapaz de levantarme por la mañana y pensaba que aquella pesadilla no acabaría nunca, y que no sería capaz de acabarla yo tampoco, que ni siquiera sería capaz de seguir respirando.
Pero...ahora puedo decir orgullosa que mi fuerte fragilidad y mi empeño me sacaron hasta de aquel pozo inmundo, y de otros muchos pésimos momentos. Ahora podría darles una patada en el puto culo a todos los que nunca creyeron en mí. A los que se obstinaron en que nada me saliera bien. Idiotas, ¿dónde estáis vosotros ahora? ¿os sentís orgullosos de lo que sois?
 
Yo sí, me siento orgullosísima de ser yo. Y no pienso cambiar jamás. Una vez pensé que si yo cambiase, la gente me aceptaría más, la gente me querría más, algunos incluso puede que volvieran a quererme después de todo. ¡¡Pero no!! No es mi problema. No puedo evitar la manera en la que me enfrento al mundo. No puedo evitar mi escepticismo, mi vaso medio vacío, mi impulsividad, mi inocencia, mi idealismo, mi hablar antes de tiempo, mi abrazar antes de ver el puñal. No puedo evitarlo y creo que tampoco está tan mal. Mi manera de ser me ha hecho vivir la vida como una montaña rusa, y esa manera de sentir tan extrema es dolorosa pero también feliz. Es, supongo, valiente. Y cito al padre de Syl en ese libro maravilloso que ella escribió: "Hay que tener huevos para sentir el dolor".
 
Sin embargo, la gente que realmente me quiere, me quiere tal y como soy, y no tengo miedo de perderles. Ya no.
Lo más importante en esta vida, decía el padre de Juno en esa película que tantísimo me gusta, es encontrar a una persona que te quiera exactamente tal y como eres. Yo todavía no he encontrado a esa persona, pero no tengo prisa. La prisa siempre es mala consejera.
 
Tengo millones de papeleos que hacer antes de mudarme a Barcelona. No sé ni siquiera dónde voy a vivir. Pero no tengo angustia ni preocupación. Todos aquellos sentimientos que me dominaron alguna vez han desaparecido como por encanto. Como dice Bunbury en una canción que me gusta mucho, "nada puede dañarme con mis amigos". Nada puede. Nadie puede. Ya no. Ya no.
Próxima estación....Barcelona-Sants!!! per això ja sap una miqueta de català, m´estic preparant aquest curs Sonrisa
 
Os dejo con pequeños apuntes, quizá algo desmemoriados, de algunas cosas agradables que recuerdo en estos seis años en la universidad. De lo que fui (o dejé de ser).
 
 
ACTO PRIMERO
 
-Estamos en el bar de Filosofía y Letras Silvia, Espe, Syl y yo. Syl está contando una historia fabulosa, de esas que siempre contaba sobre su vida. ¡Qué emocionante me parecía! La escuchaba atentamente. Recuerdo que bebíamos batido de chocolate y comíamos un montadito de anchoas. Fuera el otoño avanzaba a pasos de gigante.
 
-Tim Bozman habla lenta y pausadamente explicándonos las condicionales. De pronto su tono de voz cambia: está intentando hacer un chiste que inmediatamente anoto en la agenda. Aquel hombre era tierno, y un buen profesor.
 
-Yo, absorta en mis pensamientos, le estoy tocando la oreja a Laura en clase de Alfredo, alias Zanco Panco por sus divagaciones sobre Alicia a través del espejo. De pronto me pregunta que por qué estoy tocándole la oreja a mi compañera. No me había dado cuenta. Es la risión general. Fue mi primer sobresaliente.
 
-Es final de curso, salimos del examen de Lengua Española y es la primera vez que hablo con esa chica que se llama Leticia. "¿Por qué demonios nos metíamos con ella antes?" nunca me lo he explicado, porque desde ese momento se convirtió en una de mis mejores amigas. Un ser lleno de generosidad.
 
 
ACTO SEGUNDO
 
-Aprobé la lengua inglesa 2 de Isabel gracias a Napoleon y Snowball. O debería decir George Orwell?
 
-Descubrí una asignatura que me gustaba: fonética y fonología. Por supuesto, la profesora Silvia tenía mucho que ver en ello.
 
-Recuerdo volver de la facultad en las noches de invierno y hacer una parada en casa de Inma, que me esperaba con su albornoz rosa.
"¿Te imaginas cuando tengamos coche y vayamos todas por ahí? ¿Te imaginas cuando Pablo y tú por fin viváis por fin en la misma ciudad? ¿Te imaginas quién de nosotras se casará primero? ¿Te imaginas cuando lo pruebe con una mujer?"
Todas esas cosas han ocurrido ya. Con mayor o menor fortuna.
 
-El pizzero macizo que se echó Syl como ligue. ¡Qué tremendo! la vino a buscar un día a la salida de clase. Se llamaba Rubén. Leti, Laura y yo reíamos y cuchicheábamos mientras se alejaban de la mano por el pasillo. Después llegó uno que parecía medio indio, y otro y otro más. Y después su boda y esa absurda sensación de que todo iría bien.
 
 
ACTO TERCERO
 
-No podía esperar a que esa maldita clase de prácticas acabara. "¿Por qué coño no se callaba Fran de una vez?" No podía esperar porque aquella noche de principios de Marzo salía el tren. Puntual, a las 23: 35. Había sido con lo que había ganado de dar clases particulares. Me sentía orgullosa. Syl no paraba de hacerle la pelota a Fran y me estaba poniendo enferma. Leticia me firmó una foto de carnet. Nos sentábamos juntas en la última fila. Pero aquella clase nunca acababa, y yo no podía esperar.
 
-Adoré los desvaríos de Bardavío y sus mamuts congelados. Absolutamente histriónico y surrealista (tanto como el examen, Leti, ¿te acuerdas del sueño de Karrás?)
 
-Recuerdo una mañana fría y seca de Enero. Syl y yo vamos a hacer el examen de Diacronía, pero ella se va a los cinco minutos y yo me doy cuenta de que no he entendido nada. Fue la primera que tuve para Septiembre, y quizá el preludio de lo que vendría al final: mis grandes dificultades con Historia de la Lengua...
 
-Estoy en el pueblo. Me he enterado de que hay una posibilidad. Una pequeña posibilidad de que me concedan una beca y pueda ir a Madrid por fin con Pablo. Estoy contándoselo a Concheiro. Él contesta: "Si vosotros vais, yo voy." Fue el primero que lo consiguió.
Trabajé muy duro para conseguir esa beca, recuerdo los jueves con Alejandro y cómo me animaba. Pero no la obtuve en Junio, sino en Septiembre.
 
-Es casi verano. Los pájaros chillan enloquecidos. Examen de Literatura Norteamericana. Apenas he estudiado porque mis incursiones en el barrio de la Magdalena me dejan insomne. Emily Dickinson salva mi blanco culo de la quema. Me llaman en mitad del examen: Es Flaco. Me habían preguntado a Allan Poe, y yo no había sabido qué cojones responder.
 
 
ACTO CUARTO
 
 
-Es el dos de Octubre de dos mil seis. Tengo veinte años. Llego a Madrid por primera vez. Pasado Alcalá de Henares, empiezo a ver grandes pancartas que anuncian los programas de la tele: Buenafuente, Territorio Champions. La gran ciudad aparece ante mis ojos como un coloso de asfalto indominable. Llegamos a lo que será mi residencia. Es de un verde muy triste. Mi compañera no está, sólo su maleta llena de zapatos del número 41. Es muy guapa en las fotos. Me acuesto con mamá en el camastro verde triste y lloro en silencio. Ella no se da cuenta. Por la tarde, antes de irse, tomamos algo los tres en el Starbucks del paseo del Prado. Concheiro y yo nos quedamos solos y nos miramos con una tristeza infinita en la mirada. ¿No se supone que deberíamos estar contentos? ¿Por qué aquel día tuve esa sensación de que aquello no saldría bien? No lo sé,  pero nunca volvimos a ser los mismos.
 
-Hay gatos que pasean como Pedro por su casa en los pasillos de la facultad de Filosofía y Letras en la Autónoma de Madrid. Yo me divierto observándolos mientras tomo un croissant a la plancha y leo el periódico. Estoy sola. Dentro de poco tengo la clase más entretenida. Hoy, Pedro nos hablará de Mèlies y del Viaje a la luna. Ha traído a un actor canario que hace mimo para que nos haga una demostración.
 
-No quiero estar sola, pero él no lo entiende. Siempre tiene miles de cosas mejores que hacer que estar conmigo. Yo mientras paseo por la gran ciudad. El terrible presagio me sube como una naúsea por la boca del estómago. He fallado. Recorro la Gran Vía una y otra vez. Compro un vestido. Nunca me verá con él puesto. Mi cuerpo ya es de ceniza. Es invierno. Un invierno que no acaba nunca.
 
-He pasado la tarde trabajando en Alcobendas, y cuando llego a la residencia tengo una nota en la puerta. "Queremos hablar contigo". Son los chicos del piso de arriba. Guille, Juan, Jony y Santy. Subo a su habitación. Están sentados en círculo, esperándome. No volví a comer ni cenar sola. Es primavera.
 
-Es 24 de Junio de dos mil siete. Tengo veintiún años y el corazón totalmente destrozado. Abandono Madrid. Mi madre y yo hemos cogido todas las maletas y vamos como los gitanos a coger el AVE para volver a casa. Al pasar por Cibeles, caen dos lágrimas inesperadas. Una, por todo el dolor del mundo que es imposible plasmar aquí. La otra, por la felicidad de haber conseguido remontar el vuelo e incluso hacer amigos.
 
 
ACTO QUINTO
 
 
-Violeta, Lucía y yo llegamos a un lugar tan hermoso, que me cuesta describir. Brilla el sol, algo inusual para Inglaterra, corren las ardillas, y mi residencia es lo más bonito que os podáis imaginar. Está en medio de ese bosque inmenso que alberga la University of Nottingham.
Enseguida hacemos amigos: recuerdo con nitidez lo que sentí la primera vez que les vi a todos. Ellos serían mi familia hasta el final y aun ahora, siento que hay un vínculo entre todos nosotros que es imposible de romper.
 
-Paul es el profesor de cine. Es un tipo estupendo. Me encantan sus clases y pienso en cómo le gustarían también a Syl. Ojalá estuviera bien...Paul nos enseña a amar el cine desde el principio. Desde M el vampiro de Dusseldorf y King Kong, hasta mi preferida, el Gabinete del Doctor Caligari. Después viene Humphrey Bogart y Lauren Bacall, y me quedo anonadada contemplando su magia en la gran pantalla del aula de cine. Fuera llueve a cántaros, pero ¿qué importa? ¡¡esta noche hay una fiesta!!
 
-Es el cumpleaños de mi compañera Angie. Es el 28 de Enero de dos mil ocho. Salvatore y Marie acaban de llegar a nuestra residencia y en seguida nos hacemos amigos. Y esa noche aparece él: ese hombre pequeño y pelirrojo que se disculpa por no poder acudir con nosotros al cumpleaños. Acabo de encontrarme con un ser extraordinario.
 
-Estoy con Pablo Andrés en los Broadway. Compartimos una botella de vino y una ensalada griega. Me dice algo que no he olvidado: que el tiempo es lo más hermoso que podemos regalarle a alguien. Me siento absolutamente feliz. Y curiosamente hemos venido a ver Happy-go-lucky.
 
-Me han llamado para trabajar en la EXPO: debo acabar los exámenes e inmediatamente después coger un avión y volver a casa. Pero siento que no me he perdido nada: tengo todo lo mejor de cada uno. Estamos en el Tantra. Reímos, bailamos. Para siempre en mis retinas la imagen de esa prado de flores y árboles y ardillas y la paz en los ojos de Alberto mientras tomamos el té. Para siempre él. Para siempre los demás. Carmen, Alberto, Salvatore, Marie, César, Rubén, Pedro, Tabi, Violeta, Lucía, Pablo Andrés, Andrea, Fabio, Angie, Joserra, Daniel, Carlos, Silvia...
 
 
ACTO SEXTO
 
 
-Volver a vivir con mis padres. Volver a la rutina. A acostumbrarse a esta ciudad gusanera. Fue sin duda una ardua tarea.
 
-He acabado mi ensayo sobre María Lejárraga, y mi padre promete publicar mi artículo en la revista con la que colabora. Acabo de descubrir a una mujer fascinante y he ganado nuevos argumentos para enfrentarme a los ignorantes. Menos mal que tengo buen ojo escogiendo asignaturas de libre elección.
 
-Mitra y yo estamos en clase de catalán. Nuestra relación con la profesora es más bien mala, pero algo dentro de mí me dice que esa mujer no puede ser tan recta y tan rancia. No lo era: me dio unas cuantas buenas lecciones y un consejo que no desoí: es Junio de dos mil nueve y después del examen oral, me dice que me vaya a Barcelona e intente algo de traducción allí. Al llegar a casa tanteé las posibilidades y ante el percal que había aquí....el resto ya es historia. Me cogieron en Barcelona  y la primera en saberlo fue ella: esa mujer menuda y cascarrabias, pero quizá uno de los últimos buenos profesores de la universidad.
 
 
Me dejo muchísimas cosas, pero esto es lo que antes ha venido a mi mente. Algún día quizá me ponga a bucear más. O quizá directamente lo convierta en una novela.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
8月24日

primavera, verano, otoño, invierno y primavera

Por primera vez en mi vida soy consciente de que voy a envejecer.  Ya pasó ese tiempo en el que creíamos ser inmortales. Ya pasó ese tiempo en el que todo estaba por decidir.
Muy pronto cumpliré veinticuatro años, los mismos que tenía Syl el día que la conocí el primer día de clase en una facultad a la que ya no voy a volver. Recuerdo cómo iba vestida, cómo miraba a la gente. Era mucho más tímida de lo que pudiera parecer, me di cuenta entonces.
 
Yo entonces tenía diecisiete, y creía que cuando algo se deseaba con el corazón, era imposible que saliera mal.
Escribía cuadernos enteros, copiaba poemas. Mandaba largas cartas al final del mundo. Tantos sentimientos nuevos... era tan joven que nada me satisfacía...ni esos momentos que brillaban como monedas de oro y que atesoraba en un baúl que naufragó conmigo en aquella isla de asfalto. Ciudades que fueron el desagüe por donde los sueños rotos se mezclaban con el agua sucia.
 
El amor y sus promesas ardieron en una pira funeraria, cruzaron la laguna Estigia y no volvieron más...¿o era el estanque del Retiro?
He pasado días intentando olvidar que ahora hay otra que coge la línea roja...que suspira al salir por Ventas o Manuel Becerra. Pero esa ya no soy yo, sino un sucedáneo de lo que fuera que fuese el amor, que no es más que una mentira, una gran mentira que ya para mí arde para siempre en el Retiro, o en el Castro, o quizá en el Monte do Gozo, con barro en los zapatos, escuchando a The Coors...han pasado tantos años y tanta amargura desde aquel verano...
 
Atrás quedaron las mañanas de invierno en Vigo, cuando el reloj se paraba y no era consciente del tiempo, hundida en sus cabellos. El tesoro de la inocencia. La maldición del fracaso aún no se cernía sobre nosotros. Diecinueve, y tocaban sus dedos en mi cuerpo, dedos como teclas de celesta.
Atrás quedó la libertad, que no era un vestido blanco en el acantilado de Estaca de Bares, ni la navaja de nácar del abuelo inglés, ni ese anillo que casi se pierde cuando ya todo estaba perdido. No. La libertad era en realidad una prisión donde me consumía entre gramos de locura y alcohol, soñando con volver a casa para seguir borracha, y un vis á vis con el señor de los portales, ése que me empotraba frente al ascensor y yo sólo oía los espasmos del reloj que ya nunca jamás fueron latidos.
 
Atrás quedó Flaco, con su sombrero de copa, su tic en el ojo derecho y un cuervo negro en el hombro que repetía sin cesar "Nevermore" como en el cuento de Allan Poe que dimos en tercero. Atrás quedaron sus besos tan sólo rozándome los labios para devorarme el alma después. Y las tardes en casa de Inma, que con sus albornoces de colores siempre me contaba una historia extraordinaria que nunca llegó a hacerse realidad. Concheiro y sus poemas de Salinas, de Claudio Rodríguez, de Altolaguirre, sus hermosas cartas de amor que comprendí cuando ya era muy tarde. Todos los que le siguieron a él. Ese libro de Machado. Ese otro inventado. Ese final tan triste. Esa tarde en Samil cuando el príncipe de los gitanos me vino a buscar en un coche de segunda mano. Sólo recuerdo que dejé de llorar.
 
Atrás quedó también la primavera de mi vida, mi primer día en Nottingham con Violeta y Lucía, nunca olvidaré su sonrisa...las ardillas y la hora del té, la sensación de volver a respirar, la paz en los ojos de Alberto, el cine Broadway con Pablo Andrés, los besos de César, el Eleven y Josh cantando "Save tonight" sólo para mí, la buhardilla de Carmen y sus ositos de goma, cómo me dejaba estrujar y besar por ella, y cómo pasaba cada noche por delante de nosotras el mejor año de nuestras vidas... 
 
Los errores, El ruido, la furia. Descubrir un disco que iba a cambiar mi vida. Amar por primera vez. Mentir por primera vez. Escaparse. Inventarse una isla. Un refugio. Esperar un tren. Creer en las personas. Dejar de creer. Perderlo todo. Recuperar una parte. Empezar a escribir un blog. Querer acabar un blog y no poder.
 
Hoy sé que en mi vida ya ha comenzado el verano. Hace un calor tan sofocante que ni siquiera me deja pensar con claridad. Todo es incertidumbre. Me veo de pronto en una cena de parejas que hablan de trabajo, dinero e hipotecas. Me pregunto qué demonios hago yo allí. Acabo de encapricharme de pequeño rock and roll. Sé que también me fallará. Así es. Me río...¿qué coño esperaba?
A mi amigo del alma Charlie empieza a escasearle el pelo. A Viri le ha dado tiempo de enamorarse y desenamorarse, y absorta en su conversación he perdido un paraguas. Todavía encuentro gente fascinante. Espero mail de Alberto, lo espero con ansias cada día. Vane y Momi hablan de embarazarse en un futuro próximo. Al se dedica a desperdiciar su talento y aún no tiene 26. Elisa alias baby sis no puede creer que siga siendo tan negativa. Menos mal que Syl ha vuelto a escribir.
 
Mi hermano va a cumplir diecisiete. Definitivamente, atrás quedó la primavera.
 
"Stringimi madre ho molto peccato
ma la vita è un suicidio l'amore è un rogo
e voglio un pensiero superficiale che renda la pelle splendida
Senza un finale che faccia male
con cuori sporchi e le mani lavate
A salvarmi, vieni a salvarmi, salvami, bacia il colpevole
se dice la verità
Ma sì..."
(Afterhours, voglio una pelle splendida)
8月9日

Everybody´s gotta learn sometime

A la hora en la que todos duermen, mis ojos se abren de par en par, a la vez que comienza la algarabía de golondrinas que cualquiera que no viviese en este pedazo de tierra quizá no soportaría.

Estaba pensando en lo último que les dije a los niños anoche: que lo más importante que tenemos, es la memoria, porque con ella hemos ido construyendo lo que somos. Y los niños ya no son niños, y temo que un ordenador o una videoconsola les absorba el tiempo necesario para soñar que sacan los objetos de una casa vieja- casa que ya sólo existe en su memoria- uno a uno de unos nichos en medio del campo.

 

El más pequeño ya es un hombrecito: suficientemente mayor como para reconocer que su padre arruinó su familia, le despojó de la casa donde vivían, y le lanzó en los brazos de otra familia que en el fondo no le toca nada. Sólo tiene doce años pero una fortaleza que a veces pienso que sólo los niños pueden tener. “Ven aquí, muñeco”- y se deja querer y abrazar y besar como si en efecto, no tuviera vida- ¡ojalá conserve su memoria intacta y toda su vida tenga muy claro quién le quiso de verdad!

 

Los niños ya no son niños, pero hoy en día permanecen bajo la indulgencia de la sobreprotección durante muchos más años. Yo, en cambio, por primera vez tengo conciencia de que voy a envejecer irremediablemente, y me hallo de pronto inmersa en la parafernalia de la muerte, en los pésames y los velatorios, en este pequeño cementerio lleno ya de gente y que mi abuela, de joven, conoció totalmente vacío.

 

Pero debo sobreponerme a este verano tedioso, porque me espera una nueva aventura. Sólo tengo que salvar un último obstáculo y el futuro será mío. Es lo que siempre he querido, ¿no? Hacer y deshacer maletas. Ya no podría vivir de otra manera. Quedarme donde estoy ya no tendría sentido.

Además, lo he conseguido por mí misma, por mi esfuerzo...una vez más, nadie me ha regalado nada. Debería sentirme orgullosa. Un último obstáculo, y , si todo sale bien, pondré rumbo hacia el mar.

 

A veces pienso que la memoria me traiciona. A menudo me empeño en que ciertas cosas, sería mejor no recordarlas. Pero, ¿qué digo? Si algo he aprendido es que la vida hay que asumirla entera con sus momentos buenos y sus momentos terribles. También me encuentro a mí misma muchas veces pensando que ojalá no hubiera conocido nunca a esa persona con la que, a pesar de haberla querido más que a mi propia vida, ni siquiera tuvimos un digno final. Pero, ¿es acaso mi culpa? Rotundamente no. Hice todo lo posible por acabar bien y sólo conseguí desprecio e indiferencia por su parte. Lo que siempre había tenido, vamos. Nada nuevo. Así que como todo el mundo tiene que aprender alguna vez, yo me di cuenta de que no había nada que hacer, de que todo había sido en vano. Y pasé página.

 

Ahora miro a mi alrededor y por primera vez en mucho tiempo me gusta lo que hay en mi vida. Y no puedo negar que los malos momentos me han hecho madurar: si mañana me pasara algo moriría sabiendo lo que es el amor y lo que es el dolor. Lo que es la amistad y lo que es el desengaño. Y hay gente que muere sin saberlo. O que lo busca toda su vida sin encontrarlo y siempre está vacía.

 

El amor no le ocurre a todo el mundo: ni siquiera sé si yo volveré a sentirlo alguna vez. Pero ahora ya no es mi prioridad mientras no consiga estar bien conmigo misma. Y creo que poco a poco lo voy consiguiendo.

Fracasé en una relación que hasta el momento ha sido la más importante de mi vida, pero gané con ello a una serie de personas que no cambiaría por nada, y que ellas por sí mismas valen más que todo el dolor, la pena y la rabia del amor perdido.

 

Cuando leo los correos de Viri y noto su cariño, su apoyo, su ánimo, cuánto confía en mí para que logre mis sueños...cuando veo su sonrisa...cuando escucho la voz de Charlie, siempre al otro lado...el amor incondicional de Saray...las risas con Violeta y Luchy, con Carmen...y aunque sólo fuera por los momentos que he pasado con Salvatore y Alberto, ese ser extraordinario que llenó mi vida de alegría y me hizo recuperar la fe en mí misma y en los demás, por el que he sentido algo que si no es amor, es algo que se le parece mucho...

 

Todo, todo ha valido la pena. Porque todo el mundo tiene que aprender alguna vez. Y sin duda, éste era mi momento.

 

Porque hoy es el primer día del resto de mi vida. Porque somos el tiempo que nos queda. Sola, con la memoria, seguiré caminando, y trataré de vivir como hasta ahora, comiéndome la vida a bocados.

 

“Me fui a los bosques

porque quería vivir deliberadamente”

(El club de los poetas muertos)

7月14日

Wish you were here

Remember the first time we met? I looked at you in surprise because you wore that black formal suit with red converse sneakers...nowadays, guys who pretend to be cool use to wear that combination, but you wore it like that because it´s just the way you are.
 
You never pretended to be anybody but yourself:  the little red-haired man, the scientist, the musician, the misanthropist, the excentric, the anticlerical, all that things I absolutely adore. You won my contest of saddest songs that stormy night in my room because you revealed Radiohead´s music for me. And you still remember the title of my song-con la frente marchita!! that´s so nice, because you´re a fucking absent-minded...
 
I´m not able to choose a single moment with you. That´s pretty hard. My heart was smiling every time you were close. Tea time, parties, frozen mornings going up the slope, chasing squirrels, nights at Tantra or having some japanese stuff at yosushi-I never got you to like it, anyway- The greatest gift was that feeling of happiness after being burnt in hell. The greatest gift is all that memories. I don´t regret anything of my past, otherwise I would have never met you.  Things could have been different, but they went just like that, and I´m happy for it after all.
 
Now I´m back from your island and I didn´t expect such a wonderful days. I was somewhat skeptical about the trip: more than a year since I last saw you, quite a few mails...but when we met in the airport and I got in your cinquecento everything turned to be like the old times between us. I´m happy again. I´m so happy and full of strength that I feel invincible now. You showed me just how to worry about nothing but myself, you helped me to release my stress and my anxiety. And I´ve finally realized that it´s not worth to worry about people who´s not willing to spend their time with you.
 
I´m still swimming with you inside the sea at La Pelosa. I hear you singing Nessun Dorma, I guess you´re as happy as I am. Tonight we´ll have a walk through the old Alghero: you wanted Salvatore and me to try the famous mojitos near the sea. I don´t want that plane to take off. I´ll stay forever with you in this island in the sun.
 
It´s difficult to explain what you mean to me...I´ve just tried.
I love you so much Pecas...
I´ll be back
 
PS may my next tattoo be something like I wish you were here? Guiño
 
 
 
 
 
6月4日

Un día normal

 

Si pudiera hablar contigo y desearte cumpleaños feliz, tú te encogerías de hombros y contestarías: “ya sabes, sólo es un día normal”.

Tu sencillez me cautivó siempre. Te hacían feliz las pequeñas cosas. Supongo que seguirá siendo así, por eso voy a regalarte un poema de Rafael Alberti, uno de mis preferidos. Apuesto a que nadie va a regalarte hoy un poema. Eso son cosicas mías, ya lo sabes.                            

 Hace poco viajé al Puerto de Santa María y me apasionó la visita a la fundación Rafael Alberti. Su vida, sus poemas, son un auténtico canto al amor y a la libertad. He elegido éste porque creo que es precioso y es el que Alberti hizo grabar como epitafio en la tumba de su esposa María Teresa León, una de esas mujeres -gatas valientes de piel de tigre como de rayo de luna llena, cuyo libro de memorias constará entre mis favoritos para el resto de mi vida.

Si pudiera hablar contigo te diría lo mucho que te he echado de menos. Te contaría muchísimas cosas que me han ido ocurriendo...he viajado mucho, he conocido a mucha gente...te he echado de menos en los aviones, en los trenes, en el teatro, en la ópera, en la soledad de las montañas aragonesas y en la calidez del mar Mediterráneo. Te he echado de menos todos y cada uno de los días que van pasando sin que sepa muy bien qué camino tomar, aunque ideas no me faltan.

Te escribo esto porque no puedo soportar seguir caminando por la senda del odio y el rencor. No es la primera vez que intento desandar ese camino, lo sé, pero me gustaría que ésta fuera la definitiva. Y sin embargo hay cosas que no me siento capaz de perdonar y tienes que ayudarme. Y no entiendo porqué, habiendo tenido la oportunidad de hablarlo todo, preferiste que te siguiera odiando. Odiar es horrible e impropio de mí. Quisiera al menos que fuéramos capaces de perdonarnos de verdad, aunque pienso y temo, como dice Sabina, que ¿para qué pedir perdón si me vas a perdonar porque ya no te importa?

Las últimas palabras que recibiste de mí fueron lo más duro que he tenido que escribir en mi vida. Lo siento mucho. Pero no podía hacer otra cosa. Había sido destruida.

Te conozco muy bien, y sé que no eres malo. No sé porqué lo hiciste, pero quizá no supiste hacerlo mejor. Quizá yo tampoco. Yo tampoco he hecho las cosas bien. Me arriesgo con esto a que te rías de mí, a que ignores completamente mis palabras porque no hay nada en este mundo que te importe menos. Pero tengo la esperanza de que por fin me entiendas. El Pablo que yo conocí se hubiera esforzado en ello. No puede ser que hayas cambiado tanto...

Sé que si nos hubiéramos conocido ahora y no con 18 años, hubiéramos escrito una historia bien diferente. No sé si hubiera acabado bien o mal, pero hubiera sido muy diferente. Lo más cómodo es pensar que ni yo era para ti ni tú eras para mí, pero sinceramente lo dudo. Dudo que podamos encontrar a alguien que signifique tanto. Si pudiera hablar contigo te diría todo esto y mucho más, pero no me diste la oportunidad. Estoy haciendo de tripas corazón intentando que entiendas que necesito esa oportunidad.

Hace un par de años me dijiste que algún día nos reiríamos y lloraríamos juntos. No estaba preparada para eso entonces. Era imposible canalizar tanto dolor. Y ahora sé que es la única manera, que si no llega ese momento no podré seguir viviendo.

Dejo este último mensaje en una botella para ti, sombra oscura que sé que has ido leyendo lo que escribo como lo hacías cuando tenías cuerpo y boca y ojos con los que mirar.

Siempre tuya

I

 

Retornos del amor en las arenas (Rafael Alberti)

Esta mañana, amor, tenemos veinte años.
Van voluntariamente lentas, entrelazándose
nuestras sombras descalzas camino de los huertos
que enfrentan los azules de mar con sus verdores.
Tú todavía eres casi la aparecida,
la llegada una tarde sin luz entre dos luces,
cuando el joven sin rumbo de la ciudad prolonga,
pensativo, a sabiendas el regreso a su casa.
Tú todavía eres aquella que a mi lado
vas buscando el declive secreto de las dunas,
la ladera recóndita de la arena, el oculto
cañaveral que pone
cortinas a los ojos marineros del viento.
Allí estás, allí estoy contra ti, comprobando
la alta temperatura de las odas felices,
el corazón del mar ciegamente ascendido,
muriéndose en pedazos de dulce sal y espumas.
Todo nos mira alegre, después , por las orillas.
Los castillos caídos sus almenas levantan,
las algas nos ofrecen coronas y las velas,
tendido el vuelo, quieren cantar sobre las torres.

Esta mañana, amor, tenemos veinte años.

 

5月11日

Merry-go-round

2 años, 1 mes y veintitantos días después de conocer a Golfo, cometía mi suicidio públicamente en una red social de Internet. Estaba harta de sus promesas. Estaba harta de sus palabras que en el fondo, no decían nada. El paso del tiempo y el tedio de la rutina me habían mantenido pendiente de él, porque no había llegado a encontrar nada mejor, y porque no hay nada como el encanto de la distancia. Entre Golfo y yo no había más que bares oscuros, filas de rayas de coca, portales sucios al abrigo de la luna. Mi corazón para él no era más que una lata de cerveza a la que patear cuando la acabas. ¿Y su corazón? tampoco, hasta ahora, me había interesado saber de qué material estaba hecho.
Y me daba la impresión que estaba recubierto de esa basura tirada por las calles más desquiciadas de la ciudad prohibida.
 
"¿Y qué le has dicho?" Sadie me miraba con los ojos muy abiertos. Había decidido contárselo porque Sadie siempre saca el lado bueno de todo. Es decir, es una persona altamente beneficiosa para mi perversidad autodestructiva.
"Básicamente, le he dicho que era una pena que al final sus promesas de venir se quedaran en nada, porque hay otros en la lista de espera para hacerme guarradas..."- Sadie me miró horrorizada. "¿Le has soltado eso? ¡es horrible!"
-"Lo sé, pero no acaba ahí. La guinda es que le he dicho que todas esas guarradas las prefería con él."
-"Bueno, ahí lo has apañado como has podido"
-"En realidad no era ésa mi intención. Una vez enviado ese mensaje quería releerlo y convencerme de lo patético que resultaba. Así esperaba olvidarme antes de Golfo. Adiós a la dama y el vagabundo, sexy Sadie." -Sonrió.
 
Después, mientras enfilábamos las calles de las Delicias, hablamos de lo de siempre. La repugnancia que nos producía el sexo masculino en general y nuestros ligues en particular "Jo tía, es que es una putada engancharse siempre de los inaccesibles"- "Cabrones"-añadía yo.  Y así como todos los días. Era una constante sensación de déjà vu.  Cuando llegamos al cruce que separa dos barrios, le dije a Sadie "¿Crees que he hecho una tontería dejando mis debilidades al descubierto con alguien con quien no tengo absolutamente nada en común y absolutamente ningún futuro?" Ella lo pensó un momento. Era sin duda, difícil de responderme al menos sin herir mi sensibilidad. Pero Sadie siempre veía el lado bueno de todo, así que riendo me contestó: "Tía, has hecho lo que tenías que hacer. Estabas hasta el coño de promesas y le has venido a decir que mueva el culo si quiere algo de verdad. Ya verás como algo te contestará".
-"Y volveréis a lo de siempre...." me dije mientras recapitulaba. "¡Horror!"
 
-"¿Sabes qué?" Sadie se volvió antes de desaparecer por su calle. " Voy a pasar del poli ese que no para de llamarme. Está muy bueno, pero creo que tiene oscuras intenciones. Sino, ¿para qué habría de llamarme tanto? no hay conexión mental, tía, que tienes razón, que es lo principal...además, me ves tu a mí con un poli?"
Y sabía lo que pasaría después: llegando a mi casa, llamaría a Kayla, le diría que había encontrado por fin ese restaurante japonés que tanto nos gustaba, que la próxima comida de chicas con ella y Susie sería allí, que me pusiera al día de su no-relación barra rollito de primavera con ese chico que se parecía tanto al Morgan de Mentes Criminales. Estaba loca por él, tal vez fuera cierto, pero compartía conmigo el no tener otra cosa mejor y un aburrimiento soberano- bendito Erasmus que nos liberó por unos meses de todo esto- y sabía que en la semana llamaría Paige y me contaría la misma historia de todas las semanas, y el viernes llamaría Rachel para cotillear sobre el vestido de la boda de Joan y Heather para rescatarme por unas horas frente a unos litros de calimocho con mora en algún antro al que alguna vez pertenecimos y que ya tenía completamente olvidado.
 
Y quizá Golfo reaparezca algún día, y me diga que si alguien tiene que hacerme guarradas ése será él, que para eso fue él quien me enseñó a ser la Magdalena del distrito de la línea uno. O tal vez nunca jamás vuelva a saber de él, con el rabo entre las piernas desde que leyó ese simulacro de contrato temporal de exclusividad por parte de una rubia que creyó tonta. 
Pero seguro que pase lo que pase, todo seguirá dando vueltas en un tiovivo que dejándome mareada, no me permitirá apreciar bien la realidad en esta ciudad gusanera en la que nunca, nunca pasa nada.
 
 
4月12日

La isla

Este verano volaré hasta tu isla. Y en un acantilado con vistas al Mediterráneo, apoyaré la cabeza en tu hombro mientras todo el dolor del mundo va cayendo, estallando como una bomba atómica en mares lejanos, en tierra firme. Quizá en un lugar muy lejos del sol.
 
Recorreré la isla con los ojos ciegos de luz. Hablaremos nuestro idioma de nuevo. El único que me ha protegido hasta ahora de sustantivos terribles, de verbos infames en mi lengua dura como las rocas. No te contaré nada. ¿Para qué? Tus ojos verdes lo entenderán todo. Siempre lo han hecho. Te mesarás la barba sonriendo mientras me cuentas algo extraordinario, algo que me hará reír. Porque sólo tú me hiciste feliz sin querer, sin darte cuenta. Hiciste que encontrara mi sitio en aquel país del agua cuyo idioma tú y yo compartimos, como un secreto que alivia el corazón.
 
Me voy contigo. Ya no sé qué es real y qué es tan solo un espejismo, pero necesito verte. Tú y yo siempre coincidimos en dejar atrás lo que nos hacía felices. No volvimos a nuestro país de ardillas. Me prometiste que volveríamos a vernos en tu isla. Por eso me voy, porque ya nada me ata a ningún sitio. Nunca he sido tan libre. Nunca me he sentido tan feliz. Quizá porque hace muchos años que no lo soy. Pero ahora me voy contigo y mi corazón sonríe cuando piensa en ti.
Allí, mientras el mar nos envuelva como a dos naúfragos, te abrazaré y lloraré por dentro. No volveremos a nuestro país compartido, quizá nunca más volvamos a vernos, pero estaré contigo en ese momento en que el mundo explotará en mil pedazos.
 
 
 
 
11月13日

Fragmentos de una vida

Fragmento 1:  Recordando a Richard Carreau
 
Lo que guardaban esos sobres amontonados en el ultimo cajón de su escritorio eran las cartas que Richard le había ido enviando a lo largo de esos años.
Las había vuelto a leer con el corazón encogido, barriendo con la mano los restos de ceniza de tabaco negro, con el temor fatal de saber que podría haber evitado la catástrofe que sacudió su vida como un terremoto.
Arrugados, con esa letra pulcra y pomposa, iban saliendo los poemas de Cernuda, de Salinas, cartas de amor que ella no supo en su momento descifrar.
Richard había elegido desaparecer y ella no podía irrumpir en su vida de nuevo, porque entonces estaría siendo tan cruel como lo fue el Asesino cuando volvió a la ciudad.
Recordó aquel café al lado del puerto y esa última súplica. "Yo en realidad lo que quiero es casarme contigo..."
Se hizo el silencio y ella le miró. "Sabes que sólo amo a una persona. Ojalá no fuera así pero..."
Richard la miró fijamente y dijo solemnemente:  "Es un idiota. Su vida estaba construida sobre puentes que ha ido volando uno a uno. El último eras tú. Y te ha dejado reventarte en mil pedazos sin hacer nada para remediarlo. Con él, sólo has hecho oposiciones para ser desgraciada. Te lo avisé."
"Richard..."
"Non se poden dar margaritas ós porcos..."
Muy serios, se despidieron en la estación y ella nunca volvió a verle. Al cabo de unos días recibió una nota en la que "el señor Richard Carreau" le pedía que no se pusiera en contacto con él nunca más.
Lo peor es que ella lo entendió.
Cuando le echa de menos, le imagina paseando por el muelle con su Gitanes en la boca. Aunque no sonríe, sabe que está bien, que llegará lejos. Su juez y parte también encontrará su lugar en el mundo.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
10月14日

EL HOMBRE IMPASIBLE

 

 

Nada más verle supe que ésa iba a ser la última vez. No sólo porque sintiera que la tierra se abría bajo mis pies, sino porque antes de que ninguno de los dos abriéramos la boca ya sabía que mis esperanzas de provocarle algún sentimiento, fuera perdón, arrepentimiento, amor u odio, eran vanas, vacías como sus ojos que ya no transmitían nada.

La cita hubiera tenido sentido si él me hubiera cogido las manos y mirándome a los ojos hubiera ido lamiendo heridas del pasado que, aunque invisibles, todavía supuraban infectadas bajo mi piel.

Había hecho acopio a lo largo de los años de la dignidad y la fortaleza necesarias para tenerle delante. Estaba preparada para escucharle. Y, mientras asistía al relato de una vida aburrida en Madrid, me repetía a mí misma que ya sabía que eso podía ocurrir. Que él sólo quisiera dejar su conciencia tranquila y saciar su curiosidad. Quizá comprobar si seguía viva. Sus gestos mecánicos, sus anécdotas estudiadas, le hacían parecer un muñeco sin vida a la vez que me sentía amordazada, como si él me estuviera advirtiendo en otro lenguaje que no se me ocurriera decir nada inconveniente.

Efectivamente no dije nada pero porque una parte de mí no podía creer que no fuera él quien sacara el tema. Se comportaba como si él y yo nunca hubiéramos sido nada más que amigos, si con suerte llegaba a eso. Cada vez me sentía más pequeña y mi cuerpo más yermo, más inútil. De pronto ya no tenía rostro, ni piernas ni pechos ni pies. Sólo era un amasijo de cenizas, ceniza sucia y gris que nadie miraría sino acaso para pisarla. Y no podía volver a verle, porque la distancia de un roce de mis dedos a la que estaba su pelo ensortijado sería para siempre un abismo inmenso.

Su dulce voz era un canto de sirena, una melodía fascinante que me dejaba ciega para no ver que no había nada detrás, que nunca lo había habido, que nada en este mundo lograría conmoverle pero ya era tarde cuando me daba cuenta. Ya era tarde porque me hallaba amarrada a una roca, sola y desnuda a la intemperie del universo girando sin mí.

Él tenía que saber que yo estaba muriéndome por una palabra suya. Una sola palabra que fuera capaz de desvelar y expresar algún secreto de entre todos los que encerraba en ese corazón de piedra.

Cualquier confesión me hubiera servido para al menos, sonreír por dentro aliviada ya de saber que él había madurado, como una fruta al sol que ahora viniese a mi boca a endulzar la amargura de tanto tiempo de tristeza y derrota.Pero se esfumó la oportunidad para siempre cuando él miró el reloj y dijo que debía marcharse. Se levantó y musitó “cuídate” con una escueta sonrisa. Finalmente comprendí que nada había cambiado, y que nada podía esperar jamás del hombre impasible. Ni siquiera sus pupilas registraron una última mirada antes de encaminarme hacia la parada del autobús.

9月9日

ADIÓS A LAS ARMAS

 

 

"¡Hola! ¿cómo es que llamas a estas horas?"

Paige sonaba muy rara al otro lado del teléfono. Sin duda había ocurrido algo digno de alterar la rutina semanal de sus llamadas.

Sabía que El Asesino iba a reaparecer, pero ignoraba cómo ni cúando. No estaba preparada para que fuera justo en ese momento. La noche cayó sobre ella y la aplastó contra el asfalto.

Al principio se asustó. Desesperó. Le gritó a Paige. Después se sentó en un rincón de la escalera y lloró. ¿Cómo podía hacer esto? ¿Porqué? Paige quería verle. Ella no lo entendió. “A lo mejor, si le vieras”…Ella se enfureció. “Paige, sólo quiero una vida normal. Si le viera…sería volver a lo mismo. No puedo permitírmelo”. Colgó el teléfono. Cuando recuperó el aliento comprobó que nada había cambiado: acababa de estar con Carl tomando algo en su casa, las calles seguían igual, sus vecinos salían a tirar la basura, los gatos callejeros se ocultaban bajo los coches. Nada, salvo su acelerado pulso, hacía indicar ningún cambio. El mundo proseguía sin pausa su frenético destino.

Ella era una superviviente. No podía ser que todo se desmoronara de nuevo en un momento. No podía volver atrás pero tampoco mostrarse indiferente. La indiferencia era algo a lo que sospechaba le costaría mucho llegar.

Pero su amigo Dashiell le dijo algo días después que le hizo pensar. “Tal vez estás tan ofuscada en la idea de que no podrías soportar volver a verle que no te has parado a pensar si en lo más profundo de tu corazón de verdad estás preparada. Piénsalo.”

 

Aquella noche, ella corrió a buscarle en sueños junto al río. Tenía el presentimiento de que esta vez, las balas no le alcanzarían.

 “Sabía que te encontraría aquí”.

Él miraba fijamente la corriente de agua. Llevaba un pequeño revólver, con el que jugaba pasándoselo de una mano a otra.

Ella se sentó a su lado.

“Porqué has venido…”- Suspiró. “Porqué me has hecho venir a buscarte. Qué es lo que buscas aquí…”

“Esto…- él señaló el río, los puentes que lo cruzaban, el cielo negro y la ciudad iluminada- también me pertenece de alguna manera. Sabes lo mucho que me gusta. Hubiera querido verte y preguntarte cómo estás, pero pensé que ya no tenía mucho sentido, que quizás tú…Bueno, y que cualquiera debería temer tu furia paranoica…” Hizo una mueca que parecía querer ser una sonrisa.

Ella le miró despacio. Sin duda le estaba costando mucho articular cada palabra, señal de que el corazón le oprimía en el pecho. “Eso ya lo sabes, Hayden. Ya sabes cómo estoy. Además, si querías verme, no tenías más que decírmelo. No sé porqué has metido a Paige en esto. Ella ya no tiene nada que ver.”

“Porque también quería verla  He pensado en ella muchas veces.-su mirada estaba perdida en algún sitio del que ella sentía que ya no podía traerle de vuelta. Se arrimó a su hombro y apoyó la cabeza. No sabía qué decirle para provocar en él un mínimo atisbo de ternura, ya que no podía hacer nada ya para provocarle un sentimiento mayor.

 “Te quiero mucho Hayhay”- Susurró. “Eso nunca va a cambiar”.

Hubiera querido decirle mucho más, decirle que nadie le conocía como ella, que sabía que nunca le diría lo que pasaba por su cabeza, pero que aun así ya lo sabía, sabía que seguía siendo un niño grande, un desordenado, un tanto cobarde, alguien que creía haber encontrado la felicidad viviendo a su aire pero que en el fondo seguía siendo HayHay…tantas cosas sólo resumidas en una sola: “Te quiero mucho, HayHay”. Era cierto. Era todo lo que podía decir, porque ya no quería pelear más, ni su corazón era capaz de latir una sola vez más cargado de rencor y dolor....

 

“Eso nunca va a cambiar”. El revólver brillaba en la noche. Él lo había dejado a un lado y ahora la miraba como si la descubriera por primera vez. Repasaba las lecciones que aprendió años atrás, moviendo los labios como un ventrílocuo cansado.

“Sigues siendo tan pequeña y blanca como una estrella fugaz”.

Estuvieron un rato así, mirando el río. No había palabras para describir lo que había dentro de ellos, ni ruta para trazar un mapa que les llevara a algún lugar común. Si se hubiera podido ver a través de esas dos siluetas en la noche, no se habría visto nada más que arena, o agua, o aire. No había órganos ni sangre. Eran, de pronto, etéreos, invisibles para el resto del mundo, para la ciudad entera. Sólo estaban ellos dos.

“No pretendía molestarte”-dijo él al fin. Ella le miró con calma y no creyó lo que salió de lo más profundo de sí misma.

“Ya no te odio. Ni siquiera me asusta que hayas traído la pistola contigo. Esta vez no vas a poder matarme. Quiero decir, que no voy a morir Hayhay. Pero algunas cosas, es mejor dejarlas como están.

Y sí, ahora sé que puedo mirarte, y que puedo comprender mi vida y el universo entero mirándote a los ojos. Pero precisamente por eso…nunca habrá nadie tan importante como tú.”

Él no dijo nada. Sólo le acarició la mejilla y se puso de pie. Debía marcharse antes de que amaneciera. Ella le vio alejarse por la vereda del río caminando todo lo deprisa que sus piernas, ligeramente arqueadas, le permitían. Antes de que desapareciera, ella le gritó: “¡Hayhay! Me estoy haciendo mayor…”

Hayden se volvió una vez y le sonrió. Ella le vio tirar el revólver al río, y la corriente lo arrastró hasta que se perdió de vista.

 “Tal vez es eso…-pensó ella. Tal vez es que me estoy haciendo mayor sin darme cuenta y ya no puedo hacer nada para detenerle o para detenerme yo misma. El mundo no va a pararse más como lo hacía cuando éramos jóvenes, cuando no existía el tiempo ni el espacio y los días eran tachones rojos en un calendario eterno donde siempre que él me amara sería primavera. Ya se notan los primeros signos del otoño que vendrá, de las velas que soplaré, sin duda me he hecho mayor…”

 

Él se despertó a media mañana con una sensación extraña . Como si hubiera estado apretando un gatillo que no llegó a disparar. Cuando se dio cuenta de la hora que era,  sintió alivio. Cogió el móvil e hizo una llamada.

“Lo siento. Me he quedado dormido…”En la ciudad hacía un día precioso. Ella ya no tenía miedo.

 

 

EPÍLOGO

 

Elisa le dijo aquella noche, en la barra del Olmo, que ella tenía suerte: era una superviviente porque transformaba sus experiencias en historias. Escribir era su asidero más firme. "Ni alcohol, ni leches. Déjate de tonterías. Y no cambies."

Ella apuró el Martini y se rió. Inma y su barbilla de princesa miraban fijamente hacia la puerta. "Joder, no paran de venir críos".

"Somos viejas tía..." -"¡Qué cojones! Interrumpió Pedro. Lo que les han cerrao el Rollo y los chavalicos no saben a dónde ir".

Al día siguiente fueron al Plata. Inma estaba entusiasmada de que un local así estuviera en Zaragoza. Ella pensó que sin duda era la primera vez que la había visto orgullosa de su "ciudad gusanera". Y pensó, también, mientras se apoyaba en su hombro que siempre olía a Nivea, ese olor tan suyo y tan reconocible y tan cercano, que Inma siempre había pretendido ayudarla, a su manera, pero sólo ayudarla. Y les dijo: "No os preocupéis, que mañana ya tendré escrita otra historia."

 

8月26日

I don´t know what anyone can see in anyone else

Todo el mundo en el trabajo había visto triste últimamente a la señorita Meshell: Mason Parsley canturreaba “la princesa está triste...¿qué tendrá la princesa?” cuando pasaba a su lado. Por no hablar de Carl, que cada vez que iba a visitarle a la oficina exclamaba “¡hoy no eres la de siempre!” a la vez que suspiraba: “ya no puedo vivir en esta ciudad. Ya no puedo vivir en ningún sitio que no sea Berlín”. JC y Lila andaban por ahí haciendo fotocopias, incrédulos,  pues adoraban ese pedazo de tierra polvorienta al Este de California. Carl se quejaba de los lugareños, él siempre sería demasiado esnob.

 

La culpa de que Ms Meshell anduviera de nuevo con la frente marchita la tenía un treintañero que había creído ver en la pasión de ella un afán de compromiso que pese a su edad no parecía dispuesto a asumir.

Huyó como el que compra tabaco y nunca vuelve, más probablemente una bolsa entera de hierba con la que pedaleó hasta un monte perdido y jamás regresó. A Meshell le disgustaba profundamente la cobardía de los hombres, y no entendía cómo ése, el de los ojos grandes y redondos, el que le gustaba porque sabía exactamente cómo y dónde tocar, no había visto brillar débilmente su corazoncito aquella noche después de años sumido en un castigo de oscuridad.

 

Ella pensaba que él no la consideraba suficientemente vulgar como para ser una mujer digna, para ir juntitos de la mano, que le tendría miedo, porque Meshell se apostaba, después de tomar frente a frente una cerveza con él tres noches atrás en el McCartney, que Nick era menos inteligente que ella.

Por mucho que fuera un directivo de esa empresa, por mucho que tuviera doce años más, Meshell le miró entre incrédula y divertida cuando él, mirándola con sus ojos redondos, le dijo: “Verás, es que yo estoy de paso. Volveré a Los Angeles en otoño”. “Imbécil”-pensó ella. “¿Crees que yo sé dónde voy a estar en otoño?” Meshell no dijo nada porque ya se había dado cuenta que no había nada que hacer con un hombre como Nick. No era de los que arriesgaban, de los que le darían sorpresas los fines de semana y discutiría con ella sobre películas de Woody Allen. Había confundido “Eternal Sunshine of the Spotless mind” con un pastelón infumable de Richard Gere. Era terrible.

 

Meshell tampoco aceptaba que un hombre, por muy de alternativo que se las diese, no fuera un caballero, y que Nick le dijera que le daba igual que ella fuera o no a su casa en la segunda cita le pareció una grosería imperdonable. En la tarea de descatalogar a Nick para que pasara a engrosar la lista de gente vulgar que había pasado por su vida, se encontraba Meshell cuando Nate la llamó.

-“¿Cómo estás, Eve?”

A Meshell le encantaba que Nate la llamara Eve. Habían visto juntos la última peli de Pixar, y él decía que ella era igualita a la robot de ojos azules que con su brazo-bazoka hacía explotar todo a su paso en unos simpáticos ataques de mala leche. “Ya, pero Wall-e es entrañable, y tú no”. Nate se quejó pero acabó riéndose con ella. Estaba sola en la oficina, bastante asqueada, pero Nate, y Clyde, a quien llamó después, le hacían sonreír y recordar su vida nómada, su vida a la deriva, la misma que llevaban los tres. El naúfrago que nunca había dejado de ser.

 

Descubrió en el cajón que Mr Donovan le había traído un pastel de regalo. Mientras barría con la mano las miguitas de la mesa, llegó Chico a la oficina. Meshell le llamaba Chico porque aún no le había puesto nombre. El nombre surgía súbitamente cuando alguien le marcaba por algo en concreto, o bien porque tenía prisa por meterle en la historia, como a Nick- y generalmente se daban la misma prisa en salir de ella- Chico le gustaba porque le llamaba pequeña, y además había estudiado Historia del Arte. (Meshell sentía debilidad por los hombres de letras, había bromeado con sus amigas Tania y Kayla sobre los frikis de clásicas que habían conocido ese sábado, pero en realidad les admiraba un poco). Aceptó un café y un cigarrillo, y Chico se quitó el walkie, en señal de respeto por la conversación. Al fin y al cabo estaban en horario de trabajo, y Parsley no tardaría en aparecer por allí.

 

Meshell no daba crédito a las palabras de aquel que parecía nadar junto a ella en aquel océano lleno de cuerpos flotando boca abajo. Chico aspiró una bocanada de humo mientras sonreían sus ojillos achinados: “¿Sabes cúal es mi escena preferida del cine? Cuando en Trainspotting el yonki desenganchado va a una horrible discoteca en los noventa, cuando reinan las drogas de diseño, y le viene a la mente lo que su novia Annie le dijo tiempo atrás: Dentro de poco no habrá hombres ni mujeres, sólo gilipollas.”

A Meshell le pareció un broche perfecto para cerrar aquel día. Después de todo, ya estaban en el dos mil y pico. ¿Qué podía esperar de ahí afuera?

Y cuando llegó a casa se puso a escribir, una página más en el diario de un naúfrago. Algo que Nick y todos los que fueran como él nunca podrían entender.

                   Y ella necesitaba alguien que comprendiera esa manera de ver el mundo...

8月4日

amores que matan, nunca mueren

Ya te he perdonado.

Ya me siento capaz de seguir viviendo, y lo sentía ayer, volviendo en el autobús desde Huesca. Me temblaba la barbilla mientras el paisaje amarillo se iba haciendo más borroso. Alanis Morissette cantaba “Thank you”. “¿How about how good it feels to finally forgive you?”

Me sentía capaz de saltar al campo, y recorrer las montañas, la ciudad, el pueblo, y llorar y llorar y andar hasta caer rendida sobre un puñado de esa tierra mía. Cúanto tiempo sin encontrar sentido a lo que estaba frente a mí, sin encontrar sentido a cada paso que daba...

El perdón es más doloroso que el odio. Es un dolor diferente, porque es un dolor que asume, ya no devora todo a su paso. Hace tiempo que asumí el gris que tiñe mi mirada, que aprendí a aprovechar los pocos momentos de colores, rojo, azul, verde, púrpura, amarillo como el campo ante mis ojos.

Ahora tengo tiempo para pensar qué quiero hacer con mi vida, siempre con la maleta al hombro. Seré como Malena. Durante mucho tiempo he sido y seré un personaje de novela como ella, y haré las cosas por inercia hasta encontrar de nuevo un sentido.

Pero ya no me da miedo. No me da miedo estar a la deriva, no me da miedo no saber, no querer, no tener nada. Nunca he tenido nada más que humo entre los dedos.

¿Quién ha dicho que superar un trago tan amargo fuera algo tan fácil?

Yo me he estancado en mi dolor, en mi recuerdo de lo que para mí fueron los años más felices de mi vida, me he estancado y he llorado y he gritado y he deseado estar muerta antes que sentir mi corazón podrido de latir, cercenado, inservible ya. ¿Y qué?¿Quién se atreve a reprochármelo? Mi dolor ha sido proporcional a mi amor, a mi ilusión, a mi ferviente deseo de que todo saliera bien, de algún día formar una familia y hacerme viejecita con él. ¿Qué es lo que parece tan raro a ojos de los mortales que todavía no saben lo que es perderlo todo?

Me he regodeado en ello, he sentido asco cuando me he acostado con otros, he sentido la derrota cada día al levantarme, la derrota en cada dedo en cada músculo y en cada poro de mi piel,  y he odiado, le he odiado tanto que hubiera sido capaz de matarle de un solo y certero disparo, rebanándole los sesos, destrozando ese rostro hermoso que le diferenciaba de todos los seres humanos.

Y sin embargo ya he dejado de sentir que estaba loca,  que era la única en el mundo con ese sufrimiento, me enganché al alcohol como si hubiera sido un asidero más seguro de lo que fueron sus caderas, me perdí en el bullicio de Madrid, en la soledad del bosque de Sherwood, y ahora he comprendido que huir sí que me salvó en cierta manera, porque si no hubiera conocido a toda esa gente, si no hubiera aprendido a sobrevivir con mi herida, con mis miedos, con mi dolor, si no hubiera tenido esa oportunidad de independencia, de aprender tanto, de hacer tantas cosas, si no hubiera conseguido este trabajo, si no hubiera compartido lo que quedaba de mi vida con la gente que me he ido encontrando en el camino…nunca hubiera podido superarlo, ni siquiera intentarlo.  Nunca sabrás, nunca tendrás ni idea, de lo que ha sido una milésima parte de mi vida desde que ya no estás en ella. Estos años han sido una larga noche de piedra, un esfuerzo y un sacrificio titánico para llegar a sostenerme sobre mis pies y no caer redonda.

Hoy te he perdonado, también me he perdonado a mí, y lamento que la vida haya sido tan puta que no me haya dejado enseñarte tantas cosas como sé ahora.

Seguiré viviendo a mi manera, con mis días malos, buenos y regulares, desempolvando, de vez en cuando, porqué no, la caja de los tesoros, donde en veranos desiertos contaré monedas brillantes, momentos que atesoraba, que soñaba no acabarían nunca.

Escribiré relatos, inmortalizaré momentos en el papel, momentos no tan brillantes, quizá, pero de colores, rojo, azul, verde, púrpura, amarillo, amarillo como el ancho campo ante mis ojos.

 

 “Ninguna droga me ha devuelto esa pausada circulación de la sangre

cuando te creía mi hogar”

 

(Sylvia Solé, Diacronía del miedo)

7月22日

As nubes no ceo...van e veñen

 

 

Para Nate Borowski, un ser tan auténtico que parece un personaje de ficción

 

 

 

 

Aquel mediodía hacía un calor bochornoso, mortífero para cualquier gallego. Él aguantaba, quejándose de vez en cuando, y a mí me hacía mucha gracia.

-¿En qué piensas?

-En que nos habríamos cruzado alguna vez, subiendo alguna cuesta, saludando borrachos en el puerto, quizá.

-¿Ves? Y ahora estamos aquí. Rodeados de ranillas. Adivinando las formas de las nubes.

Miré al cielo. En el día más caluroso del verano, empezaban a formarse nubes como ovillos de lana.

-Eso es un buitre.

-¿Un buitre? ¡qué va! Es un lagarto. Uno de esos que se pone en las tapias a tomar el sol.

-No, es Bob Dylan tocando la armónica. ¡Nunca pensé que disfrutaría viendo un concierto de ese viejo carcamal!

Sonrió. Siempre parecía que lo hacía a medias.

Él no lo sabía, pero me inspiraba una ternura enorme. Sentía una extraña empatía con él, inexplicable, tan diferente y a la vez tan cerca...no necesité preguntarle nunca si había sufrido algún naufragio. Se notaba en la manera en que miraba, que había pasado años a la deriva. 

¿En qué momento, en qué lugar te encuentras a ti mismo? ¿dónde tendremos la sensación de que ése es nuestro hogar? Quizá me sentía cerca de él porque los dos estábamos tan lejos del cielo de las personas normales.

-Acércate, que te hago una foto. Tenía una mariquita posada en la mejilla, y él ni se daba cuenta. Pero tras el flash, se asustó y se metió entre la hierba. Después echó a volar muy alto para ser una mariquita.

-He estado pensando en lo que has comentado antes de los recuerdos- dijo, haciéndose visera con la mano. He pensado que voy a fabricarte nuevos recuerdos felices que sepulten a los recuerdos felices que ya tienes. Porque dices que son los más tristes-Añadió.

Asentí vagamente mientras arañaba la hierba con los pies.- No sé si eso es posible- dije finalmente.

-Sí que lo es. Iremos a mi casa. Te llevaré de la mano y te dejaré allí castigada hasta que quieras salir. Y lo harás porque te darás cuenta de que ya nada es igual, y la ciudad será otra, y tú serás otra, y tu casa ya no existirá, porque está en el fondo del mar junto con tu caja de tesoros.

Y tu isla ya no será tu isla, sino el decorado de una nueva película.

-¿De zombies?

-Por una vez, dejaremos a los muertos descansar en paz.

Ahora sí que sonreía del todo. Le hubiera dado un abrazo como el de aquella noche en la que él lloraba y yo llevaba un pijama rosa. En la mesilla una botella de ¿era algo parecido al licor café? que daba a la escena un toque grotesco, éramos dos homeless aplastados por nuestros recuerdos en un sofá raído.

Sí, nos habríamos cruzado muchas veces, entre los portugueses en Samil, en el centro comercial de las Traviesas, comiendo un gofre en Príncipe, paseando junto al bar El Sireno. Y sin embargo fuimos a desembocar en Madrid, desagüe de los sueños que nacieron muertos. Donde ni siquiera nos reconocimos a nosotros mismos.

Esta vez, la foto era en blanco y negro. Paul solía decir que así, las fotos tenían más encanto. Y esta me gustaba mucho.

-Fabricaremos nuevos recuerdos, y recuperarás parte de lo perdido. Te lo prometo.

Parte de lo perdido. Parte de lo que tenías adentro y ahora está hueco como una pluma.

Mordisqueé una brizna de hierba, él tarareaba algo que sonaba a Radiohead.

-¿Una pluma de esas que escriben?

Las nubes se habían disuelto en el cielo demasiado pesado para dos náufragos.

-Si quieres, puedo empezar con el guión...

 

 

 

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7月8日

Eh Sabina

A mí me gustaba Sabina antes de saber que era Sabina. Cuando era pequeña, en las fiestas del pueblo, esos días felices de principios de Agosto que olían a cloro, a pólvora y a chocolate caliente...una canción no paraba de sonar en el baile, mientras yo corría con los críos entre los banderines y los petardos. Era "Y nos dieron las diez" y es la culpable de que me emocione cualquier orquesta cutre de barrio o pueblo. Toda la vida he sentido una nostalgia profunda con esa canción que de alguna manera representa mi infancia.
 
Consciente ya de quién entonaba con voz rota esas letras que tanto me gustaban, le redescubrí de adolescente. Fue "Y sin embargo" la primera canción que me hizo llorar, lo recuerdo bien, con dieciséis otoños y todavía muchas primaveras por delante. "Nos sobran los motivos" sigue siendo mi disco preferido entre los muchos que he ido acumulando a lo largo de mi vida.
Mi primer novio me regaló "Dímelo en la calle" grabado por él, todavía lo guardo pintarrajeado de corazoncitos y escrito con esa letra tan bonita que tenía. Pasarían muchos años hasta poderle ver en concierto, golpeando su bastón contra el suelo, viejo y ajado como su voz. De ese día recuerdo que escribí un mensaje, que se repetiría como una maldición: "Y sin embargo cuando duermo sin ti, contigo sueño...".
Y recuerdo llorar y llorar con "Contigo", y oírle decir, irónicamente ,"No se me mueran nunca, buenas noches"...
 
Yo morí, pero él siguió dándome consuelo, acompañándome en las noches y en los días, con sus sabias canciones, cada canción una lección, que te animaba a seguir adelante. No hay nadie a quien admire más que a este hombre, que sin ninguna duda ha escrito la banda sonora de mi vida:
 
En Galicia comprendí que al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver...y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Yo no sé quién coño me robó el mes de Abril. Vendí mi alma al demonio para vivir una doble vida: mientras me escapaba a la Magdalena alguien me dedicaba una canción y yo escribía "Flaco, pórtate bien, au revoir, buena suerte en París". Nunca quise besar tu cicatriz ni cargar con tus maletas, ni contigo ni sin ti ni saber porqué lo hiciste, así que me convertí en esa absurda epidemia que sufren las aceras. Nunca cogimos a tiempo el tranvía que nos hubiera llevado al barrio de la alegría, y ahora estar aquí en mi escalera silbando no me sirve de nada. Luzco los tatuajes de un pasado bucanero y no sé cómo huir si ya no quedan islas para naufragar. Debí haber sabido antes que siempre hay un barco que naufraga en Madrid, que siempre hay un sueño que despierta en Madrid. Yo te pedí que me llevaras al fin del mundo y tú pusiste a mi nombre todas las olas del mar. Nos miramos un segundo como dos desconocidos. Y hubo tanto ruido que al final llegó el final: la sordera. En el lugar donde las niñas ya no quieren ser princesas y les da por perseguir el mar en un vaso de Ginebra. Entre la zirrosis y la sobredosis, andó desde entonces esta muñeca. ¿Para qué quieres saber mi nombre si cada noche uso uno distinto? si me quitas con arte el vestido te invito a champán...¿Y tu corazón? Peor para el sol, que se mete a las siete en la cuna del mar a roncar...y así salía de ronda la luna borracha por las calles de Madrid. Mi vida era una sala de espera sin esperanza, pues no había lágrimas que valieran para volver. Sin embargo, descubrí que tenemos memoria, tenemos amigos, tenemos tabaco, la risa, los trenes... más de cien mentiras que valen la pena, y volví a verme viva en las pupilas de Juan y Nacho. No dejé que me impidieran galopar ni los ladridos de los perros ni la quijada de Caín. Me lancé a vivir otras vidas, a probar otros sueños. Inglaterra. La rubia de la cuarta fila que descarriló en el último tren. Cuando en vuelo regular pisé el cielo de Madrid, me esperaban los pies en el suelo que no se acordaban de mí. Y no volví más a tu puesto del Rastro a comprarte corazones de miga de pan, soldaditos de lata. No, no voy a pedirte perdón. ¿Para qué si me vas a perdonar porque ya no te importa? ya nadie me escribe diciendo "No consigo olvidarte" y es que desde que te fuiste vago por los tejados como una gata sin dueño, sólo esperando a ver si amanece por fin...
Bah, llueve sobre mojado...Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción.
Mejor será seguir volando, soplando la raya del amanecer. Eh Sabina? Es una putada que a los dos nos guste el verbo fracasar.
 
Y a todos ustedes, gracias por haber venido durante todo este tiempo a abrigarme el corazón.
 
Little Princess (así me llaman en el trabajo, jeje) y sus gatitos caprichosos y consentidos.
 
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6月19日

pedazos de mí

Creo que para la mejor forma de contar todo lo que ha ido ocurriendo en las últimas semanas es publicar estos pedazos de mí que he ido recopilando. Desde mis inicios en el trabajo (que ha conseguido absorberme totalmente) hasta mi último viaje a Notts en busca de mis maletas y de una despedida que no pude tener el mes pasado. Sigo de aventura en aventura y tiro porque me toca, y alargaré esta vida nómada todo lo que pueda. Después de todo lo que he vivido, creo que es lo que me corresponde ahora.
Cuídenseme...
 
 

LIBRE TE QUIERO

 

Sí, fue esa mañana de sol cuando todo se puso en marcha. De pronto me vi firmando un contrato para “un puesto de responsabilidad” que no sabía muy bien hasta dónde me iba a comprometer. Más tarde, me vi por fin en el recinto, aún más hormigón y cascotes que belleza arquitectónica, y sin embargo ya imponía, sentí un cosquilleo de orgullo al mirar la ciudad desde allí...de pronto tan hermosa...decidí tomármelo como una deuda con ella, una deuda contraída muchos años atrás.

El mismo cosquilleo al entrar por primera vez a lo que sería mi oficina, al empezar un trabajo que era una necesidad, una liberación y una excusa a partes iguales. Al sentirme útil, capaz, fuerte, libre, al ver el orgullo brillando en los ojos líquidos de yaya. Aquella tarde me acercó en coche a casa mi compañero Pepe, quien trabajaría conmigo mano a mano en la oficina. Estaba mareada por la emoción y el hip hop en francés sonaba a toda pastilla.  Pepe el guapérrimo acababa de llegar de Estrasburgo y yo acababa de darme cuenta que aquella frase que me regaló mi madre era la declaración de amor más grande que nadie jamás podría hacerme. Y cuando crucé la puerta de casa, ya no me acordaba de que era 4 de Junio.

 

 

POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS

 

Había sido invitada, en calidad de amiga, por Eliseo a la inauguración de las campanas del Pilar, que habían sido restauradas. Él y sus compañeros, campaneros de la catedral de Valencia, eran los encargados de tan importante acto.

Subí de dos en dos los peldaños de la torre más alta entre revoloteos de palomas y mirando de vez en cuando por los ventanucos espaldados. ¡Qué grande me parecía Zaragoza de pronto! Y a la vez tan pequeña. Tan mía. Allí arriba asistí a un espectáculo sin duda majestuoso. No sólo por el sonido embriagador de las campanas sonando con fuerza en la noche al mismo tiempo que los fuegos artificiales explotaban en mis ojos, sino porque me sentía protagonista de un momento único para mi ciudad, unida ya sin remedio a sus rutinas, a sus domingos y celebraciones.

Hablé con un periodista que me hizo recordar lo mucho que me hubiera gustado estudiar esa carrera, y me dijo que escribiera, que al fin y al cabo era lo más importante. Sí, aquella noche descubrí que quería ser periodista y que en realidad, siempre había tenido un vértigo terrible.

 

 

EL ARTE DE MORIR

 

Syl revolvía en el plato unos raviolotti que se le apoderaban mientras nos decía, a Leticia y a mí, que se quería morir. No trataba de explicarlo, simplemente nos miraba con ojos cansados como queriendo que lo asumiéramos, sin pretender que nunca fuéramos capaces de entenderlo.

Había en sus palabras más vida que nunca, sin embargo. Aun pronunciando esas palabras tan duras, con esa voz balbuceante, como abotargada, Syl sonaba terriblemente interesante. Siempre lo había sido. Era tal vez que no era capaz de asumirlo, o quizá es que no lo sabía llevar. Era una mujer con un potencial increíble, pero con una vida que le había dejado un sabor amargo insoportable y ya más pastillas que donuts de chocolate en su estómago.

Le había llevado su libro para que me lo firmara. “No te rindas, porque aún tienes que escribir muchas más cosas tan hermosas como este libro”. Y eso que ella y yo sabíamos que allí estaba casi todo escrito. Un corazón podrido de latir.

Esa noche abrí la primera página de Diacronía del miedo. En ella había un gracias y un te quiero, un reconfortante epitafio.

Sigo pensando que siente más de lo que padece, pero necesitará quizá otro libro para darse cuenta. Ojalá sea yo quien lo escriba y decirle, en la primera página, que la quiero tal y como es, y lo que quiera ser, menos una muerta.

 

 

OMAR SHARIF

 

Tenía los ojos más negros que había visto en mi vida.

Mi corazón estaba lleno de arena de desierto, y el suyo sólo quería huir de las calles de El Cairo, bullicio vacío y miseria .

Deambulamos por una ciudad que descubría por segunda vez, refugiándonos en bares que no me recordaban a nadie.

La droga era oro líquido, con eso bastaba para sentir algo.

Y sentí que podía sentir. Su voz profunda me llevaba debajo de una cascada y escondida del mundo, me miraba desnuda en un espejo.

Sí, era yo.

“Piensa que vuela...” y entonces sus ojos de escarabajo se posaron en mi boca, y le hice libre.

 

 

 

FAREWELL

 

Ésa fue mi verdadera despedida.

Se me quebró la voz en el momento en el que cogí las manos de Salvatore y Alberto y les dije “you gave me lots of shiny moments...” pues así es como me gusta definir la felicidad.

Les había conocido muchos meses atrás, cuando llegaron a Nottingham desde Cerdeña. Recordaba, como si fuera ayer, el primer día que Ángela, Pedro y yo nos dimos cuenta de que un chico y una chica que no eran ingleses habían llegado a Sherwood. Era una tarde de Enero, una de esas post-exámenes en las que nos emborrachábamos en casa de los chicos, y yo distinguí enseguida el acento francés de Marie pero creí que Salvatore era alemán. Ángela se acercó a ellos y nunca nos volvimos a separar, hasta ayer. A Alberto le conocí en el cumpleaños de Carmen. No llegó a acudir porque tenía formal dinner, pero vino corriendo a disculparse con Salvatore antes de que cogiéramos el bus. En aquel momento recuerdo que me pareció un personaje tremendamente pintoresco. Con el paso del tiempo, Alberto se convertiría en una de las personas más importantes, más divertidas, más honestas que he conocido en mi vida. Alguien necesario en un mundo cada vez más insípido y mentiroso. Cuesta creer que no puedo ya disfrutar de su compañía, que no puedo tomar té y charlar sobre la vida en nuestras interminables sobremesas, planear picnics, barbacoas, o fiestas desfasadas o noches tranquis en los mejores garitos de la ciudad. Nunca llegó a tocarme la guitarra, por eso sé que aún nos quedan cosas por hacer juntos. El otro día comentábamos que no sabíamos si agradecer o no el habernos conocido, porque ahora nos hacíamos “esa falta sin fondo”...pero yo pienso en los momentos que me ha regalado y tengo que agradecer a la vida haberles encontrado.

Sequé mis lágrimas en su jersey verde de rayas, ese del que siempre nos reíamos Marie y yo, y le despedí con la mirada perdida en sus ojos marinos tan lejos del prototipo italiano. Pero Alberto era así, era diferente. Una flor rara creciendo al borde del camino. Supongo que por eso le quiero.

 

 

La verdadera despedida. Se me quebró la voz de nuevo traduciendo al español lo que en Market Square les había dicho a los chicos antes de desaparecieran dentro de un taxi. “Me habéis ayudado tanto, sin saberlo, sin pretenderlo siquiera. Me habéis dado tantas cosas, armas para seguir enfrentándome a la vida”. Y sí. Así fue. Yo supe que Carmen merecía la pena una noche en la que me buscó por todas partes porque me había perdido y nadie más se preocupó. Eso fue al principio y desde ahí fue creciendo una amistad que resultó ser mucho más de lo que parecía a simple vista. Ella no necesitaba hacer grandes aspavientos para demostrar su cariño, en eso me recordaba mucho a Inma. Pero era verdadero. A veces, me pareció de las pocas cosas verdaderas del Erasmus. Con ella y con Silvia me sentía querida, protegida, me sentía en casa. Me arrebujaba en su sofá y me daba de comer, a veces huevo frito, otras gominolas, otras un té con custard creams. A menudo sabía lo que pensaba con sólo mirarla. Le gustaba hacer sus business y meterse en medio de todos los fregaos, pero siempre manteniendo su independencia y su prudencia que la caracterizaban. La familia, como les gustaba llamarse a ella, Silvia, Carlos y los chicos, acabó adoptándome como una más. Fueron los tiempos más felices de mi año en Inglaterra. Y superaron con creces a cualquier mal rato que pudiera pasar al principio.

Y allí estaba, en su sofá última vez, tras una noche inolvidable en el Tantra, un último baile y beso con Fabio (que contra todo pronóstico, resultó ser uno de los pocos momentos puramente románticos que viví en el Erasmus) y yo tratando de expresar con palabras lo que había significado para mí todo aquel año...Ángela no dejaba de llorar pero Carmen aguantaba estoicamente, quizá reservándose para ese momento de soledad inconsolable que viviría en el avión rumbo a Valladolid unos días después.

 

Me fui como vine, en silencio, descalza para no hacer ruido sobre la moqueta. Eran las 6 de la mañana y el taxi estaba ya esperando fuera.  Carmen me abrió la puerta de atrás, la puerta grande que decía ella, que ya vio marchar a Silvia y a Carlos, y me dijo “gracias por todo”.

Mientras me alejaba, traté de dibujar un corazón, y al doblar la esquina la lluvia y las lágrimas ya desleían el número 12 de Cycle Road.
 
 
cumpleaños de CarmenInés, Daniel, Silvia, César y Carmen
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5月27日

A hard rain´s gonna fall

"Dear Al
I´m missing you loads and loads. Leaving you all, leaving Nottingham, was one of the saddest things I´ve ever done, I promise."
 
Creo que esta frase que escribí a Alberto nada más aterrizar en Zaragoza, en el jodido mundo real, resume todo lo que siento en estos pocos días que llevo aquí. Todo fue tan rápido...no tuve tiempo a hacer una despedida en condiciones, a escribirles unas líneas y colárselas por debajo de la puerta cuando aún durmieran, a dedicarles una foto, a decirles lo mucho que les quería.
 
Aun así y con todo disfruté muchísimo mis últimos días, y en la última noche la family vino a cenar conmigo a mi restauramte preferido y luego a tomarnos unos cócteles en mi bar preferido. "Te vas como viniste Inés, sorprendiendo a todos" decía Carmen. Al final allí estaban todos, diciéndome lo orgullosos que estaban de haberme conocido. Sin duda para mí ha sido un orgullo también. Una de las mejores experiencias de mi vida, una lección de valor incalculable. He vivido sola,  he saboreado la libertad, la independencia y la responsabilidad, he conocido gente de todo el mundo, he aprendido a manejarme en otro idioma y a querer muchos otros (tened por seguro que el año que viene me pongo con el italiano), he aprendido tantas cosas, a superar mis miedos, a espantar mis fantasmas, me he hecho un poco más mayor, más seria, más madura, y a la vez me he divertido como una quinceañera, me he "enamorado" 3 veces en una semana, y he cometido errores, pero cada vez más consciente, cada vez más segura de lo que quería y de lo que no. Me he mantenido firme en mi manera de ser desde el principio, y aunque pudiese parecer la rara en un mundo superficial como me parecía, al final creo que la gran mayoría me acabaron queriendo tal y como era. En general puedo decir que esta aventura me dio las armas necesarias para seguir adelante, y que los objetivos del Erasmus están cumplidos sobradamente. Haber conocido a toda esta gente no tiene precio. Veré a algunos, a otros no, la vida es así y no espero que todos seamos amigos para siempre. Pero tengo la esperanza de poder contar por muchos años con unos poquitos que desde el principio me ofrecieron su confianza y creyeron en mí, y que han acabado siendo lo más grande del Erasmus y no pueden imaginar lo muchísimo que han aportado a mi vida.
 
Ahora comienza para mí otra aventura, bastante más dura que la anterior. Se trata de mi primer trabajo serio, y la verdad me lo curré mucho para conseguirlo y de hecho me he venido de propio por ello. Parece que Inés mundos de Yupi empieza a tocar el suelo con los pies y no sé si me gusta. Al llegar aquí tuve que hacer frente a muchas cosas que permanecían alejadas cuando vivía en Inglaterra. La muerte de mi abuelo, la enfermedad de mi abuela que la mantiene inmovilizada, la situación familiar, el darte cuenta de lo poco que pintas con los amigos de aquí...el sentirte de otro planeta. El tener que adoptar muchas más responsabilidades de pronto. Sin embargo, pondré todo mi empeño e ilusión en esto como lo he puesto en todo a lo largo de mi vida. Ya veremos como sale...empiezo esta semana y la verdad es que pese a los nervios, estoy orgullosa de formar parte de EXPOZARAGOZA 2008.  Parece mentira cúanto ha llovido desde aquel  Diciembre de 2004 cuando en la Plaza del Pilar celebramos la elección de Zaragoza como ciudad ganadora. Faltaban más de 4 años hasta hoy y ya han pasado, y ahora voy a ser parte de eso.
 
El año que viene acabaré las asignaturas que me quedan, me sacaré el carnet, y me dedicaré a zambullirme en el mar de la tranquilidad que buena falta me hace, aunque no me siento cómoda en la tranquilidad y en la rutina, necesito acción. Para ello me pasaré todos los fines de semana a caballo entre Madrid y Barcelona, con mis amigos de alma Juan y Nacho.
Hace poco escribía a mi buen amigo Charlie, a propósito de divagaciones sentimentales, que hay quienes nacen con suerte y hay quienes nos pegamos la vida resbalando una y otra vez sobre la superficie helada de un corazón inerte que no late por nosotros.
 
Inma me escribió hace poco también que parece mentira que habiendo tantas personas en el mundo nosotros nos vayamos a enamorar locamente de una sola. Qué razón tiene. No he vuelto a sentir jamás nada parecido a lo que sentí una vez, y no tengo paciencia para esperar 50 años a ver si lo siento o no. Creo que poco a poco le voy perdonando y me voy perdonando a mí misma, y ya no me arrepiento de haberle conocido, porque toda aquella experiencia me ha hecho ser parte de lo que soy ahora. Y ahora estoy orgullosa de lo que soy.
Sólo me queda un miedo cerval a empezar de nuevo, a confiar, un pánico tremendo que me paraliza cada vez que alguien me habla de amor, me besa, me toca...cuando lo supere, ya nada ni nadie podrá detenerme.
 
Paso a paso voy cumpliendo expectativas, voy realizando mis pequeños sueños. Nunca me he rendido y nunca lo haré, pese a las muchas tentaciones que he tenido. Acabo de bajar de una nube apasionante y me siento muy feliz de haber sido parte de ella. Hay gente que nunca tendrá esta oportunidad, y habrá quien la tenga y no la sepa aprovechar. Siempre he pensado que hoy en día hay mucha gente que no sabe valorar lo que tiene.
 
Pronto escribiré sobre es gentecilla que veis en las fotos, que tanto ha aportado a mi vida en estos 8 meses inolvidables.
 
Os dejo con "Llegará la tormenta" una versión de Amaral que es el himno de la EXPO 2008 y que curiosamente también parece escrito para mí: 
 
Me han dicho que has vuelto por fin a tu casa
¿Qué has visto en tu viaje por tierras lejanas?

Caí entre la bruma de doce montañas
Vagando por seis autopistas cortadas
En medio de siete bosques callados
Perdido en las costas de negros océanos
Subí a diez mil millas hasta un camposanto

Y llegará, llegará, llegará, llegará la tormenta
Que anuncia el cielo.

Me han dicho que has vuelto por fin a tu casa
¿Qué oíste en tu viaje por tierras lejanas?

El ruido de un trueno preludio del miedo
La última ola al final de los tiempos
Tambores sonando en la línea de fuego
Y tantos susurros que no escucha nadie
Oí carcajadas y llantos de hambre
La triste canción del poeta en la calle
La voz de un payaso cubierto de sangre

Y llegará, llegará, llegará, llegará la tormenta
Que anuncia el cielo

Si llegará, llegará, llegará, llegará la tormenta
Que anuncia el cielo

Me han dicho que has vuelto por fin a tu casa
¿Y qué harás ahora que el viaje se acaba?

Volver antes de la lluvia de estrellas
A lo más profundo de lo desconocido
Donde hay multitudes sin nada en las manos
Allí donde el sol ha secado los ríos
Donde eres esclavo o un pobre fugitivo
Que ha visto los ojos de un hombre sin rostro
Donde todas las almas han sido olvidadas
Donde negro es el color y el número no existe
Gritaré hasta que quede grabado en el viento
Y mi voz se refleje desde ésta montaña
Aunque tenga que andar encima de las aguas
Hasta que ésta llamada sea escuchada

Si llegará, llegará, llegará, llegará la tormenta
Que anuncia el cielo
Si llegará, llegará, llegará, llegará la tormenta
Que anuncia el cielo.
 
 
 
4月21日

con la frente marchita

"Miro el reloj del móvil, las cuatro y aun sido despierta. Imagino tiempo mejores. Y me vuelvo a prometer que nunca más dejaré que nadie me haga daño. Que no volveré más ni por compasion. Aprenderé a sobrevivir con esta herida, aunque duela pero aprenderé seguro y será rápido.
 
¿Dónde? ¿En qué momento, en que palabra se deja de querer a alguien? ¿Dónde? ¿En qué lugar, por qué razón se deja de sentir sentimientos que han estado aquí durante años? No hay explicación. Simplemente sucede."
 
Estas palabras, sacadas de otro blog, de otra vida, de otro corazón ajeno pero tan similar al mío, me han inspirado.
Escribo esto no solo pensando en mí, sino en todos y cada uno de los que me lean y hayan pasado por lo mismo.
Espero alguien se sienta también identificado/a y sepa que no está solo/a.
 
¿Cúantas veces me he prometido lo mismo, me he hecho la misma pregunta?
¿Cúantas noches no he podido dormir, tratando de devanar la madeja de hilos enmarañados que es mi vida?
 
"Inés tú siempre tienes que buscarle explicación a todo. Y a veces, sencillamente, no la hay. No la hay."
 
Pero, ¡sí! por Dios, tiene que haberla. Tiene que haber una explicación de porqué la pasión, la desesperación, se convierten en desdén e indiferencia, porqué ya no se desea un cuerpo antes único refugio, porqué no se siente compasión ante unas lágrimas que hubieran sido bebidas una a una tiempo atrás. Quién tiene poder para matar un amor que trató de atravesar un oceáno, un país, el mundo entero.
 
Salvatore dice que todo eso es cuestión de química. Que el amor sólo es química. Y me cuenta el fenómeno reduciendo la más apasionante historia de amor a un puro proceso de hormonas, endorfinas y no sé qué más. ¡Estos científicos!
No. No puede ser tan simple. Ha habido gente que ha muerto por amor. Gente que ha muerto por dentro, por fuera, y que en el mejor de los casos, ha conservado toda su vida esa herida, esa huella de que ha habido una enfermedad asolando algún órgano del cuerpo, en este caso el corazón.
 
Los mejores poemas, las mejores películas, las mejores canciones hablan de eso. Y ya no me remito sólo al maestro Sabina, a Luis Cernuda o a "Casablanca", por poner ejemplos, sino que ya en la época romana Catulo escribió algunos de los más hermosos poemas de desamor a mi juicio.
 Tal vez el único consuelo sea saber que el desamor es universal.
 
Podría contar muchas historias parecidas a la mía. No en la forma, pero sí en el fondo. Casi todos podríamos contar una historia con un triste y desgarrado final. No es dramatismo, es realidad. A veces pienso que es una de las pocas cosas ya que nos humaniza.
 
Sí, me he hecho esa pregunta miles de veces. En qué momento me dejó de querer. Tal vez ni siquiera se dio cuenta, y sólo empezaron a irritarle mis sonrisas, a asquearlen mis momentos malos, a aburrirlen mis palabras, a ignorar mi cuerpo desnudo porque soñaba con desnudar otro distinto. Yo no quería darme cuenta, nadie quiere darse cuenta de eso. Nadie quiere oír de esos labios tan besados, tan mordidos por los tuyos, aún calientes: "Ya no te quiero". Nadie quiere oírlo. Nadie queremos oírlo y hasta que ese día llega nunca creemos que vayamos a escucharlo de esos labios calientes, ya envenenados.
 
Después lloras, y la gente te da miedo, la vida te da miedo, vas por las calles con la mirada perdida, los párpados hinchados, y te acercas a la orilla del mar, y lloras,  y lloras hasta que la marea sube y te moja los pies.
Crees morir, o ¿cómo llamar a esa ráfaga de dolor intenso que te recorre a cada minuto? ¿que no te deja respirar, apenas llorar?
Tus amigos impotentes, te escuchan llorar como un bebé, te cogen, te mecen, no saben qué decir, furiosos a veces, otras resignados.
Crees, en efecto, y no es un tópico, que la vida ha perdido todo su sentido, que las rutinas se han venido abajo, que es totalmente imposible vivir sin esa persona, sin más oler su piel o sentir su abrazo protector cuando afuera, en el mundo, hace frío.
Se te pasa todo por la cabeza, piensas en mandarle un mensaje, piensas en llamarle, piensas en matarle, después en matarte tú. ¿De qué vale ya vivir si no me quiere? Ideas descabelladas recorren tu cabeza todo el día, no descansas.
 
Es verano, pero qué importa. Es invierno, pero no lo notas. Vas siendo consciente de que ya no hay planes de futuro, ya no os iréis a vivir juntos, ya no habrá nada de nada. Otra mujer dormirá con él y pondrá nombre a los tres hijos que fantaseabais con tener. Otra usurpará tu lado derecho en la cama. Otra será mordida, follada, abrazada y reñida por él. Otra será, quizás, también abandonada.
Te vuelves loca. No reaccionas. Todo sigue dando vueltas, pero a ti te da igual. La idea de que él ame a otra te enferma, te hunde en la más absoluta de las miserias. A ratos crees que estás loca, a ratos crees que estás muerta, pero no levantas cabeza.
Promete ser un largo verano. Un devastador invierno. Una amarga primavera. Un, con un poco de suerte, condescendiente otoño siguiente.
 
El tiempo va pasando, sí, y hace su minucioso trabajo de orfebre del alma. Pero quieras o no quieras, ya no vuelves a ser el mismo/a. Ya has escuchado esa frase, ya sabes que en esta vida todo es susceptible de derrumbarse, ya no confías en la gente, menos aún en los hombres o mujeres. Has tocado fondo y ya no eres el mismo, ya las cosas son relativas, el mundo se ha parado para ti y lo miras girar desde fuera, y te prometes mil cosas, te prometes que saldrás de ésta, que no te volverán a hacer daño, borras teléfonos, cartas, postales, fotos, regalos que te hizo, cintas y pétalos de rosa caen por la ventana del séptimo piso, porque no quieres más promesas, porque no quieres más mentiras, porque todo ahora es tan falso y tan absurdo y tan inútil...
 
El recuerdo de su cuerpo te abruma: besas a otros, te acuestas con otros, y nada tiene sentido, es vacío y hasta patético cuando lo recuerdas a la mañana siguiente. Has roto sus fotos, pero recuerdas cada poro de su piel: la forma de sus orejas, los bucles de su pelo, los dedos de los pies, la cicatriz y los lunares de la espalda. Has borrado su teléfono, pero recuerdas cada dígito. Has tirado sus regalos, pero recuerdas cada día que pasaste con él con una claridad obsesiva, cada minuto, cada segundo, lo que hicierais tal o tal día, lo que hablarais tal o tal día por teléfono, incluso qué tiempo hacía, o exactamente el sentimiento (ya extinto, ya vacío, más bien el eco...) que te albergaba en ese momento.
 
El tiempo va pasando, sí, y hay días en los que sonríes, y luego brilla el sol, y días divertidos, y días inolvidables en los que ya no está él.
Poco a poco te haces a la idea de que ya no está, y lo crees muerto, porque prefieres pensar que ha muerto antes de pensar que ya te ha olvidado. Le escribes. Sigues escribiendo esas tonterías, sigues el blog, los cuadernos, todo lo que empezaste por él. Lo das por muerto pero lo mantienes vivo, alimentándote de un recuerdo fatuo. Los amigos te animan, viajas, conoces gente, agradeces a la vida las cosas que te da. Te ríes. Te ríes muy alto. Pero por las noches no puedes dormir, y siempre la misma pregunta. Cuando lo consigues, vienen las pesadillas.
Siempre es la misma: viene a ti y te presenta a su nueva novia. Unas veces es rubia, otras morena, otras pelirroja. A veces se llama Nuria, otras Carla, otras Elena, a veces incluso lleva tu mismo nombre. Pero siempre la misma sensación, la humillación, la angustia. Te despiertas moribunda y comienzas un nuevo día. Quieres olvidar esos malos sueños y seguir con tu vida.
 
Y sigues.
 
¡¡Sigues!!
Tampoco le importó que estuviera viva o muerta, ¿no?
 
Sigues escribiendo, como una terapia. Sigues con tu vida e incluso vuelves a sentir esos momentos de felicidad alguna vez. Cada vez más, aunque todo esté al revés. Vuelves al concierto de Iván Ferreiro y resulta que ya no te emociona como la primera vez. Resulta que no lloras. Te das cuenta de que ha pasado el tiempo y has sido capaz de ir enderezando tu vida sin que te den nada hecho. Ya no le das tanta importancia a las cosas que no la tienen. Mientras las primaveras le van alejando más y más de ti, reconoces que no volverás a su puesto del Rastro a comprarle migajas de su amor de mierda.
 
 
 
 
"¿Es lógico que el corazón padezca,
queriendo neciamente resistir a lo que es y debe ser inevitable,
a lo que resulta tan común como cualquiera de las cosas
 que con más frecuencia hieren nuestros sentidos? "

Hamlet, el prícipe de Dinamarca (Shakespeare)

 
 
 
 
 
 
4月16日

Rehab

Vuelvo a estar delante de este folio en blanco como si no hubiera pasado el tiempo. Pero el tiempo pasa, y no en vano nos ayuda o nos sepulta definitivamente bajo una losa de piedra, obligándonos a escribir que estamos muertos.
Pero sin embargo me siento más persona que nunca. Ni buena ni mala ni mejor ni peor, sólo una persona que comienza a sentir atisbos de felicidad, ese "estado transitorio". Hoy pienso que debería darle las gracias a muchas personas, y lo estoy haciendo. Le he dado las gracia a Alberto, y creo que le ha sorprendido, porque se ha reído como cuando algo le hace muchísima gracia. Es la primera vez en 7 meses que no quiero que esto acabe de ninguna manera. Es la primera vez en mucho tiempo que siento que sería capaz de perdonarle, y así mismo olvidarle.
 
Sí, también me pregunto si alguna vez seré capaz de perdonarme a mí misma. El otro día Víctor me examinaba y me decía ·Inés, te encanta ser la chica más triste de la ciudad"- pero esta vez con un matiz. "Eres diferente. Ya no estás pasándolo tan mal. Ya aceptas tu destino irremediable con una mueca simpática, la Inés maravillosa que siempre fuiste". Con Víctor me siento protegida. Me conoce desde hace 6 años y sigue siendo el mismo. Es una de las pocas personas en mi vida que sigue siendo auténtica, sigue siendo ese chico de barrio que me hacía reír y me cuidaba de los peligros del mundo. Me vuelvo a sentir viva. Como en el viaje a Barcelona, volver a estar con Juan, con Guille, reconstruir a Nacho, hablar de Galicia, de cúantas veces nos habríamos cruzado en Vigo sin saber que años después estaríamos allí, juntos en el puerto de Barcelona recordando vidas ya pasadas y que en aquel momento eran eternas.
 
También he tenido tiempo de replantearme mi vida, mis amistades, lo que me conviene y lo que no. Estoy feliz en Inglaterra, por primera vez empiezo a esbozar una sonrisa verdadera..me gusta estar aquí, y no, no os echo de menos, ya he pensado mucho en todo esto, y tengo más fuera que dentro, ojalá se haga realidad eso que dice Carmen de irnos a vivir a Madrid, ojalá esto no acabase nunca y hubiera muchos lunes y martes y miércoles para tomar pintas e ir a discotecas...este es mi año y ahora por fin empiezo a entenderlo todo...Sí Pablo, he aprendido, si en vez de hace 5 años nos hubiéramos conocido ahora estoy segura de que las cosas hubieran sido muy diferentes, de que hubiera sido paciente, de que me hubiera mordido la lengua y hubiera luchado sin reprocharte nada, y ahora que sé todo esto me pregunto porqué he tenido que aprenderlo a fuerza de perderte, de qué me sirve saberlo si ya no te tengo, si ya ni siquiera me queda corazón para un siguiente candidato. La vida nos empujará, nos forzará a seguir, a dar mil vueltas, yo siempre quiero creer cuando esa brujiña buena me dice "volverás a verle" pero espero que sea cuando ya no sienta nada, cuando haya escrito esto tantas veces que ya no tenga sentido para mí. 
 
Este proceso de rehabilitación no es fácil. Es como desintoxicarse de una droga dura. Hay días estupendos y días en las que necesitaría una dosis para seguir respirando. Pero mi fe es ciega, en que dibujaré las cosas sin dolor y me iré de este lugar recuperada y habiendo vivido una vida tan necesaria como apasionante. Ya pensaré qué hago a la vuelta. Hay mucho que replantearse en muchos sentidos.
 
De momento no queda sino vivir. Mi poesía habla de muerte, pero mi corazón vuelve a latir con vida. Que no se pare nunca, buenas noches.