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6月4日 Un día normal
Si pudiera hablar contigo y desearte cumpleaños feliz, tú te encogerías de hombros y contestarías: “ya sabes, sólo es un día normal”. Tu sencillez me cautivó siempre. Te hacían feliz las pequeñas cosas. Supongo que seguirá siendo así, por eso voy a regalarte un poema de Rafael Alberti, uno de mis preferidos. Apuesto a que nadie va a regalarte hoy un poema. Eso son cosicas mías, ya lo sabes. Hace poco viajé al Puerto de Santa María y me apasionó la visita a la fundación Rafael Alberti. Su vida, sus poemas, son un auténtico canto al amor y a la libertad. He elegido éste porque creo que es precioso y es el que Alberti hizo grabar como epitafio en la tumba de su esposa María Teresa León, una de esas mujeres -gatas valientes de piel de tigre como de rayo de luna llena, cuyo libro de memorias constará entre mis favoritos para el resto de mi vida. Si pudiera hablar contigo te diría lo mucho que te he echado de menos. Te contaría muchísimas cosas que me han ido ocurriendo...he viajado mucho, he conocido a mucha gente...te he echado de menos en los aviones, en los trenes, en el teatro, en la ópera, en la soledad de las montañas aragonesas y en la calidez del mar Mediterráneo. Te he echado de menos todos y cada uno de los días que van pasando sin que sepa muy bien qué camino tomar, aunque ideas no me faltan. Te escribo esto porque no puedo soportar seguir caminando por la senda del odio y el rencor. No es la primera vez que intento desandar ese camino, lo sé, pero me gustaría que ésta fuera la definitiva. Y sin embargo hay cosas que no me siento capaz de perdonar y tienes que ayudarme. Y no entiendo porqué, habiendo tenido la oportunidad de hablarlo todo, preferiste que te siguiera odiando. Odiar es horrible e impropio de mí. Quisiera al menos que fuéramos capaces de perdonarnos de verdad, aunque pienso y temo, como dice Sabina, que ¿para qué pedir perdón si me vas a perdonar porque ya no te importa? Las últimas palabras que recibiste de mí fueron lo más duro que he tenido que escribir en mi vida. Lo siento mucho. Pero no podía hacer otra cosa. Había sido destruida. Te conozco muy bien, y sé que no eres malo. No sé porqué lo hiciste, pero quizá no supiste hacerlo mejor. Quizá yo tampoco. Yo tampoco he hecho las cosas bien. Me arriesgo con esto a que te rías de mí, a que ignores completamente mis palabras porque no hay nada en este mundo que te importe menos. Pero tengo la esperanza de que por fin me entiendas. El Pablo que yo conocí se hubiera esforzado en ello. No puede ser que hayas cambiado tanto... Sé que si nos hubiéramos conocido ahora y no con 18 años, hubiéramos escrito una historia bien diferente. No sé si hubiera acabado bien o mal, pero hubiera sido muy diferente. Lo más cómodo es pensar que ni yo era para ti ni tú eras para mí, pero sinceramente lo dudo. Dudo que podamos encontrar a alguien que signifique tanto. Si pudiera hablar contigo te diría todo esto y mucho más, pero no me diste la oportunidad. Estoy haciendo de tripas corazón intentando que entiendas que necesito esa oportunidad. Hace un par de años me dijiste que algún día nos reiríamos y lloraríamos juntos. No estaba preparada para eso entonces. Era imposible canalizar tanto dolor. Y ahora sé que es la única manera, que si no llega ese momento no podré seguir viviendo. Dejo este último mensaje en una botella para ti, sombra oscura que sé que has ido leyendo lo que escribo como lo hacías cuando tenías cuerpo y boca y ojos con los que mirar. Siempre tuya I
Retornos del amor en las arenas (Rafael Alberti) Esta mañana, amor, tenemos veinte años. Esta mañana, amor, tenemos veinte años.
5月11日 Merry-go-round2 años, 1 mes y veintitantos días después de conocer a Golfo, cometía mi suicidio públicamente en una red social de Internet. Estaba harta de sus promesas. Estaba harta de sus palabras que en el fondo, no decían nada. El paso del tiempo y el tedio de la rutina me habían mantenido pendiente de él, porque no había llegado a encontrar nada mejor, y porque no hay nada como el encanto de la distancia. Entre Golfo y yo no había más que bares oscuros, filas de rayas de coca, portales sucios al abrigo de la luna. Mi corazón para él no era más que una lata de cerveza a la que patear cuando la acabas. ¿Y su corazón? tampoco, hasta ahora, me había interesado saber de qué material estaba hecho.
Y me daba la impresión que estaba recubierto de esa basura tirada por las calles más desquiciadas de la ciudad prohibida.
"¿Y qué le has dicho?" Sadie me miraba con los ojos muy abiertos. Había decidido contárselo porque Sadie siempre saca el lado bueno de todo. Es decir, es una persona altamente beneficiosa para mi perversidad autodestructiva.
"Básicamente, le he dicho que era una pena que al final sus promesas de venir se quedaran en nada, porque hay otros en la lista de espera para hacerme guarradas..."- Sadie me miró horrorizada. "¿Le has soltado eso? ¡es horrible!"
-"Lo sé, pero no acaba ahí. La guinda es que le he dicho que todas esas guarradas las prefería con él."
-"Bueno, ahí lo has apañado como has podido"
-"En realidad no era ésa mi intención. Una vez enviado ese mensaje quería releerlo y convencerme de lo patético que resultaba. Así esperaba olvidarme antes de Golfo. Adiós a la dama y el vagabundo, sexy Sadie." -Sonrió.
Después, mientras enfilábamos las calles de las Delicias, hablamos de lo de siempre. La repugnancia que nos producía el sexo masculino en general y nuestros ligues en particular "Jo tía, es que es una putada engancharse siempre de los inaccesibles"- "Cabrones"-añadía yo. Y así como todos los días. Era una constante sensación de déjà vu. Cuando llegamos al cruce que separa dos barrios, le dije a Sadie "¿Crees que he hecho una tontería dejando mis debilidades al descubierto con alguien con quien no tengo absolutamente nada en común y absolutamente ningún futuro?" Ella lo pensó un momento. Era sin duda, difícil de responderme al menos sin herir mi sensibilidad. Pero Sadie siempre veía el lado bueno de todo, así que riendo me contestó: "Tía, has hecho lo que tenías que hacer. Estabas hasta el coño de promesas y le has venido a decir que mueva el culo si quiere algo de verdad. Ya verás como algo te contestará".
-"Y volveréis a lo de siempre...." me dije mientras recapitulaba. "¡Horror!"
-"¿Sabes qué?" Sadie se volvió antes de desaparecer por su calle. " Voy a pasar del poli ese que no para de llamarme. Está muy bueno, pero creo que tiene oscuras intenciones. Sino, ¿para qué habría de llamarme tanto? no hay conexión mental, tía, que tienes razón, que es lo principal...además, me ves tu a mí con un poli?"
Y sabía lo que pasaría después: llegando a mi casa, llamaría a Kayla, le diría que había encontrado por fin ese restaurante japonés que tanto nos gustaba, que la próxima comida de chicas con ella y Susie sería allí, que me pusiera al día de su no-relación barra rollito de primavera con ese chico que se parecía tanto al Morgan de Mentes Criminales. Estaba loca por él, tal vez fuera cierto, pero compartía conmigo el no tener otra cosa mejor y un aburrimiento soberano- bendito Erasmus que nos liberó por unos meses de todo esto- y sabía que en la semana llamaría Paige y me contaría la misma historia de todas las semanas, y el viernes llamaría Rachel para cotillear sobre el vestido de la boda de Joan y Heather para rescatarme por unas horas frente a unos litros de calimocho con mora en algún antro al que alguna vez pertenecimos y que ya tenía completamente olvidado.
Y quizá Golfo reaparezca algún día, y me diga que si alguien tiene que hacerme guarradas ése será él, que para eso fue él quien me enseñó a ser la Magdalena del distrito de la línea uno. O tal vez nunca jamás vuelva a saber de él, con el rabo entre las piernas desde que leyó ese simulacro de contrato temporal de exclusividad por parte de una rubia que creyó tonta.
Pero seguro que pase lo que pase, todo seguirá dando vueltas en un tiovivo que dejándome mareada, no me permitirá apreciar bien la realidad en esta ciudad gusanera en la que nunca, nunca pasa nada.
4月12日 La islaEste verano volaré hasta tu isla. Y en un acantilado con vistas al Mediterráneo, apoyaré la cabeza en tu hombro mientras todo el dolor del mundo va cayendo, estallando como una bomba atómica en mares lejanos, en tierra firme. Quizá en un lugar muy lejos del sol.
Recorreré la isla con los ojos ciegos de luz. Hablaremos nuestro idioma de nuevo. El único que me ha protegido hasta ahora de sustantivos terribles, de verbos infames en mi lengua dura como las rocas. No te contaré nada. ¿Para qué? Tus ojos verdes lo entenderán todo. Siempre lo han hecho. Te mesarás la barba sonriendo mientras me cuentas algo extraordinario, algo que me hará reír. Porque sólo tú me hiciste feliz sin querer, sin darte cuenta. Hiciste que encontrara mi sitio en aquel país del agua cuyo idioma tú y yo compartimos, como un secreto que alivia el corazón.
Me voy contigo. Ya no sé qué es real y qué es tan solo un espejismo, pero necesito verte. Tú y yo siempre coincidimos en dejar atrás lo que nos hacía felices. No volvimos a nuestro país de ardillas. Me prometiste que volveríamos a vernos en tu isla. Por eso me voy, porque ya nada me ata a ningún sitio. Nunca he sido tan libre. Nunca me he sentido tan feliz. Quizá porque hace muchos años que no lo soy. Pero ahora me voy contigo y mi corazón sonríe cuando piensa en ti.
Allí, mientras el mar nos envuelva como a dos naúfragos, te abrazaré y lloraré por dentro. No volveremos a nuestro país compartido, quizá nunca más volvamos a vernos, pero estaré contigo en ese momento en que el mundo explotará en mil pedazos.
11月13日 Fragmentos de una vidaFragmento 1: Recordando a Richard Carreau
Lo que guardaban esos sobres amontonados en el ultimo cajón de su escritorio eran las cartas que Richard le había ido enviando a lo largo de esos años.
Las había vuelto a leer con el corazón encogido, barriendo con la mano los restos de ceniza de tabaco negro, con el temor fatal de saber que podría haber evitado la catástrofe que sacudió su vida como un terremoto.
Arrugados, con esa letra pulcra y pomposa, iban saliendo los poemas de Cernuda, de Salinas, cartas de amor que ella no supo en su momento descifrar.
Richard había elegido desaparecer y ella no podía irrumpir en su vida de nuevo, porque entonces estaría siendo tan cruel como lo fue el Asesino cuando volvió a la ciudad.
Recordó aquel café al lado del puerto y esa última súplica. "Yo en realidad lo que quiero es casarme contigo..."
Se hizo el silencio y ella le miró. "Sabes que sólo amo a una persona. Ojalá no fuera así pero..."
Richard la miró fijamente y dijo solemnemente: "Es un idiota. Su vida estaba construida sobre puentes que ha ido volando uno a uno. El último eras tú. Y te ha dejado reventarte en mil pedazos sin hacer nada para remediarlo. Con él, sólo has hecho oposiciones para ser desgraciada. Te lo avisé."
"Richard..."
"Non se poden dar margaritas ós porcos..."
Muy serios, se despidieron en la estación y ella nunca volvió a verle. Al cabo de unos días recibió una nota en la que "el señor Richard Carreau" le pedía que no se pusiera en contacto con él nunca más.
Lo peor es que ella lo entendió.
Cuando le echa de menos, le imagina paseando por el muelle con su Gitanes en la boca. Aunque no sonríe, sabe que está bien, que llegará lejos. Su juez y parte también encontrará su lugar en el mundo.
10月14日 EL HOMBRE IMPASIBLE
Nada más verle supe que ésa iba a ser la última vez. No sólo porque sintiera que la tierra se abría bajo mis pies, sino porque antes de que ninguno de los dos abriéramos la boca ya sabía que mis esperanzas de provocarle algún sentimiento, fuera perdón, arrepentimiento, amor u odio, eran vanas, vacías como sus ojos que ya no transmitían nada. La cita hubiera tenido sentido si él me hubiera cogido las manos y mirándome a los ojos hubiera ido lamiendo heridas del pasado que, aunque invisibles, todavía supuraban infectadas bajo mi piel. Había hecho acopio a lo largo de los años de la dignidad y la fortaleza necesarias para tenerle delante. Estaba preparada para escucharle. Y, mientras asistía al relato de una vida aburrida en Madrid, me repetía a mí misma que ya sabía que eso podía ocurrir. Que él sólo quisiera dejar su conciencia tranquila y saciar su curiosidad. Quizá comprobar si seguía viva. Sus gestos mecánicos, sus anécdotas estudiadas, le hacían parecer un muñeco sin vida a la vez que me sentía amordazada, como si él me estuviera advirtiendo en otro lenguaje que no se me ocurriera decir nada inconveniente. Efectivamente no dije nada pero porque una parte de mí no podía creer que no fuera él quien sacara el tema. Se comportaba como si él y yo nunca hubiéramos sido nada más que amigos, si con suerte llegaba a eso. Cada vez me sentía más pequeña y mi cuerpo más yermo, más inútil. De pronto ya no tenía rostro, ni piernas ni pechos ni pies. Sólo era un amasijo de cenizas, ceniza sucia y gris que nadie miraría sino acaso para pisarla. Y no podía volver a verle, porque la distancia de un roce de mis dedos a la que estaba su pelo ensortijado sería para siempre un abismo inmenso. Su dulce voz era un canto de sirena, una melodía fascinante que me dejaba ciega para no ver que no había nada detrás, que nunca lo había habido, que nada en este mundo lograría conmoverle pero ya era tarde cuando me daba cuenta. Ya era tarde porque me hallaba amarrada a una roca, sola y desnuda a la intemperie del universo girando sin mí. Él tenía que saber que yo estaba muriéndome por una palabra suya. Una sola palabra que fuera capaz de desvelar y expresar algún secreto de entre todos los que encerraba en ese corazón de piedra. Cualquier confesión me hubiera servido para al menos, sonreír por dentro aliviada ya de saber que él había madurado, como una fruta al sol que ahora viniese a mi boca a endulzar la amargura de tanto tiempo de tristeza y derrota.Pero se esfumó la oportunidad para siempre cuando él miró el reloj y dijo que debía marcharse. Se levantó y musitó “cuídate” con una escueta sonrisa. Finalmente comprendí que nada había cambiado, y que nada podía esperar jamás del hombre impasible. Ni siquiera sus pupilas registraron una última mirada antes de encaminarme hacia la parada del autobús. 9月9日 ADIÓS A LAS ARMAS
"¡Hola! ¿cómo es que llamas a estas horas?" Paige sonaba muy rara al otro lado del teléfono. Sin duda había ocurrido algo digno de alterar la rutina semanal de sus llamadas. Sabía que El Asesino iba a reaparecer, pero ignoraba cómo ni cúando. No estaba preparada para que fuera justo en ese momento. La noche cayó sobre ella y la aplastó contra el asfalto. Al principio se asustó. Desesperó. Le gritó a Paige. Después se sentó en un rincón de la escalera y lloró. ¿Cómo podía hacer esto? ¿Porqué? Paige quería verle. Ella no lo entendió. “A lo mejor, si le vieras”…Ella se enfureció. “Paige, sólo quiero una vida normal. Si le viera…sería volver a lo mismo. No puedo permitírmelo”. Colgó el teléfono. Cuando recuperó el aliento comprobó que nada había cambiado: acababa de estar con Carl tomando algo en su casa, las calles seguían igual, sus vecinos salían a tirar la basura, los gatos callejeros se ocultaban bajo los coches. Nada, salvo su acelerado pulso, hacía indicar ningún cambio. El mundo proseguía sin pausa su frenético destino. Ella era una superviviente. No podía ser que todo se desmoronara de nuevo en un momento. No podía volver atrás pero tampoco mostrarse indiferente. La indiferencia era algo a lo que sospechaba le costaría mucho llegar. Pero su amigo Dashiell le dijo algo días después que le hizo pensar. “Tal vez estás tan ofuscada en la idea de que no podrías soportar volver a verle que no te has parado a pensar si en lo más profundo de tu corazón de verdad estás preparada. Piénsalo.”
Aquella noche, ella corrió a buscarle en sueños junto al río. Tenía el presentimiento de que esta vez, las balas no le alcanzarían. “Sabía que te encontraría aquí”. Él miraba fijamente la corriente de agua. Llevaba un pequeño revólver, con el que jugaba pasándoselo de una mano a otra. Ella se sentó a su lado. “Porqué has venido…”- Suspiró. “Porqué me has hecho venir a buscarte. Qué es lo que buscas aquí…” “Esto…- él señaló el río, los puentes que lo cruzaban, el cielo negro y la ciudad iluminada- también me pertenece de alguna manera. Sabes lo mucho que me gusta. Hubiera querido verte y preguntarte cómo estás, pero pensé que ya no tenía mucho sentido, que quizás tú…Bueno, y que cualquiera debería temer tu furia paranoica…” Hizo una mueca que parecía querer ser una sonrisa. Ella le miró despacio. Sin duda le estaba costando mucho articular cada palabra, señal de que el corazón le oprimía en el pecho. “Eso ya lo sabes, Hayden. Ya sabes cómo estoy. Además, si querías verme, no tenías más que decírmelo. No sé porqué has metido a Paige en esto. Ella ya no tiene nada que ver.” “Porque también quería verla He pensado en ella muchas veces.-su mirada estaba perdida en algún sitio del que ella sentía que ya no podía traerle de vuelta. Se arrimó a su hombro y apoyó la cabeza. No sabía qué decirle para provocar en él un mínimo atisbo de ternura, ya que no podía hacer nada ya para provocarle un sentimiento mayor. “Te quiero mucho Hayhay”- Susurró. “Eso nunca va a cambiar”. Hubiera querido decirle mucho más, decirle que nadie le conocía como ella, que sabía que nunca le diría lo que pasaba por su cabeza, pero que aun así ya lo sabía, sabía que seguía siendo un niño grande, un desordenado, un tanto cobarde, alguien que creía haber encontrado la felicidad viviendo a su aire pero que en el fondo seguía siendo HayHay…tantas cosas sólo resumidas en una sola: “Te quiero mucho, HayHay”. Era cierto. Era todo lo que podía decir, porque ya no quería pelear más, ni su corazón era capaz de latir una sola vez más cargado de rencor y dolor....
“Eso nunca va a cambiar”. El revólver brillaba en la noche. Él lo había dejado a un lado y ahora la miraba como si la descubriera por primera vez. Repasaba las lecciones que aprendió años atrás, moviendo los labios como un ventrílocuo cansado. “Sigues siendo tan pequeña y blanca como una estrella fugaz”. Estuvieron un rato así, mirando el río. No había palabras para describir lo que había dentro de ellos, ni ruta para trazar un mapa que les llevara a algún lugar común. Si se hubiera podido ver a través de esas dos siluetas en la noche, no se habría visto nada más que arena, o agua, o aire. No había órganos ni sangre. Eran, de pronto, etéreos, invisibles para el resto del mundo, para la ciudad entera. Sólo estaban ellos dos. “No pretendía molestarte”-dijo él al fin. Ella le miró con calma y no creyó lo que salió de lo más profundo de sí misma. “Ya no te odio. Ni siquiera me asusta que hayas traído la pistola contigo. Esta vez no vas a poder matarme. Quiero decir, que no voy a morir Hayhay. Pero algunas cosas, es mejor dejarlas como están. Y sí, ahora sé que puedo mirarte, y que puedo comprender mi vida y el universo entero mirándote a los ojos. Pero precisamente por eso…nunca habrá nadie tan importante como tú.” Él no dijo nada. Sólo le acarició la mejilla y se puso de pie. Debía marcharse antes de que amaneciera. Ella le vio alejarse por la vereda del río caminando todo lo deprisa que sus piernas, ligeramente arqueadas, le permitían. Antes de que desapareciera, ella le gritó: “¡Hayhay! Me estoy haciendo mayor…” Hayden se volvió una vez y le sonrió. Ella le vio tirar el revólver al río, y la corriente lo arrastró hasta que se perdió de vista. “Tal vez es eso…-pensó ella. Tal vez es que me estoy haciendo mayor sin darme cuenta y ya no puedo hacer nada para detenerle o para detenerme yo misma. El mundo no va a pararse más como lo hacía cuando éramos jóvenes, cuando no existía el tiempo ni el espacio y los días eran tachones rojos en un calendario eterno donde siempre que él me amara sería primavera. Ya se notan los primeros signos del otoño que vendrá, de las velas que soplaré, sin duda me he hecho mayor…”
Él se despertó a media mañana con una sensación extraña . Como si hubiera estado apretando un gatillo que no llegó a disparar. Cuando se dio cuenta de la hora que era, sintió alivio. Cogió el móvil e hizo una llamada. “Lo siento. Me he quedado dormido…”En la ciudad hacía un día precioso. Ella ya no tenía miedo.
EPÍLOGO
Elisa le dijo aquella noche, en la barra del Olmo, que ella tenía suerte: era una superviviente porque transformaba sus experiencias en historias. Escribir era su asidero más firme. "Ni alcohol, ni leches. Déjate de tonterías. Y no cambies." Ella apuró el Martini y se rió. Inma y su barbilla de princesa miraban fijamente hacia la puerta. "Joder, no paran de venir críos". "Somos viejas tía..." -"¡Qué cojones! Interrumpió Pedro. Lo que les han cerrao el Rollo y los chavalicos no saben a dónde ir". Al día siguiente fueron al Plata. Inma estaba entusiasmada de que un local así estuviera en Zaragoza. Ella pensó que sin duda era la primera vez que la había visto orgullosa de su "ciudad gusanera". Y pensó, también, mientras se apoyaba en su hombro que siempre olía a Nivea, ese olor tan suyo y tan reconocible y tan cercano, que Inma siempre había pretendido ayudarla, a su manera, pero sólo ayudarla. Y les dijo: "No os preocupéis, que mañana ya tendré escrita otra historia."
8月26日 I don´t know what anyone can see in anyone elseTodo el mundo en el trabajo había visto triste últimamente a la señorita Meshell: Mason Parsley canturreaba “la princesa está triste...¿qué tendrá la princesa?” cuando pasaba a su lado. Por no hablar de Carl, que cada vez que iba a visitarle a la oficina exclamaba “¡hoy no eres la de siempre!” a la vez que suspiraba: “ya no puedo vivir en esta ciudad. Ya no puedo vivir en ningún sitio que no sea Berlín”. JC y Lila andaban por ahí haciendo fotocopias, incrédulos, pues adoraban ese pedazo de tierra polvorienta al Este de California. Carl se quejaba de los lugareños, él siempre sería demasiado esnob.
La culpa de que Ms Meshell anduviera de nuevo con la frente marchita la tenía un treintañero que había creído ver en la pasión de ella un afán de compromiso que pese a su edad no parecía dispuesto a asumir. Huyó como el que compra tabaco y nunca vuelve, más probablemente una bolsa entera de hierba con la que pedaleó hasta un monte perdido y jamás regresó. A Meshell le disgustaba profundamente la cobardía de los hombres, y no entendía cómo ése, el de los ojos grandes y redondos, el que le gustaba porque sabía exactamente cómo y dónde tocar, no había visto brillar débilmente su corazoncito aquella noche después de años sumido en un castigo de oscuridad.
Ella pensaba que él no la consideraba suficientemente vulgar como para ser una mujer digna, para ir juntitos de la mano, que le tendría miedo, porque Meshell se apostaba, después de tomar frente a frente una cerveza con él tres noches atrás en el McCartney, que Nick era menos inteligente que ella. Por mucho que fuera un directivo de esa empresa, por mucho que tuviera doce años más, Meshell le miró entre incrédula y divertida cuando él, mirándola con sus ojos redondos, le dijo: “Verás, es que yo estoy de paso. Volveré a Los Angeles en otoño”. “Imbécil”-pensó ella. “¿Crees que yo sé dónde voy a estar en otoño?” Meshell no dijo nada porque ya se había dado cuenta que no había nada que hacer con un hombre como Nick. No era de los que arriesgaban, de los que le darían sorpresas los fines de semana y discutiría con ella sobre películas de Woody Allen. Había confundido “Eternal Sunshine of the Spotless mind” con un pastelón infumable de Richard Gere. Era terrible.
Meshell tampoco aceptaba que un hombre, por muy de alternativo que se las diese, no fuera un caballero, y que Nick le dijera que le daba igual que ella fuera o no a su casa en la segunda cita le pareció una grosería imperdonable. En la tarea de descatalogar a Nick para que pasara a engrosar la lista de gente vulgar que había pasado por su vida, se encontraba Meshell cuando Nate la llamó. -“¿Cómo estás, Eve?” A Meshell le encantaba que Nate la llamara Eve. Habían visto juntos la última peli de Pixar, y él decía que ella era igualita a la robot de ojos azules que con su brazo-bazoka hacía explotar todo a su paso en unos simpáticos ataques de mala leche. “Ya, pero Wall-e es entrañable, y tú no”. Nate se quejó pero acabó riéndose con ella. Estaba sola en la oficina, bastante asqueada, pero Nate, y Clyde, a quien llamó después, le hacían sonreír y recordar su vida nómada, su vida a la deriva, la misma que llevaban los tres. El naúfrago que nunca había dejado de ser.
Descubrió en el cajón que Mr Donovan le había traído un pastel de regalo. Mientras barría con la mano las miguitas de la mesa, llegó Chico a la oficina. Meshell le llamaba Chico porque aún no le había puesto nombre. El nombre surgía súbitamente cuando alguien le marcaba por algo en concreto, o bien porque tenía prisa por meterle en la historia, como a Nick- y generalmente se daban la misma prisa en salir de ella- Chico le gustaba porque le llamaba pequeña, y además había estudiado Historia del Arte. (Meshell sentía debilidad por los hombres de letras, había bromeado con sus amigas Tania y Kayla sobre los frikis de clásicas que habían conocido ese sábado, pero en realidad les admiraba un poco). Aceptó un café y un cigarrillo, y Chico se quitó el walkie, en señal de respeto por la conversación. Al fin y al cabo estaban en horario de trabajo, y Parsley no tardaría en aparecer por allí.
Meshell no daba crédito a las palabras de aquel que parecía nadar junto a ella en aquel océano lleno de cuerpos flotando boca abajo. Chico aspiró una bocanada de humo mientras sonreían sus ojillos achinados: “¿Sabes cúal es mi escena preferida del cine? Cuando en Trainspotting el yonki desenganchado va a una horrible discoteca en los noventa, cuando reinan las drogas de diseño, y le viene a la mente lo que su novia Annie le dijo tiempo atrás: Dentro de poco no habrá hombres ni mujeres, sólo gilipollas.” A Meshell le pareció un broche perfecto para cerrar aquel día. Después de todo, ya estaban en el dos mil y pico. ¿Qué podía esperar de ahí afuera? Y cuando llegó a casa se puso a escribir, una página más en el diario de un naúfrago. Algo que Nick y todos los que fueran como él nunca podrían entender. Y ella necesitaba alguien que comprendiera esa manera de ver el mundo... 8月4日 amores que matan, nunca muerenYa te he perdonado. Ya me siento capaz de seguir viviendo, y lo sentía ayer, volviendo en el autobús desde Huesca. Me temblaba la barbilla mientras el paisaje amarillo se iba haciendo más borroso. Alanis Morissette cantaba “Thank you”. “¿How about how good it feels to finally forgive you?” Me sentía capaz de saltar al campo, y recorrer las montañas, la ciudad, el pueblo, y llorar y llorar y andar hasta caer rendida sobre un puñado de esa tierra mía. Cúanto tiempo sin encontrar sentido a lo que estaba frente a mí, sin encontrar sentido a cada paso que daba... El perdón es más doloroso que el odio. Es un dolor diferente, porque es un dolor que asume, ya no devora todo a su paso. Hace tiempo que asumí el gris que tiñe mi mirada, que aprendí a aprovechar los pocos momentos de colores, rojo, azul, verde, púrpura, amarillo como el campo ante mis ojos. Ahora tengo tiempo para pensar qué quiero hacer con mi vida, siempre con la maleta al hombro. Seré como Malena. Durante mucho tiempo he sido y seré un personaje de novela como ella, y haré las cosas por inercia hasta encontrar de nuevo un sentido. Pero ya no me da miedo. No me da miedo estar a la deriva, no me da miedo no saber, no querer, no tener nada. Nunca he tenido nada más que humo entre los dedos. ¿Quién ha dicho que superar un trago tan amargo fuera algo tan fácil? Yo me he estancado en mi dolor, en mi recuerdo de lo que para mí fueron los años más felices de mi vida, me he estancado y he llorado y he gritado y he deseado estar muerta antes que sentir mi corazón podrido de latir, cercenado, inservible ya. ¿Y qué?¿Quién se atreve a reprochármelo? Mi dolor ha sido proporcional a mi amor, a mi ilusión, a mi ferviente deseo de que todo saliera bien, de algún día formar una familia y hacerme viejecita con él. ¿Qué es lo que parece tan raro a ojos de los mortales que todavía no saben lo que es perderlo todo? Me he regodeado en ello, he sentido asco cuando me he acostado con otros, he sentido la derrota cada día al levantarme, la derrota en cada dedo en cada músculo y en cada poro de mi piel, y he odiado, le he odiado tanto que hubiera sido capaz de matarle de un solo y certero disparo, rebanándole los sesos, destrozando ese rostro hermoso que le diferenciaba de todos los seres humanos. Y sin embargo ya he dejado de sentir que estaba loca, que era la única en el mundo con ese sufrimiento, me enganché al alcohol como si hubiera sido un asidero más seguro de lo que fueron sus caderas, me perdí en el bullicio de Madrid, en la soledad del bosque de Sherwood, y ahora he comprendido que huir sí que me salvó en cierta manera, porque si no hubiera conocido a toda esa gente, si no hubiera aprendido a sobrevivir con mi herida, con mis miedos, con mi dolor, si no hubiera tenido esa oportunidad de independencia, de aprender tanto, de hacer tantas cosas, si no hubiera conseguido este trabajo, si no hubiera compartido lo que quedaba de mi vida con la gente que me he ido encontrando en el camino…nunca hubiera podido superarlo, ni siquiera intentarlo. Nunca sabrás, nunca tendrás ni idea, de lo que ha sido una milésima parte de mi vida desde que ya no estás en ella. Estos años han sido una larga noche de piedra, un esfuerzo y un sacrificio titánico para llegar a sostenerme sobre mis pies y no caer redonda. Hoy te he perdonado, también me he perdonado a mí, y lamento que la vida haya sido tan puta que no me haya dejado enseñarte tantas cosas como sé ahora. Seguiré viviendo a mi manera, con mis días malos, buenos y regulares, desempolvando, de vez en cuando, porqué no, la caja de los tesoros, donde en veranos desiertos contaré monedas brillantes, momentos que atesoraba, que soñaba no acabarían nunca. Escribiré relatos, inmortalizaré momentos en el papel, momentos no tan brillantes, quizá, pero de colores, rojo, azul, verde, púrpura, amarillo, amarillo como el ancho campo ante mis ojos.
“Ninguna droga me ha devuelto esa pausada circulación de la sangre cuando te creía mi hogar”
(Sylvia Solé, Diacronía del miedo) 7月22日 As nubes no ceo...van e veñen
Para Nate Borowski, un ser tan auténtico que parece un personaje de ficción
Aquel mediodía hacía un calor bochornoso, mortífero para cualquier gallego. Él aguantaba, quejándose de vez en cuando, y a mí me hacía mucha gracia. -¿En qué piensas? -En que nos habríamos cruzado alguna vez, subiendo alguna cuesta, saludando borrachos en el puerto, quizá. -¿Ves? Y ahora estamos aquí. Rodeados de ranillas. Adivinando las formas de las nubes. Miré al cielo. En el día más caluroso del verano, empezaban a formarse nubes como ovillos de lana. -Eso es un buitre. -¿Un buitre? ¡qué va! Es un lagarto. Uno de esos que se pone en las tapias a tomar el sol. -No, es Bob Dylan tocando la armónica. ¡Nunca pensé que disfrutaría viendo un concierto de ese viejo carcamal! Sonrió. Siempre parecía que lo hacía a medias. Él no lo sabía, pero me inspiraba una ternura enorme. Sentía una extraña empatía con él, inexplicable, tan diferente y a la vez tan cerca...no necesité preguntarle nunca si había sufrido algún naufragio. Se notaba en la manera en que miraba, que había pasado años a la deriva. ¿En qué momento, en qué lugar te encuentras a ti mismo? ¿dónde tendremos la sensación de que ése es nuestro hogar? Quizá me sentía cerca de él porque los dos estábamos tan lejos del cielo de las personas normales. -Acércate, que te hago una foto. Tenía una mariquita posada en la mejilla, y él ni se daba cuenta. Pero tras el flash, se asustó y se metió entre la hierba. Después echó a volar muy alto para ser una mariquita. -He estado pensando en lo que has comentado antes de los recuerdos- dijo, haciéndose visera con la mano. He pensado que voy a fabricarte nuevos recuerdos felices que sepulten a los recuerdos felices que ya tienes. Porque dices que son los más tristes-Añadió. Asentí vagamente mientras arañaba la hierba con los pies.- No sé si eso es posible- dije finalmente. -Sí que lo es. Iremos a mi casa. Te llevaré de la mano y te dejaré allí castigada hasta que quieras salir. Y lo harás porque te darás cuenta de que ya nada es igual, y la ciudad será otra, y tú serás otra, y tu casa ya no existirá, porque está en el fondo del mar junto con tu caja de tesoros. Y tu isla ya no será tu isla, sino el decorado de una nueva película. -¿De zombies? -Por una vez, dejaremos a los muertos descansar en paz. Ahora sí que sonreía del todo. Le hubiera dado un abrazo como el de aquella noche en la que él lloraba y yo llevaba un pijama rosa. En la mesilla una botella de ¿era algo parecido al licor café? que daba a la escena un toque grotesco, éramos dos homeless aplastados por nuestros recuerdos en un sofá raído. Sí, nos habríamos cruzado muchas veces, entre los portugueses en Samil, en el centro comercial de las Traviesas, comiendo un gofre en Príncipe, paseando junto al bar El Sireno. Y sin embargo fuimos a desembocar en Madrid, desagüe de los sueños que nacieron muertos. Donde ni siquiera nos reconocimos a nosotros mismos. Esta vez, la foto era en blanco y negro. Paul solía decir que así, las fotos tenían más encanto. Y esta me gustaba mucho. -Fabricaremos nuevos recuerdos, y recuperarás parte de lo perdido. Te lo prometo. Parte de lo perdido. Parte de lo que tenías adentro y ahora está hueco como una pluma. Mordisqueé una brizna de hierba, él tarareaba algo que sonaba a Radiohead. -¿Una pluma de esas que escriben? Las nubes se habían disuelto en el cielo demasiado pesado para dos náufragos. -Si quieres, puedo empezar con el guión...
7月8日 Eh SabinaA mí me gustaba Sabina antes de saber que era Sabina. Cuando era pequeña, en las fiestas del pueblo, esos días felices de principios de Agosto que olían a cloro, a pólvora y a chocolate caliente...una canción no paraba de sonar en el baile, mientras yo corría con los críos entre los banderines y los petardos. Era "Y nos dieron las diez" y es la culpable de que me emocione cualquier orquesta cutre de barrio o pueblo. Toda la vida he sentido una nostalgia profunda con esa canción que de alguna manera representa mi infancia.
Consciente ya de quién entonaba con voz rota esas letras que tanto me gustaban, le redescubrí de adolescente. Fue "Y sin embargo" la primera canción que me hizo llorar, lo recuerdo bien, con dieciséis otoños y todavía muchas primaveras por delante. "Nos sobran los motivos" sigue siendo mi disco preferido entre los muchos que he ido acumulando a lo largo de mi vida.
Mi primer novio me regaló "Dímelo en la calle" grabado por él, todavía lo guardo pintarrajeado de corazoncitos y escrito con esa letra tan bonita que tenía. Pasarían muchos años hasta poderle ver en concierto, golpeando su bastón contra el suelo, viejo y ajado como su voz. De ese día recuerdo que escribí un mensaje, que se repetiría como una maldición: "Y sin embargo cuando duermo sin ti, contigo sueño...".
Y recuerdo llorar y llorar con "Contigo", y oírle decir, irónicamente ,"No se me mueran nunca, buenas noches"...
Yo morí, pero él siguió dándome consuelo, acompañándome en las noches y en los días, con sus sabias canciones, cada canción una lección, que te animaba a seguir adelante. No hay nadie a quien admire más que a este hombre, que sin ninguna duda ha escrito la banda sonora de mi vida:
En Galicia comprendí que al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver...y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Yo no sé quién coño me robó el mes de Abril. Vendí mi alma al demonio para vivir una doble vida: mientras me escapaba a la Magdalena alguien me dedicaba una canción y yo escribía "Flaco, pórtate bien, au revoir, buena suerte en París". Nunca quise besar tu cicatriz ni cargar con tus maletas, ni contigo ni sin ti ni saber porqué lo hiciste, así que me convertí en esa absurda epidemia que sufren las aceras. Nunca cogimos a tiempo el tranvía que nos hubiera llevado al barrio de la alegría, y ahora estar aquí en mi escalera silbando no me sirve de nada. Luzco los tatuajes de un pasado bucanero y no sé cómo huir si ya no quedan islas para naufragar. Debí haber sabido antes que siempre hay un barco que naufraga en Madrid, que siempre hay un sueño que despierta en Madrid. Yo te pedí que me llevaras al fin del mundo y tú pusiste a mi nombre todas las olas del mar. Nos miramos un segundo como dos desconocidos. Y hubo tanto ruido que al final llegó el final: la sordera. En el lugar donde las niñas ya no quieren ser princesas y les da por perseguir el mar en un vaso de Ginebra. Entre la zirrosis y la sobredosis, andó desde entonces esta muñeca. ¿Para qué quieres saber mi nombre si cada noche uso uno distinto? si me quitas con arte el vestido te invito a champán...¿Y tu corazón? Peor para el sol, que se mete a las siete en la cuna del mar a roncar...y así salía de ronda la luna borracha por las calles de Madrid. Mi vida era una sala de espera sin esperanza, pues no había lágrimas que valieran para volver. Sin embargo, descubrí que tenemos memoria, tenemos amigos, tenemos tabaco, la risa, los trenes... más de cien mentiras que valen la pena, y volví a verme viva en las pupilas de Juan y Nacho. No dejé que me impidieran galopar ni los ladridos de los perros ni la quijada de Caín. Me lancé a vivir otras vidas, a probar otros sueños. Inglaterra. La rubia de la cuarta fila que descarriló en el último tren. Cuando en vuelo regular pisé el cielo de Madrid, me esperaban los pies en el suelo que no se acordaban de mí. Y no volví más a tu puesto del Rastro a comprarte corazones de miga de pan, soldaditos de lata. No, no voy a pedirte perdón. ¿Para qué si me vas a perdonar porque ya no te importa? ya nadie me escribe diciendo "No consigo olvidarte" y es que desde que te fuiste vago por los tejados como una gata sin dueño, sólo esperando a ver si amanece por fin...
Bah, llueve sobre mojado...Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción.
Mejor será seguir volando, soplando la raya del amanecer. Eh Sabina? Es una putada que a los dos nos guste el verbo fracasar.
Y a todos ustedes, gracias por haber venido durante todo este tiempo a abrigarme el corazón.
Little Princess (así me llaman en el trabajo, jeje) y sus gatitos caprichosos y consentidos.
6月19日 pedazos de míCreo que para la mejor forma de contar todo lo que ha ido ocurriendo en las últimas semanas es publicar estos pedazos de mí que he ido recopilando. Desde mis inicios en el trabajo (que ha conseguido absorberme totalmente) hasta mi último viaje a Notts en busca de mis maletas y de una despedida que no pude tener el mes pasado. Sigo de aventura en aventura y tiro porque me toca, y alargaré esta vida nómada todo lo que pueda. Después de todo lo que he vivido, creo que es lo que me corresponde ahora.
Cuídenseme...
LIBRE TE QUIERO
Sí, fue esa mañana de sol cuando todo se puso en marcha. De pronto me vi firmando un contrato para “un puesto de responsabilidad” que no sabía muy bien hasta dónde me iba a comprometer. Más tarde, me vi por fin en el recinto, aún más hormigón y cascotes que belleza arquitectónica, y sin embargo ya imponía, sentí un cosquilleo de orgullo al mirar la ciudad desde allí...de pronto tan hermosa...decidí tomármelo como una deuda con ella, una deuda contraída muchos años atrás. El mismo cosquilleo al entrar por primera vez a lo que sería mi oficina, al empezar un trabajo que era una necesidad, una liberación y una excusa a partes iguales. Al sentirme útil, capaz, fuerte, libre, al ver el orgullo brillando en los ojos líquidos de yaya. Aquella tarde me acercó en coche a casa mi compañero Pepe, quien trabajaría conmigo mano a mano en la oficina. Estaba mareada por la emoción y el hip hop en francés sonaba a toda pastilla. Pepe el guapérrimo acababa de llegar de Estrasburgo y yo acababa de darme cuenta que aquella frase que me regaló mi madre era la declaración de amor más grande que nadie jamás podría hacerme. Y cuando crucé la puerta de casa, ya no me acordaba de que era 4 de Junio.
POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS
Había sido invitada, en calidad de amiga, por Eliseo a la inauguración de las campanas del Pilar, que habían sido restauradas. Él y sus compañeros, campaneros de la catedral de Valencia, eran los encargados de tan importante acto. Subí de dos en dos los peldaños de la torre más alta entre revoloteos de palomas y mirando de vez en cuando por los ventanucos espaldados. ¡Qué grande me parecía Zaragoza de pronto! Y a la vez tan pequeña. Tan mía. Allí arriba asistí a un espectáculo sin duda majestuoso. No sólo por el sonido embriagador de las campanas sonando con fuerza en la noche al mismo tiempo que los fuegos artificiales explotaban en mis ojos, sino porque me sentía protagonista de un momento único para mi ciudad, unida ya sin remedio a sus rutinas, a sus domingos y celebraciones. Hablé con un periodista que me hizo recordar lo mucho que me hubiera gustado estudiar esa carrera, y me dijo que escribiera, que al fin y al cabo era lo más importante. Sí, aquella noche descubrí que quería ser periodista y que en realidad, siempre había tenido un vértigo terrible.
EL ARTE DE MORIR
Syl revolvía en el plato unos raviolotti que se le apoderaban mientras nos decía, a Leticia y a mí, que se quería morir. No trataba de explicarlo, simplemente nos miraba con ojos cansados como queriendo que lo asumiéramos, sin pretender que nunca fuéramos capaces de entenderlo. Había en sus palabras más vida que nunca, sin embargo. Aun pronunciando esas palabras tan duras, con esa voz balbuceante, como abotargada, Syl sonaba terriblemente interesante. Siempre lo había sido. Era tal vez que no era capaz de asumirlo, o quizá es que no lo sabía llevar. Era una mujer con un potencial increíble, pero con una vida que le había dejado un sabor amargo insoportable y ya más pastillas que donuts de chocolate en su estómago. Le había llevado su libro para que me lo firmara. “No te rindas, porque aún tienes que escribir muchas más cosas tan hermosas como este libro”. Y eso que ella y yo sabíamos que allí estaba casi todo escrito. Un corazón podrido de latir. Esa noche abrí la primera página de Diacronía del miedo. En ella había un gracias y un te quiero, un reconfortante epitafio. Sigo pensando que siente más de lo que padece, pero necesitará quizá otro libro para darse cuenta. Ojalá sea yo quien lo escriba y decirle, en la primera página, que la quiero tal y como es, y lo que quiera ser, menos una muerta.
OMAR SHARIF
Tenía los ojos más negros que había visto en mi vida. Mi corazón estaba lleno de arena de desierto, y el suyo sólo quería huir de las calles de El Cairo, bullicio vacío y miseria . Deambulamos por una ciudad que descubría por segunda vez, refugiándonos en bares que no me recordaban a nadie. La droga era oro líquido, con eso bastaba para sentir algo. Y sentí que podía sentir. Su voz profunda me llevaba debajo de una cascada y escondida del mundo, me miraba desnuda en un espejo. Sí, era yo. “Piensa que vuela...” y entonces sus ojos de escarabajo se posaron en mi boca, y le hice libre.
FAREWELL
Ésa fue mi verdadera despedida. Se me quebró la voz en el momento en el que cogí las manos de Salvatore y Alberto y les dije “you gave me lots of shiny moments...” pues así es como me gusta definir la felicidad. Les había conocido muchos meses atrás, cuando llegaron a Nottingham desde Cerdeña. Recordaba, como si fuera ayer, el primer día que Ángela, Pedro y yo nos dimos cuenta de que un chico y una chica que no eran ingleses habían llegado a Sherwood. Era una tarde de Enero, una de esas post-exámenes en las que nos emborrachábamos en casa de los chicos, y yo distinguí enseguida el acento francés de Marie pero creí que Salvatore era alemán. Ángela se acercó a ellos y nunca nos volvimos a separar, hasta ayer. A Alberto le conocí en el cumpleaños de Carmen. No llegó a acudir porque tenía formal dinner, pero vino corriendo a disculparse con Salvatore antes de que cogiéramos el bus. En aquel momento recuerdo que me pareció un personaje tremendamente pintoresco. Con el paso del tiempo, Alberto se convertiría en una de las personas más importantes, más divertidas, más honestas que he conocido en mi vida. Alguien necesario en un mundo cada vez más insípido y mentiroso. Cuesta creer que no puedo ya disfrutar de su compañía, que no puedo tomar té y charlar sobre la vida en nuestras interminables sobremesas, planear picnics, barbacoas, o fiestas desfasadas o noches tranquis en los mejores garitos de la ciudad. Nunca llegó a tocarme la guitarra, por eso sé que aún nos quedan cosas por hacer juntos. El otro día comentábamos que no sabíamos si agradecer o no el habernos conocido, porque ahora nos hacíamos “esa falta sin fondo”...pero yo pienso en los momentos que me ha regalado y tengo que agradecer a la vida haberles encontrado. Sequé mis lágrimas en su jersey verde de rayas, ese del que siempre nos reíamos Marie y yo, y le despedí con la mirada perdida en sus ojos marinos tan lejos del prototipo italiano. Pero Alberto era así, era diferente. Una flor rara creciendo al borde del camino. Supongo que por eso le quiero.
La verdadera despedida. Se me quebró la voz de nuevo traduciendo al español lo que en Market Square les había dicho a los chicos antes de desaparecieran dentro de un taxi. “Me habéis ayudado tanto, sin saberlo, sin pretenderlo siquiera. Me habéis dado tantas cosas, armas para seguir enfrentándome a la vida”. Y sí. Así fue. Yo supe que Carmen merecía la pena una noche en la que me buscó por todas partes porque me había perdido y nadie más se preocupó. Eso fue al principio y desde ahí fue creciendo una amistad que resultó ser mucho más de lo que parecía a simple vista. Ella no necesitaba hacer grandes aspavientos para demostrar su cariño, en eso me recordaba mucho a Inma. Pero era verdadero. A veces, me pareció de las pocas cosas verdaderas del Erasmus. Con ella y con Silvia me sentía querida, protegida, me sentía en casa. Me arrebujaba en su sofá y me daba de comer, a veces huevo frito, otras gominolas, otras un té con custard creams. A menudo sabía lo que pensaba con sólo mirarla. Le gustaba hacer sus business y meterse en medio de todos los fregaos, pero siempre manteniendo su independencia y su prudencia que la caracterizaban. La familia, como les gustaba llamarse a ella, Silvia, Carlos y los chicos, acabó adoptándome como una más. Fueron los tiempos más felices de mi año en Inglaterra. Y superaron con creces a cualquier mal rato que pudiera pasar al principio. Y allí estaba, en su sofá última vez, tras una noche inolvidable en el Tantra, un último baile y beso con Fabio (que contra todo pronóstico, resultó ser uno de los pocos momentos puramente románticos que viví en el Erasmus) y yo tratando de expresar con palabras lo que había significado para mí todo aquel año...Ángela no dejaba de llorar pero Carmen aguantaba estoicamente, quizá reservándose para ese momento de soledad inconsolable que viviría en el avión rumbo a Valladolid unos días después.
Me fui como vine, en silencio, descalza para no hacer ruido sobre la moqueta. Eran las 6 de la mañana y el taxi estaba ya esperando fuera. Carmen me abrió la puerta de atrás, la puerta grande que decía ella, que ya vio marchar a Silvia y a Carlos, y me dijo “gracias por todo”. Mientras me alejaba, traté de dibujar un corazón, y al doblar la esquina la lluvia y las lágrimas ya desleían el número 12 de Cycle Road.
5月27日 A hard rain´s gonna fall"Dear Al
I´m missing you loads and loads. Leaving you all, leaving Nottingham, was one of the saddest things I´ve ever done, I promise."
Creo que esta frase que escribí a Alberto nada más aterrizar en Zaragoza, en el jodido mundo real, resume todo lo que siento en estos pocos días que llevo aquí. Todo fue tan rápido...no tuve tiempo a hacer una despedida en condiciones, a escribirles unas líneas y colárselas por debajo de la puerta cuando aún durmieran, a dedicarles una foto, a decirles lo mucho que les quería.
Aun así y con todo disfruté muchísimo mis últimos días, y en la última noche la family vino a cenar conmigo a mi restauramte preferido y luego a tomarnos unos cócteles en mi bar preferido. "Te vas como viniste Inés, sorprendiendo a todos" decía Carmen. Al final allí estaban todos, diciéndome lo orgullosos que estaban de haberme conocido. Sin duda para mí ha sido un orgullo también. Una de las mejores experiencias de mi vida, una lección de valor incalculable. He vivido sola, he saboreado la libertad, la independencia y la responsabilidad, he conocido gente de todo el mundo, he aprendido a manejarme en otro idioma y a querer muchos otros (tened por seguro que el año que viene me pongo con el italiano), he aprendido tantas cosas, a superar mis miedos, a espantar mis fantasmas, me he hecho un poco más mayor, más seria, más madura, y a la vez me he divertido como una quinceañera, me he "enamorado" 3 veces en una semana, y he cometido errores, pero cada vez más consciente, cada vez más segura de lo que quería y de lo que no. Me he mantenido firme en mi manera de ser desde el principio, y aunque pudiese parecer la rara en un mundo superficial como me parecía, al final creo que la gran mayoría me acabaron queriendo tal y como era. En general puedo decir que esta aventura me dio las armas necesarias para seguir adelante, y que los objetivos del Erasmus están cumplidos sobradamente. Haber conocido a toda esta gente no tiene precio. Veré a algunos, a otros no, la vida es así y no espero que todos seamos amigos para siempre. Pero tengo la esperanza de poder contar por muchos años con unos poquitos que desde el principio me ofrecieron su confianza y creyeron en mí, y que han acabado siendo lo más grande del Erasmus y no pueden imaginar lo muchísimo que han aportado a mi vida.
Ahora comienza para mí otra aventura, bastante más dura que la anterior. Se trata de mi primer trabajo serio, y la verdad me lo curré mucho para conseguirlo y de hecho me he venido de propio por ello. Parece que Inés mundos de Yupi empieza a tocar el suelo con los pies y no sé si me gusta. Al llegar aquí tuve que hacer frente a muchas cosas que permanecían alejadas cuando vivía en Inglaterra. La muerte de mi abuelo, la enfermedad de mi abuela que la mantiene inmovilizada, la situación familiar, el darte cuenta de lo poco que pintas con los amigos de aquí...el sentirte de otro planeta. El tener que adoptar muchas más responsabilidades de pronto. Sin embargo, pondré todo mi empeño e ilusión en esto como lo he puesto en todo a lo largo de mi vida. Ya veremos como sale...empiezo esta semana y la verdad es que pese a los nervios, estoy orgullosa de formar parte de EXPOZARAGOZA 2008. Parece mentira cúanto ha llovido desde aquel Diciembre de 2004 cuando en la Plaza del Pilar celebramos la elección de Zaragoza como ciudad ganadora. Faltaban más de 4 años hasta hoy y ya han pasado, y ahora voy a ser parte de eso.
El año que viene acabaré las asignaturas que me quedan, me sacaré el carnet, y me dedicaré a zambullirme en el mar de la tranquilidad que buena falta me hace, aunque no me siento cómoda en la tranquilidad y en la rutina, necesito acción. Para ello me pasaré todos los fines de semana a caballo entre Madrid y Barcelona, con mis amigos de alma Juan y Nacho.
Hace poco escribía a mi buen amigo Charlie, a propósito de divagaciones sentimentales, que hay quienes nacen con suerte y hay quienes nos pegamos la vida resbalando una y otra vez sobre la superficie helada de un corazón inerte que no late por nosotros.
Inma me escribió hace poco también que parece mentira que habiendo tantas personas en el mundo nosotros nos vayamos a enamorar locamente de una sola. Qué razón tiene. No he vuelto a sentir jamás nada parecido a lo que sentí una vez, y no tengo paciencia para esperar 50 años a ver si lo siento o no. Creo que poco a poco le voy perdonando y me voy perdonando a mí misma, y ya no me arrepiento de haberle conocido, porque toda aquella experiencia me ha hecho ser parte de lo que soy ahora. Y ahora estoy orgullosa de lo que soy.
Sólo me queda un miedo cerval a empezar de nuevo, a confiar, un pánico tremendo que me paraliza cada vez que alguien me habla de amor, me besa, me toca...cuando lo supere, ya nada ni nadie podrá detenerme.
Paso a paso voy cumpliendo expectativas, voy realizando mis pequeños sueños. Nunca me he rendido y nunca lo haré, pese a las muchas tentaciones que he tenido. Acabo de bajar de una nube apasionante y me siento muy feliz de haber sido parte de ella. Hay gente que nunca tendrá esta oportunidad, y habrá quien la tenga y no la sepa aprovechar. Siempre he pensado que hoy en día hay mucha gente que no sabe valorar lo que tiene.
Pronto escribiré sobre es gentecilla que veis en las fotos, que tanto ha aportado a mi vida en estos 8 meses inolvidables.
Os dejo con "Llegará la tormenta" una versión de Amaral que es el himno de la EXPO 2008 y que curiosamente también parece escrito para mí:
Me han dicho que has vuelto por fin a tu casa
¿Qué has visto en tu viaje por tierras lejanas? Caí entre la bruma de doce montañas Vagando por seis autopistas cortadas En medio de siete bosques callados Perdido en las costas de negros océanos Subí a diez mil millas hasta un camposanto Y llegará, llegará, llegará, llegará la tormenta Que anuncia el cielo. Me han dicho que has vuelto por fin a tu casa ¿Qué oíste en tu viaje por tierras lejanas? El ruido de un trueno preludio del miedo La última ola al final de los tiempos Tambores sonando en la línea de fuego Y tantos susurros que no escucha nadie Oí carcajadas y llantos de hambre La triste canción del poeta en la calle La voz de un payaso cubierto de sangre Y llegará, llegará, llegará, llegará la tormenta Que anuncia el cielo Si llegará, llegará, llegará, llegará la tormenta Que anuncia el cielo Me han dicho que has vuelto por fin a tu casa ¿Y qué harás ahora que el viaje se acaba? Volver antes de la lluvia de estrellas A lo más profundo de lo desconocido Donde hay multitudes sin nada en las manos Allí donde el sol ha secado los ríos Donde eres esclavo o un pobre fugitivo Que ha visto los ojos de un hombre sin rostro Donde todas las almas han sido olvidadas Donde negro es el color y el número no existe Gritaré hasta que quede grabado en el viento Y mi voz se refleje desde ésta montaña Aunque tenga que andar encima de las aguas Hasta que ésta llamada sea escuchada Si llegará, llegará, llegará, llegará la tormenta Que anuncia el cielo Si llegará, llegará, llegará, llegará la tormenta Que anuncia el cielo. 4月21日 con la frente marchita"Miro el reloj del móvil, las cuatro y aun sido despierta. Imagino tiempo mejores. Y me vuelvo a prometer que nunca más dejaré que nadie me haga daño. Que no volveré más ni por compasion. Aprenderé a sobrevivir con esta herida, aunque duela pero aprenderé seguro y será rápido.
¿Dónde? ¿En qué momento, en que palabra se deja de querer a alguien? ¿Dónde? ¿En qué lugar, por qué razón se deja de sentir sentimientos que han estado aquí durante años? No hay explicación. Simplemente sucede."
Estas palabras, sacadas de otro blog, de otra vida, de otro corazón ajeno pero tan similar al mío, me han inspirado.
Escribo esto no solo pensando en mí, sino en todos y cada uno de los que me lean y hayan pasado por lo mismo.
Espero alguien se sienta también identificado/a y sepa que no está solo/a.
¿Cúantas veces me he prometido lo mismo, me he hecho la misma pregunta?
¿Cúantas noches no he podido dormir, tratando de devanar la madeja de hilos enmarañados que es mi vida?
"Inés tú siempre tienes que buscarle explicación a todo. Y a veces, sencillamente, no la hay. No la hay."
Pero, ¡sí! por Dios, tiene que haberla. Tiene que haber una explicación de porqué la pasión, la desesperación, se convierten en desdén e indiferencia, porqué ya no se desea un cuerpo antes único refugio, porqué no se siente compasión ante unas lágrimas que hubieran sido bebidas una a una tiempo atrás. Quién tiene poder para matar un amor que trató de atravesar un oceáno, un país, el mundo entero.
Salvatore dice que todo eso es cuestión de química. Que el amor sólo es química. Y me cuenta el fenómeno reduciendo la más apasionante historia de amor a un puro proceso de hormonas, endorfinas y no sé qué más. ¡Estos científicos!
No. No puede ser tan simple. Ha habido gente que ha muerto por amor. Gente que ha muerto por dentro, por fuera, y que en el mejor de los casos, ha conservado toda su vida esa herida, esa huella de que ha habido una enfermedad asolando algún órgano del cuerpo, en este caso el corazón.
Los mejores poemas, las mejores películas, las mejores canciones hablan de eso. Y ya no me remito sólo al maestro Sabina, a Luis Cernuda o a "Casablanca", por poner ejemplos, sino que ya en la época romana Catulo escribió algunos de los más hermosos poemas de desamor a mi juicio.
Tal vez el único consuelo sea saber que el desamor es universal.
Podría contar muchas historias parecidas a la mía. No en la forma, pero sí en el fondo. Casi todos podríamos contar una historia con un triste y desgarrado final. No es dramatismo, es realidad. A veces pienso que es una de las pocas cosas ya que nos humaniza.
Sí, me he hecho esa pregunta miles de veces. En qué momento me dejó de querer. Tal vez ni siquiera se dio cuenta, y sólo empezaron a irritarle mis sonrisas, a asquearlen mis momentos malos, a aburrirlen mis palabras, a ignorar mi cuerpo desnudo porque soñaba con desnudar otro distinto. Yo no quería darme cuenta, nadie quiere darse cuenta de eso. Nadie quiere oír de esos labios tan besados, tan mordidos por los tuyos, aún calientes: "Ya no te quiero". Nadie quiere oírlo. Nadie queremos oírlo y hasta que ese día llega nunca creemos que vayamos a escucharlo de esos labios calientes, ya envenenados.
Después lloras, y la gente te da miedo, la vida te da miedo, vas por las calles con la mirada perdida, los párpados hinchados, y te acercas a la orilla del mar, y lloras, y lloras hasta que la marea sube y te moja los pies.
Crees morir, o ¿cómo llamar a esa ráfaga de dolor intenso que te recorre a cada minuto? ¿que no te deja respirar, apenas llorar?
Tus amigos impotentes, te escuchan llorar como un bebé, te cogen, te mecen, no saben qué decir, furiosos a veces, otras resignados.
Crees, en efecto, y no es un tópico, que la vida ha perdido todo su sentido, que las rutinas se han venido abajo, que es totalmente imposible vivir sin esa persona, sin más oler su piel o sentir su abrazo protector cuando afuera, en el mundo, hace frío.
Se te pasa todo por la cabeza, piensas en mandarle un mensaje, piensas en llamarle, piensas en matarle, después en matarte tú. ¿De qué vale ya vivir si no me quiere? Ideas descabelladas recorren tu cabeza todo el día, no descansas.
Es verano, pero qué importa. Es invierno, pero no lo notas. Vas siendo consciente de que ya no hay planes de futuro, ya no os iréis a vivir juntos, ya no habrá nada de nada. Otra mujer dormirá con él y pondrá nombre a los tres hijos que fantaseabais con tener. Otra usurpará tu lado derecho en la cama. Otra será mordida, follada, abrazada y reñida por él. Otra será, quizás, también abandonada.
Te vuelves loca. No reaccionas. Todo sigue dando vueltas, pero a ti te da igual. La idea de que él ame a otra te enferma, te hunde en la más absoluta de las miserias. A ratos crees que estás loca, a ratos crees que estás muerta, pero no levantas cabeza.
Promete ser un largo verano. Un devastador invierno. Una amarga primavera. Un, con un poco de suerte, condescendiente otoño siguiente.
El tiempo va pasando, sí, y hace su minucioso trabajo de orfebre del alma. Pero quieras o no quieras, ya no vuelves a ser el mismo/a. Ya has escuchado esa frase, ya sabes que en esta vida todo es susceptible de derrumbarse, ya no confías en la gente, menos aún en los hombres o mujeres. Has tocado fondo y ya no eres el mismo, ya las cosas son relativas, el mundo se ha parado para ti y lo miras girar desde fuera, y te prometes mil cosas, te prometes que saldrás de ésta, que no te volverán a hacer daño, borras teléfonos, cartas, postales, fotos, regalos que te hizo, cintas y pétalos de rosa caen por la ventana del séptimo piso, porque no quieres más promesas, porque no quieres más mentiras, porque todo ahora es tan falso y tan absurdo y tan inútil...
El recuerdo de su cuerpo te abruma: besas a otros, te acuestas con otros, y nada tiene sentido, es vacío y hasta patético cuando lo recuerdas a la mañana siguiente. Has roto sus fotos, pero recuerdas cada poro de su piel: la forma de sus orejas, los bucles de su pelo, los dedos de los pies, la cicatriz y los lunares de la espalda. Has borrado su teléfono, pero recuerdas cada dígito. Has tirado sus regalos, pero recuerdas cada día que pasaste con él con una claridad obsesiva, cada minuto, cada segundo, lo que hicierais tal o tal día, lo que hablarais tal o tal día por teléfono, incluso qué tiempo hacía, o exactamente el sentimiento (ya extinto, ya vacío, más bien el eco...) que te albergaba en ese momento.
El tiempo va pasando, sí, y hay días en los que sonríes, y luego brilla el sol, y días divertidos, y días inolvidables en los que ya no está él.
Poco a poco te haces a la idea de que ya no está, y lo crees muerto, porque prefieres pensar que ha muerto antes de pensar que ya te ha olvidado. Le escribes. Sigues escribiendo esas tonterías, sigues el blog, los cuadernos, todo lo que empezaste por él. Lo das por muerto pero lo mantienes vivo, alimentándote de un recuerdo fatuo. Los amigos te animan, viajas, conoces gente, agradeces a la vida las cosas que te da. Te ríes. Te ríes muy alto. Pero por las noches no puedes dormir, y siempre la misma pregunta. Cuando lo consigues, vienen las pesadillas.
Siempre es la misma: viene a ti y te presenta a su nueva novia. Unas veces es rubia, otras morena, otras pelirroja. A veces se llama Nuria, otras Carla, otras Elena, a veces incluso lleva tu mismo nombre. Pero siempre la misma sensación, la humillación, la angustia. Te despiertas moribunda y comienzas un nuevo día. Quieres olvidar esos malos sueños y seguir con tu vida.
Y sigues.
¡¡Sigues!!
Tampoco le importó que estuviera viva o muerta, ¿no?
Sigues escribiendo, como una terapia. Sigues con tu vida e incluso vuelves a sentir esos momentos de felicidad alguna vez. Cada vez más, aunque todo esté al revés. Vuelves al concierto de Iván Ferreiro y resulta que ya no te emociona como la primera vez. Resulta que no lloras. Te das cuenta de que ha pasado el tiempo y has sido capaz de ir enderezando tu vida sin que te den nada hecho. Ya no le das tanta importancia a las cosas que no la tienen. Mientras las primaveras le van alejando más y más de ti, reconoces que no volverás a su puesto del Rastro a comprarle migajas de su amor de mierda.
"¿Es lógico que el corazón padezca,
queriendo neciamente resistir a lo que es y debe ser inevitable,
a lo que resulta tan común como cualquiera de las cosas
que con más frecuencia hieren nuestros sentidos? "
Hamlet, el prícipe de Dinamarca (Shakespeare) 4月16日 RehabVuelvo a estar delante de este folio en blanco como si no hubiera pasado el tiempo. Pero el tiempo pasa, y no en vano nos ayuda o nos sepulta definitivamente bajo una losa de piedra, obligándonos a escribir que estamos muertos.
Pero sin embargo me siento más persona que nunca. Ni buena ni mala ni mejor ni peor, sólo una persona que comienza a sentir atisbos de felicidad, ese "estado transitorio". Hoy pienso que debería darle las gracias a muchas personas, y lo estoy haciendo. Le he dado las gracia a Alberto, y creo que le ha sorprendido, porque se ha reído como cuando algo le hace muchísima gracia. Es la primera vez en 7 meses que no quiero que esto acabe de ninguna manera. Es la primera vez en mucho tiempo que siento que sería capaz de perdonarle, y así mismo olvidarle.
Sí, también me pregunto si alguna vez seré capaz de perdonarme a mí misma. El otro día Víctor me examinaba y me decía ·Inés, te encanta ser la chica más triste de la ciudad"- pero esta vez con un matiz. "Eres diferente. Ya no estás pasándolo tan mal. Ya aceptas tu destino irremediable con una mueca simpática, la Inés maravillosa que siempre fuiste". Con Víctor me siento protegida. Me conoce desde hace 6 años y sigue siendo el mismo. Es una de las pocas personas en mi vida que sigue siendo auténtica, sigue siendo ese chico de barrio que me hacía reír y me cuidaba de los peligros del mundo. Me vuelvo a sentir viva. Como en el viaje a Barcelona, volver a estar con Juan, con Guille, reconstruir a Nacho, hablar de Galicia, de cúantas veces nos habríamos cruzado en Vigo sin saber que años después estaríamos allí, juntos en el puerto de Barcelona recordando vidas ya pasadas y que en aquel momento eran eternas.
También he tenido tiempo de replantearme mi vida, mis amistades, lo que me conviene y lo que no. Estoy feliz en Inglaterra, por primera vez empiezo a esbozar una sonrisa verdadera..me gusta estar aquí, y no, no os echo de menos, ya he pensado mucho en todo esto, y tengo más fuera que dentro, ojalá se haga realidad eso que dice Carmen de irnos a vivir a Madrid, ojalá esto no acabase nunca y hubiera muchos lunes y martes y miércoles para tomar pintas e ir a discotecas...este es mi año y ahora por fin empiezo a entenderlo todo...Sí Pablo, he aprendido, si en vez de hace 5 años nos hubiéramos conocido ahora estoy segura de que las cosas hubieran sido muy diferentes, de que hubiera sido paciente, de que me hubiera mordido la lengua y hubiera luchado sin reprocharte nada, y ahora que sé todo esto me pregunto porqué he tenido que aprenderlo a fuerza de perderte, de qué me sirve saberlo si ya no te tengo, si ya ni siquiera me queda corazón para un siguiente candidato. La vida nos empujará, nos forzará a seguir, a dar mil vueltas, yo siempre quiero creer cuando esa brujiña buena me dice "volverás a verle" pero espero que sea cuando ya no sienta nada, cuando haya escrito esto tantas veces que ya no tenga sentido para mí.
Este proceso de rehabilitación no es fácil. Es como desintoxicarse de una droga dura. Hay días estupendos y días en las que necesitaría una dosis para seguir respirando. Pero mi fe es ciega, en que dibujaré las cosas sin dolor y me iré de este lugar recuperada y habiendo vivido una vida tan necesaria como apasionante. Ya pensaré qué hago a la vuelta. Hay mucho que replantearse en muchos sentidos.
De momento no queda sino vivir. Mi poesía habla de muerte, pero mi corazón vuelve a latir con vida. Que no se pare nunca, buenas noches.
3月6日 El viaje a ninguna parteClementine esperó a Alma donde siempre, en la puerta del edificio de Filología. Y a su alrededor, el estanque sucio y la zona ajardinada entre césped salvaje y pinos desangelados le pareció el lugar más triste del mundo. Un lugar que ya no le pertenecía, que en su memoria hacía siglos que había desaparecido sepultado bajo un montón de escombros. Alma forzaba la sonrisa, Alicia estaba enferma. Una vez más. Clementine la abrazó sin saber muy bien porqué pero sabiendo que no podía curarla. Durante lo que quedaba de día, sintió la mirada de Alicia clavada en su espalda, su espalda cargada con años y polvo de escombros. La facultad estaba en ruinas. Todo se había derrumabdo una noche que Clementine dormía y aún no sabía que era Clementine. Le preguntó a Alma esa mañana de Marzo si ella veía un atisbo de vida en el campus. Alma negó con la cabeza: ella también quería huir. Clem pensó que todos habían muerto, Alicia también estaría muerta pronto.
Clementine cogió el 22 en el Portillo. El comienzo del viaje exactamente donde empiezan los recuerdos de su vida. Su abuelo, quería comprarle un helado con forma de semáforo... El día es gris, es sucio y desvaído. Una lluvia fina y fea que mancha la ciudad, que la hace poco merecedora del sol del que suele gozar la mayor parte del año. Zaragoza, humilde y honesta, muestra al habitante y al visitante la misma cara, la cara lavada de los días de lluvia y el brillo del sol en los días que hace la comunión con su vestido blanco de flores. Cómo no recordarte, al pasar por el Coso, y aquel día en el que después de amarse vieron la procesión del Rosario de no se qué. Era el Pilar, tan festivo y a la vez tan solemne, no sé qué era pero te quiero, te quiero, las paredes pintadas de verde, las jarras de cerveza, el pulpo demasiado caro. Galicia. Clementine cierra los ojos al compás de la lluvia, que estropea la ciudad y la hace fea, vacía, como su alma.
El Coso Bajo. Ahora le pregunta al conductor donde está la parada de Alonso V, porque todo eso le suena, pero como mucho fue una vez que creyó que se quedaba preñadica, mire usted, tengo 19 años, ¿qué clase de centro de salud era ese? Pero Alonso V es más allá, más allá de sus recuerdos, más allá de Huesca, no esquiamos, pero era el día más bonito del invierno, ella le enseñó una canción de Labordeta, le cogía la mano y bajaban del castillo, bajaban cantando, todavía no estaban muertos, todavía había tiempo para hacer de la ciudad un mundo para ellos dos.
La Magdalena, lejos aquellas tardes de primavera en las que se citaba con Monsieur le Musicien. Nunca volverá. Glenn se casará lejos del ese barrio y Clementine escribirá el discurso de su boda igual que hará con Joan, con Rose. El cierzo sopla con fuerza y ensucia aún más la ciudad, Clementine lleva en un sobre cerrado su voto, camino del Censo electoral pasa por delante de un mercado de verduras y un taxidermista antes de ponerse en marcha hacia Independencia.
El 30. Antes de que el aguacero le pille-en Zaragoza nunca llueve, y se siente incómoda viendo las gotas formando grumos en la ventana- observa embelesada los barecicos de la calle Asalto, el mural de la calle San Miguel, su ciudad transformada en gris perla por la lluvia intermitente que ensucia las aceras.
Ahí está el Paseo Independencia, allí se bajará, corriendo a toda prisa tapándose con lo que puede-no hay paraguas, en Zaragoza nunca llueve- allí morirán, en los charcos de la calle, los últimos paseos de Hayden Y Clementine, las últimas promesas, las últimas tardes de primavera. Llueve y no hay donde refugiarse.
Correos. Clementine ha llegado al final de un camino que empezó un mes antes en Manchester y que acaba ahora en una ventanilla de Correos. Más tarde le dirá a su madre "siempre pongo empeño en todo aquello en lo que creo" ella no podrá menos que abrazarla, besarla y apretarla contra su pecho. "Mamá, ¿tú sabes porqué una persona para otra pasa de ser todo a ser nada ? Su madre dice que no lo sabe. Nadie lo sabe. A Zaragoza la lluvia la afea, le pone la cara sucia.
El 33. Conde Aranda y sus palmeras artificiales son como un oasis en medio de la nada esa mañana de Marzo. Clementine se baja, como siempre, al lado del palacio de la Aljafería. Al lado de casa. El sol ha vuelto a salir, y limpia de tristezas las calles enfermas de soledad. Clementine está llorando, con la música en los oídos, con un nudo en la garganta. La lluvia ha deslucido las flores tempranas de los cerezos malvas. No sabe qué flores hubiera puesto en su tumba. Cuando era niña, cogía lirios en el pueblo, le gustaban las amapolas y las margaritas. Sabe que a él le habrían encantado los lirios, ella le prometió que le llevaría al pueblo pero nunca pudo hacerlo. Qué andarás haciendo ahora. "¿A ti qué cojones te importa?" su madre pone los platos en la mesa y le hace un gesto de reproche. "Va a hacer mucho frío todo el mes. Será mejor que vengas abrigada." Clementine mira por la ventana. El cierzo sopla inmisericorde, y parece que va a tumbar los árboles del parque.
La estación. Clementine cree que va a morir joven y por eso advierte a su madre que disfruten el tiempo que les queda juntas. No tiene miedo, sólo piensa en su madre y en Zaragoza. La ciudad del alma, ese alma que no late sino crepita.
El puente del milenio está iluminado. Cuando llegan a Barajas 4 horas después, de pronto deja de oír, deja de sentir, sólo se coloca en el avión como una muñeca de trapo. Cuando aterrice en Inglaterra sólo será un cuerpo más, un pozo sin fondo destinado a aprovechar cada minuto. Zaragoza, humilde y hermosa, dice hasta la vista con un estela de viento. A lo lejos el océano: Clementine ya no volverá a Galicia. Ya no tiene porqué. Ya no queda nada.
La nada, silenciosa, se mimetiza entre la oscuridad y el amanecer, entre el latir y el crepitar, y entrada la mañana Clementine soñolienta compra cookies de chocolate blanco en Subway. La nada se ha apoderado de ella como en un vestido de la formal dinner, como una gota de lluvia en la tierra árida de su Zaragoza gusanera.
La lluvia de aquella mañana de Marzo de desliza ahora por las teclas del ordenador. Miles de kilómetros lejos de Zaragoza, Clementine la recuerda como la promesa de una vida que no pudo ser. Nada será igual. El lugar más triste del mundo seguirá siéndolo, la lluvia seguirá afeando una historia que mereció más de una oportunidad, más de dos y de tres. Ahora estamos muertos. El autobús me llevó a ninguna parte, los aviones, los trenes, ninguna parte. Clementine sigue escribiendo y las teclas le resbalan, ya no significan nada. Ya no son letras ni números, sólo la monotonía de una música tan triste que ella no quiere pararse a escuchar.
A Zaragoza, novia del viento, ciudad de mi vida
crepitar del alma, amor no correspondido en los días de lluvia
como el tuyo en Santiago...
no volveré
no volverás...
2月24日 La traición de WendyHoy me he levantado, moribunda, como Ismael Serrano ese día que cogió el metro.
A mi alrededor, hay tanta vulgaridad, tanta estupidez, tanta pobreza.
Siempre he sido diferente. Diferente a las demás niñas. A las demás adolescentes. Ahora, quizá, también soy diferente a las demás mujeres.
Veo el reflejo de la vulgaridad, la estupidez y la pobreza en mí. Es su reflejo, no el mío. Pero hay muy pocos capaces de darse cuenta.
A los ojos del mundo, soy pequeña, pequeña y solitaria, la chica más triste de toda la ciudad.
Es que vuestras bromas no me hacen gracia. Nunca he tenido demasiado sentido del humor.
Intento compensarlo con otras cualidades. ¿Qué sabes hacer?
Sé distinguir los renacuajos de rana de los de sapo.
Sé los nombres de más de la mitad de los dinosaurios.
Sé escribir un cuento.
Sé reír hasta que parezca que lloro, y viceversa.
Sé cazar ranetas, grillos y coger caracoles.
Es la pequeña Inés la que habla. La mayor se ha quedado muda.
¿Qué sé hacer?
¿En qué océano te has perdido?
Otra mujer estará durmiendo con él, otra que pondrá nombre a sus tres hijos.
Y qué. Eso ya no te tiene que importar.
Me muero demasiadas veces a lo largo del día. Es una milésima de segundo en la que noto que ya no queda aire en mi pulmones.
Y ya apenas fumo. No es eso.
Es un chispazo, un recuerdo.
La sonrisa al bajar del tren. Me daban igual las maletas, sólo quería abrazarle.
Cuando le tenía a él sentía que lo tenía todo, que me protegería, que mordería mis labios para siempre en una noche infinita.
Que nadie usurparía jamás el lado derecho de la cama.
La ingenuidad, claro. Me hubiera ido muy lejos antes de creer que con los años, a él le daría igual que yo estuviera viva o muerta.
Que no sería nada, la nada, nada nada nada. De ser todo a ser nada. Nada.
Lo malo es que durante los años en los que sentí que él era todo, me perdí de vista.
Y ahora que soy "nada" ya no soy capaz de encontrarme a mí misma.
Quiero volver a ser la niña que vio a una sirena en el río Ebro.
La que paseaba con yayo por el pueblo en los días de Semana Santa.
La que sacaba lombrices de la tierra para dárselas a las gallinas.
La que curó un gorrión y adoptó un conejo.
La que vivía feliz sin saber lo que era la muerte, el dolor, la traición, el amor.
Si Peter Pan viniera, Inés se iría volando tras él.
Cada vez más decisiones, cada vez más responsabilidad. Bancos, dinero, trabajo, fiestas, ¿y el fin de carrera? ¿y el carnet de conducir? ¿y la entrevista de trabajo? ¿y el examen de historia del cine? ¿has leído a Shakespeare? ¿has pedido cita para el médico? ¿compraste los tickets para Cambridge? ¿vas a la formal dinner? No olvides arreglarte el vestido para la fiesta de fin de carrera. No olvides traerte los libros para prepararte los ensayos. ¿Qué películas necesitas para ese análisis sobre el Film Noir? ¿Has ido al Post Office a mandar el voto por correo? Sino no olvides llamar a la Embajada Española en Manchester. Y le prometiste a Nacho que irías a Barcelona. A Juan que irías a Madrid. A las chicas que irías a la playa. Prometiste también ir al pueblo, llevarle flores ala tumba de yayo, pasar más tiempo con tu madre, ir a nadar, educar a Max, repasar el teatro con tus padres, estar con yaya,...¿qué llevarás en la maleta? arreglar el ordenador, la cámara, curarme el catarro...
Casi parece que no hay tiempo para pensar.
Pero siempre hay un resquicio donde falta el aire y me encuentro de morros con él.
A veces le hablo, aunque no me escuche.
"No sé si podré perdonarte nunca, pero tampoco sé si podré perdonarme a mí".
Yo también lo eché a perder.
A veces me sonríe con su mirada verde y cínica.
"Menos mal que toda la culpa no es mía".
Y aquellas tardes de verano en Vigo flotan como fantasmas sin dejarme respirar.
"Te dije que te amaría siempre, y así es. Mi vida entera es absurda, tanto como este blog que empecé por ti.
Tanto como estas palabras absolutamente inútiles e inservibles ya. Tanto como tú y yo y lo que queda de nosotros, que sólo queda en mí,
porque tú te empeñaste en arrojarme muy lejos de tu cuerpo y enterrarme."
"Peter Pan no va a venir nunca a buscarte, Inés. Así que trágate esta mierda y sigue. Quizá es mejor pensar que nunca existió, que te lo inventaste como esa historia de la sirena en el río Ebro."
"Entonces porqué te recuerdo?"
Quizá vuelva a casa y ya me resulte extraña.
El hotel San Jorge acogerá a otras parejas que pasarán noches enteras abrazadas. Nadie se acordará de nosotros.
Ya todo sólo existe en mi memoria, como una dolorosa milésima de segundo en la que no tengo aire para respirar.
Lo último que tendré de él será ese "Ya no te quiero". No habrá nada más. Todos estaremos muertos.
Pasarán los días, los meses, los años. Habrá días buenos, días malos, días regulares. La traición de Wendy se hará real y no tendré otro remedio que seguir creciendo. Seré más vieja, más sabia, más dura. No tendré nunca más 18 años para creerme que existe el amor de mi vida.
Acabaré la carrera. Quizá empiece otra. Trabajaré. Volveré a Madrid. Quizá un día nos crucemos por la calle. Quizá ni siquiera ya pueda reconocerle. "Te dije que te amaría siempre, y así es. Pero lo que amo de ti es todo lo bueno que me diste. Eso que ya ha desaparecido, olvidado y roto. Hundido. Muerto."
"Igual que me olvidaste, me rompiste, me hundiste y me mataste."
"Igual que yo no supe evitarlo cuando aún no sabíamos mentir".
"Cuando aún el mundo era nuestro y había tiempo para pararlo todo."
Y pesadamente, Inés siguió caminando.
Cada vez más vida a las espaldas, acumulando valía, aunque ella no lo supiera...
Por favor, leed esta canción. Nunca he oído nada tan hermoso y triste:
RECUERDO (ISMAEL SERRANO)
Me levanto temprano, moribundo
perezoso resucito, bienvenido al mundo con noticias asesinas me tomo el desayuno. Camino del trabajo en el metro aburrido vigilo las caras de los viajeros compañeros en la rutina y en los bostezos. Y en el asiento de en frente, un rostro de repente, claro ilumina el vagón en sus gestos traen recuerdos, de otros paisajes, otros tiempos en los que una suerte mejor me conoció. No me atrevo a decir nada, no estoy seguro, aunque esos ojos sin duda son los suyos, mas cargados de nostalgia, quizas mas oscuros Pero creo que eres tú, y estas casi igual tan hermosa como entonces, quizas más sigues pareciendo la chica mas triste de la ciudad. Cuanto tiempo ha pasado desde los primeros errores? Del interrogante en tu mirada? La ciudad gritaba y maldecia nuestros nombres, jovenes promesas, no, no teniamos nada. Dejando en los portales los ecos de tus susurros, buscando cualquier rincon sin luz, agárrate de mi mano, que tengo miedo del futuro, y detras de cada huida estabas tú, estabas tú. En las noches vacías, en que regreso, solo y malherido, todavia me arrepiento de haberte arrojado, tan lejos de mi cuerpo. Y ahora que te encuentro, veo que aun arde, la llama que encendiste, nunca, nunca es tarde, para nacer de nuevo, para amarte. Debo decirte algo, antes de que te bajes, de este sucio vagón y quede muerto, mirarte a los ojos y tras de recordarte, que antes de rendirnos, fuimos eternos. Me levanto decidido y me acerco a ti, y algo en mi pecho se tensa, se rompe. Como estás? Cuanto tiempo te acuerdas de mí? y una sonrisa tímida responde: Perdone, pero creo que se ha equivocado, disculpe señorita, me recuerda tanto a una mujer que conoci hace ya algunos años. Más viejo y más cansado vuelvo a mi asiento, aburrido vigilo las caras de los viajeros, compañeros en la rutina y en los bostezos... 2月14日 Yo no quiero 14 de Febrero, ni te quiero sin tiVivo en un apestoso país donde todo el mundo celebra San Valentín, y hasta los que no tienen pareja reciben postales de su madre.
Me hace mogollón de gracia, porque a mí me parece una cosa muy hortera, quedan ya muy lejos nuestros dieciséis y aquellos aros de plata con fechas grabadas que regalábamos a nuestros novietes.
Después fuimos evolucionando por distintos derroteros, y quienes caímos en el engañoso y fatuo primer amor perdimos años de nuestra vida creyendo que las cosas bonitas no pueden acabar nunca.
Pero es que no sabíamos que la primavera duraba un segundo...
Fui una estrella que brillaba como ninguna otra, fui un caballito de mar que nadaba a contracorriente, fui todo lo que él quisiera que yo fuera,y fueron pasando los 14 de Febrero sin ni siquiera advertirlos. Los meses, las estaciones, eran para mí sólo parte de un calendario eterno, números que tachar, fechas que calcular. Antes de que descarrilara el último tren.
"Primavera de un amor, amarillo y frugal como el sol del veranillo de San Martín
hay quien dice que fui yo, la primera en olvidar
cuando en un si bemol de Jacques Brel conocí a Monsieur le Musicien"
Yo estaba segura de que había acabado siendo una luna que se escondía cuando él, el sol, amanecía detrás del mar.
Una luna borracha por los bares de Madrid.
¿Tenía acaso otra opción?
"Al menos, cuando te dejé, aprendiste a estar sola en Madrid. Ya sabes lo que es estar sola."
Hijo de puta.
Me mordí la lengua. Lamento habérmela mordido, aún noto el sabor de la sangre.
¿Y cómo huir si ya no quedan islas para naufragar?
Ah sí, me olvidaba, Inglaterra.
Aquí venden las pastillas para no soñar. A cambio hay pesadillas.
Navego sin rumbo, explorando la isla, aunque aún no he encontrado ningún tesoro.
Creo que en realidad, el verdadero tesoro es el valor de haber sobrevivido a un naufragio.
El otro día en una película decían "lo importante es encontrar alguien que te ame por lo que realmente eres"
¿Y quién me asegura que al cabo de tres años no van a intentar cambiarte?
"Si quieres volver conmigo tendrás que cambiar ese carácter".
Y tú deberías cambiar la basura de persona en la que te has convertido.
Otra mordedura.
Benditos malditos los que nunca han llorado hasta que se les ha cortado la respiración.
Podría pensar en las ventajas: todo esto me ha dado material para escribir.
No tengo que estar pendiente de nadie. Ni temer nada. Ni preocuparme.
Aún recuerdo aquella noche sin dormir porque no me llamó después de una juerga para celebrar que
se había sacado el carnet de conducir.
Aunque ahora también paso noches en vela.
Me sobra sitio en la cama, pero como siempre me ha gustado llevarme las mantas y tener mucho espacio...
Inés, al menos tú no has cambiado. Al menos no has intentado aparentar lo que no eras.
Madrid me cambió por dentro, no por fuera.
Esa experiencia me dio parte de lo que soy ahora, me moldeó como el mar a la arena.
A lo mejor necesito una vida entera para digerirlo y un libro para contarlo.
A pesar de todo me siento orgullosa de no haberme rendido nunca.
He olvidado la última vez que hice el amor. Y me gustaría olvidar las veces que he follado.
No dejaré que nadie entre en mi corazón, porque no soportaría que volvieran a abandonarme.
A mentirme. A aprovecharse. A humillarme. A decirme "no te quiero".
No, no voy a volver a oírlo. Y si lo hago, será por parte de alguien por quien nunca moriría.
Joaquín Sabina, que me acompaña en la banda sonora de mi vida desde hace largos años, dijo que
sólo merecía la pena morirse de amor.
Entonces maestro, yo he tenido una muerte digna ¿no?
Tanto tiempo dándole vueltas al pasado...un pasado estrepitoso...devastating...P.Andrés dice que ya estoy avanzando si
hay sentimientos, situaciones, que sólo puedo definirlas en inglés. "I´m pleased". "He was devastating". "That was amazingly boring".
Tanto tiempo volviendo a buscar el sentido a las cosas, las rutinas, perdiendo el miedo al futuro, al levantarse por la mañana y afrontar un día más...
Pero el pasado debía estar equivocado, y ya no puede hablar porque desapareció aplastado bajo las agujas de un reloj, un reloj asesino que iba descontando los minutos, adónde fueron mis minutos...
Lo mío no es el amor, aunque lo haya padecido en todas sus formas y variantes,
así que hablemos de desamor...
Os dejo pedazos de mis pedazos, pedacicos de mí que me han acompañado
a lo largo de este tiempo. Largo tiempo de soledad y silencio.
LO PEOR DEL AMOR (J. SABINA)
Lo peor del amor cuando termina Lo malo del después son los despojos Lo más ingrato es encalar la casa, Lo peor del amor es cuando pasa, Pero sin duda para mí es Ismael Serrano quien ha escrito las canciones más tristes del mundo: Qué va a ser de mí, La huida...indispensables en todos y cada uno de los viejos corazones parados. He seguido escribiendo: En días como éste te veo
Y volviendo a la realidad...una canción que no puedo dejar de escuchar. Y con esto lo dejo ya. Mañana será otro día.
IDIOTA (HUECCO)
Es inútil, no vale la pena
Para todos los que alguna vez, hemos sido idiotas...
"Otra mujer dormirá contigo
2月5日 Anatomía de una olaVolver a sonreír.
Caminar cuesta abajo de vuelta a la resi, a esta habitación. Llueve, como siempre. Y me río y no sé porqué.
De pronto quiero estar sola. Escuchar música sola. Pensar sola. Ese proceso mental que Pablo Andrés, mi amigo chileno, me trata de inculcar con tanto cariño y paciencia: Regocíjate en el dolor. No huyas, porque siempre te perseguirá. Revuélcate en los recuerdos y luego di ¡basta!.
Abro los ojos. Vuelvo a sonreír. En esta maldita ciudad sólo sale el sol una vez al mes, y es cuando más frío hace.
Exprimo los días como limones agrios en ese regusto final. El tequila, la cerveza, el ron, el sambuca. Todo tipo de bebidas- ¿te acuerdas porqué cojones empezaste a beber?- yo sí que me acuerdo. Y ahora estoy de Erasmus. El Erasmus es mucho más que una botella, pero también hay muchas más botellas de lo que la gente cree. Para mí el Erasmus es conocer, es aprender, es juzgar, es volver a sonreír. Es la lluvia y la mueca de asco cuando sirven la comida. Es la risa, la aventura, el conocer gente de todo el mundo, el comunicarme, el echar de menos, el vivir sola, el independizarme, el organizarme, el aprender de una puta vez a vivir con heridas incurables. El no echarles más sal. El aconsejar, el escuchar, el querer y no querer, el saber que esto es sólo un momento. Sólo unos meses que serán un sueño cuando haya acabado. Es dormir, es no dormir, es las fiestas, los días de estudio y las interminables clases. Un reto para la cabeza. Otro reto para el corazón. El saber que puedo. El saber que lo he hecho ya. Que lo más difícil lo he pasado.
La vida por delante ya no me da miedo. Sigo siendo insegura, pero ya no me da miedo afrontar el futuro. Antes pensaba que no había más allá de las ruinas en las que se habían convertido mis sueños. Ahora me he acostumbrado a coger aviones, a viajar sola, a comer sola, a pensar sola, y a veces no quiero pensar con nadie más. Sólo a veces en sueños se repiten algunas pesadillas, pero también he aprendido a contener las lágrimas.
Ya no me importa tanto lo que la gente diga o piense de mí. De verdad, con el paso del tiempo lo he ido pasando a un segundo plano totalmente. Lo único que me importa es la gente que quiero. Cúantas veces pienso en el año pasado, qué bueno fue perderlo todo para volver a construirme de nuevo. Para no tener miedo. Este finde he volado a Girona, pero también he estado en Barcelona con Nacho. Quizá nunca lo sepa, pero reencontrarme con él ha sido como de alguna manera reconciliarme con parte de mi pasado y me he dado cuenta de hasta qué punto nos cambió Madrid a los dos, haciéndonos parecer ahora tan distintos, llegando incluso a entendernos. Se ha portado tan bien conmigo...no creo que lo pretendiese, pero sin duda ha redimido mucho de lo que pasó.
A veces las pequeñas cosas que parecen insignificantes son las que más valor acaban teniendo. El silencio. Una mano apretada, un abrazo. Inma me pregunta por él. Se acuerda de cosas. A veces me río.
Volver a sonreír.
Cojones porqué es tan difícil.
Inma no me dice que me quiere, pero me tiene en su mesilla junto con Elisa y su hermana. Me envuelve el bocadillo en papel de plata para el avión. Me lleva al aeropuerto en coche, a regañadientes, a las 7 de la mañana. "Mándame un correo y dime que has llegado bien".
He aprendido a contener las lágrimas, pero si alguna noche me desvelara y me encontrara llorando en el sofá, vendría de puntillas, me cogería la mano y me diría "Ay Inesica...".
"Everybody´s gonna learn sometime". Sí. Ya lo sé. Y Joel le decía a Clementine "follando, así es como te ganas a la gente ¿no?" y Arlene le dice a Eugene "no puedo acostarme con alguien sin estar borracha". Y el sonido de cristales rompiéndose todavía está en mi cabeza, como un eco que de vez en cuando me recuerda a frases de películas que me han marcado. "El cine y los libros son el refugio de nuestros sueños cuando tienen frío" -dice Fernando Fernán-Gómez en "La lengua de las mariposas".
"Everybody´s gonna learn sometime". A todo el mundo le han dejado de querer alguna vez, ¿no?
En consecuencia han aprendido todo este rollo de vivir solo, de volar solo, de pensar solo en sí mismo y ensimismarse con los paisajes en los trenes y autobuses, en los coches.
Han aprendido a volver a sonreír sin mucha convicción, pero con mucho empeño.
Y todavía queda recuperar muchas cosas. Al menos ya no tengo miedo de afrontarlo. Me estoy divirtiendo, estoy aprendiendo, pronto vendrá Leticia a verme, luego Inma, luego volveré a casa con mi family y Cusi y Gordo, nos iremos a la playa Ami, las chicas y yo, y las noches calimocheras, y volver, y volver a volver y seguir perdiendo el miedo, porque a todos nos han dejado de querer alguna vez y en consecuencia hemos pasado noches sin dormir preguntándonos porqué, pero como dice Juan hay cosas que no tienen respuesta y es mejor preguntarse qué será lo que en su lugar nos traerá el destino. Al fin y al cabo, si es la mitad de hermoso de lo que fue para mí, tiene que ser algo realmente bueno.
Escribo esto con dolor, como casi todo lo que escribo. ¿Qué sería de la Inés-futura-escritora sino?
No se puede escribir sin haber vivido la vida tan intensamente como yo lo he hecho...y lo sigo haciendo cada día.
No pretendo hacer creer a nadie que estoy de puta madre, y los que me conocen saben que nunca me haría pasar por alguien que no soy, así que probablemente pasarán meses, por no decir años, hasta que deje entrar a otra persona en mi corazón. Eso lo sé y no me hace falta que nadie me lo diga. Me conozco bien. Escribo tal y como me he ido desangrando y a la vez reconstruyendo como he podido a lo largo de estos meses, que pronto serán años también. No importa ya de quién fuera la culpa en un momento o en otro ni pienso hablar sobre esa mieda. Sólo sé lo que he sentido a lo largo de los últimos años de mi vida y que un día, llegó de mala manera ese golpe, ese momento en el que todos aprendemos.
Sí, y de eso en realidad es de lo que estoy escribiendo. De ese aprendizaje. De ese esfuerzo por encontrar mi camino de vuelta, por darle sentido a mi vida otra vez, con cosas diferentes que no pensé que tuvieran tanto valor. Es Febrero de 2008, y podría hablaros de las fiestas, las alegrías, las sonrisas, los buenos momentos, pero he preferido como siempre hablar de lo que hay en las tripas y plasmar en imágenes todo lo demás:
"Hoy he de navegar y descubrir
el sabor a sal del mar
en la cresta de qué ola dejé mi silla de montar
al abrigo de una piel curtida
arropada por la experiencia de una vida
como aquel palillo que flotara
en un inmenso océano que alguna vez lo maltratara
que nunca hundiera ni guiara...
anatomía de una ola
anatomía de una ola
anatomía de una ola..."
Y ahora, un poema. Esta vez Rimbaud:
SUEÑO PARA EL INVIERNO
a ella... En el invierno viajaremos en un vagón de tren con asientos azules. Seremos felices. Habrá un nido de besos oculto en los rincones. Cerrarán sus ojos para no ver los gestos en las últimas sombras, esos monstruos huidizos, multitudes oscuras de demonios y lobos. Y luego en tu mejilla sentirás un rasguño... un beso muy pequeño como una araña suave correrá por tu cuello... Y me dirás: «¡búscala!», reclinando tu cara -y tardaremos mucho en hallar esa araña, por demás indiscreta. 1月4日 Ready for the good timesHago y deshago y vuelvo a hacer maletas, cojo aire, miro hacia delante, fumo en la ventana, me río con mis amigos, miro embelesada los escaparates, juego con mis gatos, compro billetes de avión, siento que tengo un puñado de lugares que me pertenecen...las uvas como siempre se me amontonaron en la boca. Pero la sonrisa aún tímida, quería escaparse de los labios. Lo bueno y lo malo del pasado es que no volverá a repetirse.
Mañana haré la maleta de nuevo rumbo al país del té con custard creams, el pan de ajo con brócoli y las ardillas.
Volveré a beber cerveza, a dejar de fumar, a las clases de cine, el lunch en Portland y el dinner con Ángela, Sheila, Nico, Josh, Damien, Jeremy y compañía. A las noches absurdas en el Social. A las risas con Carmencita. Las charradas con César, Rubén, Ángela...Cristina, Justine, Silvia, Carlos,Lucía, Hans, y ¡claro que sí! Tabs y Violeta. A picarme con Danielito y Hans. Y comprarle algo a Jérèmy jajaja!! No faltarán las fiestas en casa de Rubén, Oceana y el Cucamara. Y un buen Dogma y un Amigo´s para acabar, ¿eh Carmen?
Así que no va a estar tan mal después de todo
El 2007 fue innegablemente un año difícil. A veces leo cuadernos (antes con destinatario de carne y hueso, ahora sólo el siempre recurrente olvido) y me cabrea comprobar cúanto dolor hay en esas páginas. Borrones de tinta que fueron lágrimas. Palabras desgarradas que él nunca leería. No tenía porqué haber aguantado tanto sufrimiento, pero si lo hice fue porque pensé que merecía la pena. ¿Me equivocaría otra vez? Dicen que el ser humano es el único que tropieza varias veces en la misma piedra...Llegué al límite de lo que mi corazón podía soportar, de eso estoy segura porque ha sido un camino muy difícil hasta hoy. También dicen que para olvidar el primer paso es perdonar pero hay cosas que no me siento capaz de perdonar nunca. Cosas que por mucho que les doy vueltas no les encuentro justificación. "Tal vez la respuesta sea el no preguntarse porqué". A los que vivimos la vida con pasión, con intensidad, y decimos siempre lo que sentimos, nos resulta tan inverosímil haber ido a caer con alguien que con el paso de los años es en realidad tan vacío, tan hueco, tan insulso, que hace daño sin saber ni siquiera porqué lo hace, que vive sin saber porqué vive, que ni ama ni odia, no hay nada en su alma, nada en sus venas. Asumir eso, masticarlo, llorarlo, escribirlo, cuando parecía totalmente diferente, es difícil, es duro, y en ese punto final me encuentro yo ahora.
De todo lo que me dijo aquella tarde de Julio sólo hay algo en lo que tenía verdadera razón. En que él no era suficiente para mí. Lo he pensado mucho desde entonces y muchas veces esa simple frase me ha ayudado a seguir adelante. Entre "Tener y no tener" y "eternal sunshine of the spotless mind" pasaron meses difíciles en los que muchas veces quise saltar y acabar, escapar. ("No estoy seguro de qué haría, creo que saltaría, la ventana es un buen lugar para escapar...") pero siempre hubo alguien a mi lado para cerrarme las ventanas.
Entre tanto surgió mi pasión por el cine, tuve mi primer trabajo serio, me concedieron el Erasmus, pasaba los días en Alcobendas y las noches perdida por Malasaña, me metí en el grupo de teatro (lo que dio lugar a numerosas aventuras, dignas de telenovela) y conocí a Juan. Juntos reinventamos Madrid y todo tomó un color diferente. Acabamos brindando en el Peor para el Sol, yo llevaba un vestido dorado y Sabina nos guiñaba un ojo desde la pared. "La próxima vez que pasemos por Tirso de Molina, saldrá al balcón a cantarte Rubia de la cuarta fila."
Madrid no ha vuelto a ser la ciudad de la lluvia y los fracasos, el desamor y la desesperación. Lo bueno del pasado es que jamás vuelve a repetirse, ¿recordáis?
El resto ya lo sabéis los que habéis estado a mi lado sin restricciones. Sin vosotros no habría podido. Cualquier detalle, cualquier gesto de cariño, ha sido fundamental para mí y los recuerdo todos y cada uno y los llevo conmigo. Desde vuestras visitas a Madrid, hasta las fiestas y filosofadas del verano pasando por estas Navidades que han sido inmensamente felices. No puedo más que decir que estoy preparada para los buenos tiempos y para seguir dándolo todo con vosotros.
Y sí, tanto pasado ya cansa. ¿Porqué no hablar del futuro? me quedan unos cuantos viajes pendientes, Barcelona, Girona, Madrid, después vuelta a casa, verano (ya empiezo a hace planes), acabar la carrera, sacarme el carnet, y después...¿regreso a Madrid? ¿estudiar Periodismo, o traducción? ¿liarme la manta a la cabeza y empezar oposiciones? ¿América, quizá? Quién sabe. De momento empecé el año viendo "Casablanca" por enésima vez. Qué tiene esa película que me encanta...Todavía hay mucho que ver. Muchas cosas que hacer. Sí, ¡aún tiene que llover mucho!
¡
Os dejo con unas fotos de estas Navidades!
11月20日 carta a mi mejor amigaQuerida Inmika Son las tantas de la mañana en Sherwood y he sentido la necesidad de escribirte. Por si no te lo dije, vivo en un bosque. Rodeada de árboles, prados y ardillas. ¡Qué majicas son! cuando por la mañana voy a la facultad siempre están jugando a encorrerse entre las hojas secas y caídas. Y suena ese ruido "cras cras" a mi alrededor y bajo mis pies. Y el silencio. Ayer nevó, ¿sabes? Cuando hablamos ayer sentí mucha tristeza. Pero no, no sólo porque no pudierais venir. Sé que siempre tienes una buena explicación para todo. Pero sentí una tristeza extraña. Pensé, como dijo el poeta aragonés, que me haces una falta sin fondo. Escucho tu voz al otro lado y la escucho, creéme, más a menudo que la de cualquiera de mis amigos y amigas. Pero a veces parece una voz opaca, una voz sin sentimiento. Como una llamada que haces por inercia. Llevamos tanto tiempo sin estar juntas de verdad que todo es ya lejano y vacío en el tiempo y en el espacio. Muchas veces pienso en aquellos años. Cuando volvía de la facultad y me pasaba por tu casa y me recibías en albornoz rosa. Mirabas por la ventana y hablabas de tus proyectos de futuro. ¡Qué lejos parecían! ¿verdad? qué diferente era todo entonces. Creíamos que todavía quedaba muchísimo para ir cumpliendo nuestros sueños...y ahora me encuentro en esta tarde helada de otoño, a miles de kilómetros de ti, de mi casa y de todo lo que compartimos una vez...y me doy cuenta de que todo pasó demasiado deprisa, y que algunos sueños se cumplieron y otros se deshicieron como la bruma de la mañana. Inma, ¿en quiénes nos hemos convertido desde entonces? ¿Porqué tu voz de pronto me parece tan absurda, tan vacía? Tú encontraste a alguien con quien compartir tu vida y luchaste por esa persona como yo luché en su día. Ya te lo he dicho muchas veces, no me atrevo a decirte nada de lo que puede pasar. ¿Quién soy yo? creo que tú tenías que hacer lo que has hecho y tenías que irte. Pero créeme, ya nunca será lo mismo. Lo noto y me pregunto si crecer no es lo más terrible que nos puede ocurrir. Crecer significa adquirir experiencia y adquirir experiencia no es más que acumular dolor y tristeza como una losa a las espaldas. Asumir las derrotas. Volverte más independiente a medida que compruebas que en realidad, en esta vida al final estás tú contra ti misma. Nadie más. No hay nadie más feliz que quien ignora todo, quizá por eso tú y yo éramos felices hace unos cuantos años. Muchas noches he soñado que volvía a tener diecinueve y aún tenía tiempo, aún podía ser feliz, aún podía evitar que todo se derrumbase y mi vida se quedara de pronto en ruinas. Empezar de nuevo nunca es fácil, y , tú y yo lo hemos hablado muchas veces, que el tiempo NO lo cura todo. El tiempo actúa como un parche sobre la herida pero nunca la cierra del todo. Ahora estoy haciendo algo que siempre he querido hacer y estoy orgullosa d ello, y tú estás haciendo algo que siempre habías querido hacer y también estás contenta. Pero nos falta algo, y te escribo a ti,que siempre has sabido lo que había en mi corazón antes que nadie, porque tú me faltas más que nada. Siento que te has alejado como los años en los que reíamos a carcajadas de cualquier tontería. Eras la persona más divertida del mundo. Decías que nunca te ibas a enamorar. Después de eso te he visto llorar demasiadas veces. Yo siempre estaba sonriendo, me decía Victor. Y ahora cuando me ve me pregunta que porqué tengo la mirada siempre perdida. Me pregunto si me he convertido en una mujer triste y me pregunto en qué te habrás convertido tú. Vas a venir dos días en Navidades. ¡Dos días! ¿crees que eso es algo? ni siquiera te dejarán tiempo para respirar. No tendrás apenas tiempo para darme un abrazo. Como cuando viniste de Londres...cúanto te había echado de menos. Nunca lo sabrás, y las personas que lo supieron están muertas hace tiempo. Hay promesas que nunca podremos cumplir, pero desde aquellas no hemos vuelto a hacer otras-otras que sólo nos incumban a nosotras dos- quiero pasar un día entero contigo a solas y preguntarte por tus recuerdos. Llorar y reír si hace falta. Te he perdido, siento que te he perdido en una rutina espantosa de noches frías y días sin sentido. Sé que de alguna manera nos hemos hecho mayores aunque me niegue a verlo. La vida Erasmus me tiene demasiado entretenida como para pensar demasiado, y a la vez nunca le había dado tantas vueltas a la vida. Y eso es porque creo que lo pienso todo cuando estoy dormida, porque por las mañanas recuerdo todo lo que he estado soñando y es alucinante. Las dos estamos viviendo nuestra vida, la que tantas veces hablamos juntas de vivir. Algunas cosas las hemos elegido, otras no, en todo caso nuestros actos han tenido consecuencias. Yo soy la primera que cometí muchos errores de los que ya no me sirve arrepentirme. También creo que en otras ocasiones no nos hemos merecido lo que nos ha tocado pasar. Such is life, me repito continuamente, aunque sea la persona más cabezona del mundo y me resulte casi imposible asumir mi propia vida, mis fracasos y mis derrotas. Sabes que siempre has sido el hilo más fuerte que me ha atado a la realidad. En realidad no quiero reprocharte nada, sólo quiero escribirte. Se me da bien, y además no puedo dormir en este maldito país. Algún día espero recibir una carta de esas tuyas que guardo como un tesoro en mi cuarto. En casa...ya huelo a naranjas y a niebla y tortilla de patata de mamá. Estoy muy bien aquí en realidad, pero necesito volver a casa. Tengo demasiados seres queridos a los que abrazar y dos gatitos a los que cuidar y educar. Me pregunto si Max y Abra serán tan buenos conmigo como lo es su madre, y seguramente les consentiré y les mimaré como hago con ella. Sé que todos estarán esperándome, que todo seguirá como siempre, pero tú y yo...tú y yo...algo ha cambiado en nosotras. Y algo me sigue faltando todavía. Seguiré aquí, como siempre he hecho. Seguiré abriéndote mi corazón porque lo sigues mereciendo a pesar de todo. Ya sabes, el destino nos traerá año tras año lo que nos tiene reservado, sólo tienes que mirar atrás...cúanto ha llovido desde que nos conocimos. ¿6 años? o desde aquella mañana de Diciembre en la estación, cuando me diste un anillo y yo me sentía feliz. Inma, aún no sé lo que es eso. O quizá es que ya no puedo recordarlo. Aunque lo que creo es que no existe al fin y al cabo. Se suele creer que las cosas que te hacen feliz tienen que durar para siempre necesariamente. Al menos yo lo creía. Pero en realidad sólo existen los pequeños momentos de felicidad, las cosas pequeñas, los momentos que pasan demasiado deprisa. Eso es lo que recuerdo y por otro lado lo que me hace tener ilusión por la vida. Como siempre dices..."si pudiéramos ver por un agujerico cómo estaremos de aquí a 5 años..." La verdad es que no podemos saberlo, pero imagino que la vida puede darnos miles de vueltas de campana. Yo sólo quiero que estés conmigo como siempre has estado. No podría imaginar un futuro sin ti, no puedo ni quiero imaginarlo. Hay muchas personas que aparecen a lo largo de la vida, pero sólo unas poquicas llegarán hasta el final... Espero tu llamada. Te quiere ...................... |
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