Clementine さんのプロフィールDIARIO DE UN NÁUFRAGOフォトブログリスト ツール ヘルプ
7月22日

As nubes no ceo...van e veñen

 

 

Para Nate Borowski, un ser tan auténtico que parece un personaje de ficción

 

 

 

 

Aquel mediodía hacía un calor bochornoso, mortífero para cualquier gallego. Él aguantaba, quejándose de vez en cuando, y a mí me hacía mucha gracia.

-¿En qué piensas?

-En que nos habríamos cruzado alguna vez, subiendo alguna cuesta, saludando borrachos en el puerto, quizá.

-¿Ves? Y ahora estamos aquí. Rodeados de ranillas. Adivinando las formas de las nubes.

Miré al cielo. En el día más caluroso del verano, empezaban a formarse nubes como ovillos de lana.

-Eso es un buitre.

-¿Un buitre? ¡qué va! Es un lagarto. Uno de esos que se pone en las tapias a tomar el sol.

-No, es Bob Dylan tocando la armónica. ¡Nunca pensé que disfrutaría viendo un concierto de ese viejo carcamal!

Sonrió. Siempre parecía que lo hacía a medias.

Él no lo sabía, pero me inspiraba una ternura enorme. Sentía una extraña empatía con él, inexplicable, tan diferente y a la vez tan cerca...no necesité preguntarle nunca si había sufrido algún naufragio. Se notaba en la manera en que miraba, que había pasado años a la deriva. 

¿En qué momento, en qué lugar te encuentras a ti mismo? ¿dónde tendremos la sensación de que ése es nuestro hogar? Quizá me sentía cerca de él porque los dos estábamos tan lejos del cielo de las personas normales.

-Acércate, que te hago una foto. Tenía una mariquita posada en la mejilla, y él ni se daba cuenta. Pero tras el flash, se asustó y se metió entre la hierba. Después echó a volar muy alto para ser una mariquita.

-He estado pensando en lo que has comentado antes de los recuerdos- dijo, haciéndose visera con la mano. He pensado que voy a fabricarte nuevos recuerdos felices que sepulten a los recuerdos felices que ya tienes. Porque dices que son los más tristes-Añadió.

Asentí vagamente mientras arañaba la hierba con los pies.- No sé si eso es posible- dije finalmente.

-Sí que lo es. Iremos a mi casa. Te llevaré de la mano y te dejaré allí castigada hasta que quieras salir. Y lo harás porque te darás cuenta de que ya nada es igual, y la ciudad será otra, y tú serás otra, y tu casa ya no existirá, porque está en el fondo del mar junto con tu caja de tesoros.

Y tu isla ya no será tu isla, sino el decorado de una nueva película.

-¿De zombies?

-Por una vez, dejaremos a los muertos descansar en paz.

Ahora sí que sonreía del todo. Le hubiera dado un abrazo como el de aquella noche en la que él lloraba y yo llevaba un pijama rosa. En la mesilla una botella de ¿era algo parecido al licor café? que daba a la escena un toque grotesco, éramos dos homeless aplastados por nuestros recuerdos en un sofá raído.

Sí, nos habríamos cruzado muchas veces, entre los portugueses en Samil, en el centro comercial de las Traviesas, comiendo un gofre en Príncipe, paseando junto al bar El Sireno. Y sin embargo fuimos a desembocar en Madrid, desagüe de los sueños que nacieron muertos. Donde ni siquiera nos reconocimos a nosotros mismos.

Esta vez, la foto era en blanco y negro. Paul solía decir que así, las fotos tenían más encanto. Y esta me gustaba mucho.

-Fabricaremos nuevos recuerdos, y recuperarás parte de lo perdido. Te lo prometo.

Parte de lo perdido. Parte de lo que tenías adentro y ahora está hueco como una pluma.

Mordisqueé una brizna de hierba, él tarareaba algo que sonaba a Radiohead.

-¿Una pluma de esas que escriben?

Las nubes se habían disuelto en el cielo demasiado pesado para dos náufragos.

-Si quieres, puedo empezar con el guión...

 

 

 

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7月8日

Eh Sabina

A mí me gustaba Sabina antes de saber que era Sabina. Cuando era pequeña, en las fiestas del pueblo, esos días felices de principios de Agosto que olían a cloro, a pólvora y a chocolate caliente...una canción no paraba de sonar en el baile, mientras yo corría con los críos entre los banderines y los petardos. Era "Y nos dieron las diez" y es la culpable de que me emocione cualquier orquesta cutre de barrio o pueblo. Toda la vida he sentido una nostalgia profunda con esa canción que de alguna manera representa mi infancia.
 
Consciente ya de quién entonaba con voz rota esas letras que tanto me gustaban, le redescubrí de adolescente. Fue "Y sin embargo" la primera canción que me hizo llorar, lo recuerdo bien, con dieciséis otoños y todavía muchas primaveras por delante. "Nos sobran los motivos" sigue siendo mi disco preferido entre los muchos que he ido acumulando a lo largo de mi vida.
Mi primer novio me regaló "Dímelo en la calle" grabado por él, todavía lo guardo pintarrajeado de corazoncitos y escrito con esa letra tan bonita que tenía. Pasarían muchos años hasta poderle ver en concierto, golpeando su bastón contra el suelo, viejo y ajado como su voz. De ese día recuerdo que escribí un mensaje, que se repetiría como una maldición: "Y sin embargo cuando duermo sin ti, contigo sueño...".
Y recuerdo llorar y llorar con "Contigo", y oírle decir, irónicamente ,"No se me mueran nunca, buenas noches"...
 
Yo morí, pero él siguió dándome consuelo, acompañándome en las noches y en los días, con sus sabias canciones, cada canción una lección, que te animaba a seguir adelante. No hay nadie a quien admire más que a este hombre, que sin ninguna duda ha escrito la banda sonora de mi vida:
 
En Galicia comprendí que al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver...y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Yo no sé quién coño me robó el mes de Abril. Vendí mi alma al demonio para vivir una doble vida: mientras me escapaba a la Magdalena alguien me dedicaba una canción y yo escribía "Flaco, pórtate bien, au revoir, buena suerte en París". Nunca quise besar tu cicatriz ni cargar con tus maletas, ni contigo ni sin ti ni saber porqué lo hiciste, así que me convertí en esa absurda epidemia que sufren las aceras. Nunca cogimos a tiempo el tranvía que nos hubiera llevado al barrio de la alegría, y ahora estar aquí en mi escalera silbando no me sirve de nada. Luzco los tatuajes de un pasado bucanero y no sé cómo huir si ya no quedan islas para naufragar. Debí haber sabido antes que siempre hay un barco que naufraga en Madrid, que siempre hay un sueño que despierta en Madrid. Yo te pedí que me llevaras al fin del mundo y tú pusiste a mi nombre todas las olas del mar. Nos miramos un segundo como dos desconocidos. Y hubo tanto ruido que al final llegó el final: la sordera. En el lugar donde las niñas ya no quieren ser princesas y les da por perseguir el mar en un vaso de Ginebra. Entre la zirrosis y la sobredosis, andó desde entonces esta muñeca. ¿Para qué quieres saber mi nombre si cada noche uso uno distinto? si me quitas con arte el vestido te invito a champán...¿Y tu corazón? Peor para el sol, que se mete a las siete en la cuna del mar a roncar...y así salía de ronda la luna borracha por las calles de Madrid. Mi vida era una sala de espera sin esperanza, pues no había lágrimas que valieran para volver. Sin embargo, descubrí que tenemos memoria, tenemos amigos, tenemos tabaco, la risa, los trenes... más de cien mentiras que valen la pena, y volví a verme viva en las pupilas de Juan y Nacho. No dejé que me impidieran galopar ni los ladridos de los perros ni la quijada de Caín. Me lancé a vivir otras vidas, a probar otros sueños. Inglaterra. La rubia de la cuarta fila que descarriló en el último tren. Cuando en vuelo regular pisé el cielo de Madrid, me esperaban los pies en el suelo que no se acordaban de mí. Y no volví más a tu puesto del Rastro a comprarte corazones de miga de pan, soldaditos de lata. No, no voy a pedirte perdón. ¿Para qué si me vas a perdonar porque ya no te importa? ya nadie me escribe diciendo "No consigo olvidarte" y es que desde que te fuiste vago por los tejados como una gata sin dueño, sólo esperando a ver si amanece por fin...
Bah, llueve sobre mojado...Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción.
Mejor será seguir volando, soplando la raya del amanecer. Eh Sabina? Es una putada que a los dos nos guste el verbo fracasar.
 
Y a todos ustedes, gracias por haber venido durante todo este tiempo a abrigarme el corazón.
 
Little Princess (así me llaman en el trabajo, jeje) y sus gatitos caprichosos y consentidos.
 
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