| Clementine さんのプロフィールDIARIO DE UN NÁUFRAGOフォトブログリスト | ヘルプ |
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5月11日 Merry-go-round2 años, 1 mes y veintitantos días después de conocer a Golfo, cometía mi suicidio públicamente en una red social de Internet. Estaba harta de sus promesas. Estaba harta de sus palabras que en el fondo, no decían nada. El paso del tiempo y el tedio de la rutina me habían mantenido pendiente de él, porque no había llegado a encontrar nada mejor, y porque no hay nada como el encanto de la distancia. Entre Golfo y yo no había más que bares oscuros, filas de rayas de coca, portales sucios al abrigo de la luna. Mi corazón para él no era más que una lata de cerveza a la que patear cuando la acabas. ¿Y su corazón? tampoco, hasta ahora, me había interesado saber de qué material estaba hecho.
Y me daba la impresión que estaba recubierto de esa basura tirada por las calles más desquiciadas de la ciudad prohibida.
"¿Y qué le has dicho?" Sadie me miraba con los ojos muy abiertos. Había decidido contárselo porque Sadie siempre saca el lado bueno de todo. Es decir, es una persona altamente beneficiosa para mi perversidad autodestructiva.
"Básicamente, le he dicho que era una pena que al final sus promesas de venir se quedaran en nada, porque hay otros en la lista de espera para hacerme guarradas..."- Sadie me miró horrorizada. "¿Le has soltado eso? ¡es horrible!"
-"Lo sé, pero no acaba ahí. La guinda es que le he dicho que todas esas guarradas las prefería con él."
-"Bueno, ahí lo has apañado como has podido"
-"En realidad no era ésa mi intención. Una vez enviado ese mensaje quería releerlo y convencerme de lo patético que resultaba. Así esperaba olvidarme antes de Golfo. Adiós a la dama y el vagabundo, sexy Sadie." -Sonrió.
Después, mientras enfilábamos las calles de las Delicias, hablamos de lo de siempre. La repugnancia que nos producía el sexo masculino en general y nuestros ligues en particular "Jo tía, es que es una putada engancharse siempre de los inaccesibles"- "Cabrones"-añadía yo. Y así como todos los días. Era una constante sensación de déjà vu. Cuando llegamos al cruce que separa dos barrios, le dije a Sadie "¿Crees que he hecho una tontería dejando mis debilidades al descubierto con alguien con quien no tengo absolutamente nada en común y absolutamente ningún futuro?" Ella lo pensó un momento. Era sin duda, difícil de responderme al menos sin herir mi sensibilidad. Pero Sadie siempre veía el lado bueno de todo, así que riendo me contestó: "Tía, has hecho lo que tenías que hacer. Estabas hasta el coño de promesas y le has venido a decir que mueva el culo si quiere algo de verdad. Ya verás como algo te contestará".
-"Y volveréis a lo de siempre...." me dije mientras recapitulaba. "¡Horror!"
-"¿Sabes qué?" Sadie se volvió antes de desaparecer por su calle. " Voy a pasar del poli ese que no para de llamarme. Está muy bueno, pero creo que tiene oscuras intenciones. Sino, ¿para qué habría de llamarme tanto? no hay conexión mental, tía, que tienes razón, que es lo principal...además, me ves tu a mí con un poli?"
Y sabía lo que pasaría después: llegando a mi casa, llamaría a Kayla, le diría que había encontrado por fin ese restaurante japonés que tanto nos gustaba, que la próxima comida de chicas con ella y Susie sería allí, que me pusiera al día de su no-relación barra rollito de primavera con ese chico que se parecía tanto al Morgan de Mentes Criminales. Estaba loca por él, tal vez fuera cierto, pero compartía conmigo el no tener otra cosa mejor y un aburrimiento soberano- bendito Erasmus que nos liberó por unos meses de todo esto- y sabía que en la semana llamaría Paige y me contaría la misma historia de todas las semanas, y el viernes llamaría Rachel para cotillear sobre el vestido de la boda de Joan y Heather para rescatarme por unas horas frente a unos litros de calimocho con mora en algún antro al que alguna vez pertenecimos y que ya tenía completamente olvidado.
Y quizá Golfo reaparezca algún día, y me diga que si alguien tiene que hacerme guarradas ése será él, que para eso fue él quien me enseñó a ser la Magdalena del distrito de la línea uno. O tal vez nunca jamás vuelva a saber de él, con el rabo entre las piernas desde que leyó ese simulacro de contrato temporal de exclusividad por parte de una rubia que creyó tonta.
Pero seguro que pase lo que pase, todo seguirá dando vueltas en un tiovivo que dejándome mareada, no me permitirá apreciar bien la realidad en esta ciudad gusanera en la que nunca, nunca pasa nada.
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