| Clementine さんのプロフィールDIARIO DE UN NÁUFRAGOフォトブログリスト | ヘルプ |
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4月21日 con la frente marchita"Miro el reloj del móvil, las cuatro y aun sido despierta. Imagino tiempo mejores. Y me vuelvo a prometer que nunca más dejaré que nadie me haga daño. Que no volveré más ni por compasion. Aprenderé a sobrevivir con esta herida, aunque duela pero aprenderé seguro y será rápido.
¿Dónde? ¿En qué momento, en que palabra se deja de querer a alguien? ¿Dónde? ¿En qué lugar, por qué razón se deja de sentir sentimientos que han estado aquí durante años? No hay explicación. Simplemente sucede."
Estas palabras, sacadas de otro blog, de otra vida, de otro corazón ajeno pero tan similar al mío, me han inspirado.
Escribo esto no solo pensando en mí, sino en todos y cada uno de los que me lean y hayan pasado por lo mismo.
Espero alguien se sienta también identificado/a y sepa que no está solo/a.
¿Cúantas veces me he prometido lo mismo, me he hecho la misma pregunta?
¿Cúantas noches no he podido dormir, tratando de devanar la madeja de hilos enmarañados que es mi vida?
"Inés tú siempre tienes que buscarle explicación a todo. Y a veces, sencillamente, no la hay. No la hay."
Pero, ¡sí! por Dios, tiene que haberla. Tiene que haber una explicación de porqué la pasión, la desesperación, se convierten en desdén e indiferencia, porqué ya no se desea un cuerpo antes único refugio, porqué no se siente compasión ante unas lágrimas que hubieran sido bebidas una a una tiempo atrás. Quién tiene poder para matar un amor que trató de atravesar un oceáno, un país, el mundo entero.
Salvatore dice que todo eso es cuestión de química. Que el amor sólo es química. Y me cuenta el fenómeno reduciendo la más apasionante historia de amor a un puro proceso de hormonas, endorfinas y no sé qué más. ¡Estos científicos!
No. No puede ser tan simple. Ha habido gente que ha muerto por amor. Gente que ha muerto por dentro, por fuera, y que en el mejor de los casos, ha conservado toda su vida esa herida, esa huella de que ha habido una enfermedad asolando algún órgano del cuerpo, en este caso el corazón.
Los mejores poemas, las mejores películas, las mejores canciones hablan de eso. Y ya no me remito sólo al maestro Sabina, a Luis Cernuda o a "Casablanca", por poner ejemplos, sino que ya en la época romana Catulo escribió algunos de los más hermosos poemas de desamor a mi juicio.
Tal vez el único consuelo sea saber que el desamor es universal.
Podría contar muchas historias parecidas a la mía. No en la forma, pero sí en el fondo. Casi todos podríamos contar una historia con un triste y desgarrado final. No es dramatismo, es realidad. A veces pienso que es una de las pocas cosas ya que nos humaniza.
Sí, me he hecho esa pregunta miles de veces. En qué momento me dejó de querer. Tal vez ni siquiera se dio cuenta, y sólo empezaron a irritarle mis sonrisas, a asquearlen mis momentos malos, a aburrirlen mis palabras, a ignorar mi cuerpo desnudo porque soñaba con desnudar otro distinto. Yo no quería darme cuenta, nadie quiere darse cuenta de eso. Nadie quiere oír de esos labios tan besados, tan mordidos por los tuyos, aún calientes: "Ya no te quiero". Nadie quiere oírlo. Nadie queremos oírlo y hasta que ese día llega nunca creemos que vayamos a escucharlo de esos labios calientes, ya envenenados.
Después lloras, y la gente te da miedo, la vida te da miedo, vas por las calles con la mirada perdida, los párpados hinchados, y te acercas a la orilla del mar, y lloras, y lloras hasta que la marea sube y te moja los pies.
Crees morir, o ¿cómo llamar a esa ráfaga de dolor intenso que te recorre a cada minuto? ¿que no te deja respirar, apenas llorar?
Tus amigos impotentes, te escuchan llorar como un bebé, te cogen, te mecen, no saben qué decir, furiosos a veces, otras resignados.
Crees, en efecto, y no es un tópico, que la vida ha perdido todo su sentido, que las rutinas se han venido abajo, que es totalmente imposible vivir sin esa persona, sin más oler su piel o sentir su abrazo protector cuando afuera, en el mundo, hace frío.
Se te pasa todo por la cabeza, piensas en mandarle un mensaje, piensas en llamarle, piensas en matarle, después en matarte tú. ¿De qué vale ya vivir si no me quiere? Ideas descabelladas recorren tu cabeza todo el día, no descansas.
Es verano, pero qué importa. Es invierno, pero no lo notas. Vas siendo consciente de que ya no hay planes de futuro, ya no os iréis a vivir juntos, ya no habrá nada de nada. Otra mujer dormirá con él y pondrá nombre a los tres hijos que fantaseabais con tener. Otra usurpará tu lado derecho en la cama. Otra será mordida, follada, abrazada y reñida por él. Otra será, quizás, también abandonada.
Te vuelves loca. No reaccionas. Todo sigue dando vueltas, pero a ti te da igual. La idea de que él ame a otra te enferma, te hunde en la más absoluta de las miserias. A ratos crees que estás loca, a ratos crees que estás muerta, pero no levantas cabeza.
Promete ser un largo verano. Un devastador invierno. Una amarga primavera. Un, con un poco de suerte, condescendiente otoño siguiente.
El tiempo va pasando, sí, y hace su minucioso trabajo de orfebre del alma. Pero quieras o no quieras, ya no vuelves a ser el mismo/a. Ya has escuchado esa frase, ya sabes que en esta vida todo es susceptible de derrumbarse, ya no confías en la gente, menos aún en los hombres o mujeres. Has tocado fondo y ya no eres el mismo, ya las cosas son relativas, el mundo se ha parado para ti y lo miras girar desde fuera, y te prometes mil cosas, te prometes que saldrás de ésta, que no te volverán a hacer daño, borras teléfonos, cartas, postales, fotos, regalos que te hizo, cintas y pétalos de rosa caen por la ventana del séptimo piso, porque no quieres más promesas, porque no quieres más mentiras, porque todo ahora es tan falso y tan absurdo y tan inútil...
El recuerdo de su cuerpo te abruma: besas a otros, te acuestas con otros, y nada tiene sentido, es vacío y hasta patético cuando lo recuerdas a la mañana siguiente. Has roto sus fotos, pero recuerdas cada poro de su piel: la forma de sus orejas, los bucles de su pelo, los dedos de los pies, la cicatriz y los lunares de la espalda. Has borrado su teléfono, pero recuerdas cada dígito. Has tirado sus regalos, pero recuerdas cada día que pasaste con él con una claridad obsesiva, cada minuto, cada segundo, lo que hicierais tal o tal día, lo que hablarais tal o tal día por teléfono, incluso qué tiempo hacía, o exactamente el sentimiento (ya extinto, ya vacío, más bien el eco...) que te albergaba en ese momento.
El tiempo va pasando, sí, y hay días en los que sonríes, y luego brilla el sol, y días divertidos, y días inolvidables en los que ya no está él.
Poco a poco te haces a la idea de que ya no está, y lo crees muerto, porque prefieres pensar que ha muerto antes de pensar que ya te ha olvidado. Le escribes. Sigues escribiendo esas tonterías, sigues el blog, los cuadernos, todo lo que empezaste por él. Lo das por muerto pero lo mantienes vivo, alimentándote de un recuerdo fatuo. Los amigos te animan, viajas, conoces gente, agradeces a la vida las cosas que te da. Te ríes. Te ríes muy alto. Pero por las noches no puedes dormir, y siempre la misma pregunta. Cuando lo consigues, vienen las pesadillas.
Siempre es la misma: viene a ti y te presenta a su nueva novia. Unas veces es rubia, otras morena, otras pelirroja. A veces se llama Nuria, otras Carla, otras Elena, a veces incluso lleva tu mismo nombre. Pero siempre la misma sensación, la humillación, la angustia. Te despiertas moribunda y comienzas un nuevo día. Quieres olvidar esos malos sueños y seguir con tu vida.
Y sigues.
¡¡Sigues!!
Tampoco le importó que estuviera viva o muerta, ¿no?
Sigues escribiendo, como una terapia. Sigues con tu vida e incluso vuelves a sentir esos momentos de felicidad alguna vez. Cada vez más, aunque todo esté al revés. Vuelves al concierto de Iván Ferreiro y resulta que ya no te emociona como la primera vez. Resulta que no lloras. Te das cuenta de que ha pasado el tiempo y has sido capaz de ir enderezando tu vida sin que te den nada hecho. Ya no le das tanta importancia a las cosas que no la tienen. Mientras las primaveras le van alejando más y más de ti, reconoces que no volverás a su puesto del Rastro a comprarle migajas de su amor de mierda.
"¿Es lógico que el corazón padezca,
queriendo neciamente resistir a lo que es y debe ser inevitable,
a lo que resulta tan común como cualquiera de las cosas
que con más frecuencia hieren nuestros sentidos? "
Hamlet, el prícipe de Dinamarca (Shakespeare) 4月16日 RehabVuelvo a estar delante de este folio en blanco como si no hubiera pasado el tiempo. Pero el tiempo pasa, y no en vano nos ayuda o nos sepulta definitivamente bajo una losa de piedra, obligándonos a escribir que estamos muertos.
Pero sin embargo me siento más persona que nunca. Ni buena ni mala ni mejor ni peor, sólo una persona que comienza a sentir atisbos de felicidad, ese "estado transitorio". Hoy pienso que debería darle las gracias a muchas personas, y lo estoy haciendo. Le he dado las gracia a Alberto, y creo que le ha sorprendido, porque se ha reído como cuando algo le hace muchísima gracia. Es la primera vez en 7 meses que no quiero que esto acabe de ninguna manera. Es la primera vez en mucho tiempo que siento que sería capaz de perdonarle, y así mismo olvidarle.
Sí, también me pregunto si alguna vez seré capaz de perdonarme a mí misma. El otro día Víctor me examinaba y me decía ·Inés, te encanta ser la chica más triste de la ciudad"- pero esta vez con un matiz. "Eres diferente. Ya no estás pasándolo tan mal. Ya aceptas tu destino irremediable con una mueca simpática, la Inés maravillosa que siempre fuiste". Con Víctor me siento protegida. Me conoce desde hace 6 años y sigue siendo el mismo. Es una de las pocas personas en mi vida que sigue siendo auténtica, sigue siendo ese chico de barrio que me hacía reír y me cuidaba de los peligros del mundo. Me vuelvo a sentir viva. Como en el viaje a Barcelona, volver a estar con Juan, con Guille, reconstruir a Nacho, hablar de Galicia, de cúantas veces nos habríamos cruzado en Vigo sin saber que años después estaríamos allí, juntos en el puerto de Barcelona recordando vidas ya pasadas y que en aquel momento eran eternas.
También he tenido tiempo de replantearme mi vida, mis amistades, lo que me conviene y lo que no. Estoy feliz en Inglaterra, por primera vez empiezo a esbozar una sonrisa verdadera..me gusta estar aquí, y no, no os echo de menos, ya he pensado mucho en todo esto, y tengo más fuera que dentro, ojalá se haga realidad eso que dice Carmen de irnos a vivir a Madrid, ojalá esto no acabase nunca y hubiera muchos lunes y martes y miércoles para tomar pintas e ir a discotecas...este es mi año y ahora por fin empiezo a entenderlo todo...Sí Pablo, he aprendido, si en vez de hace 5 años nos hubiéramos conocido ahora estoy segura de que las cosas hubieran sido muy diferentes, de que hubiera sido paciente, de que me hubiera mordido la lengua y hubiera luchado sin reprocharte nada, y ahora que sé todo esto me pregunto porqué he tenido que aprenderlo a fuerza de perderte, de qué me sirve saberlo si ya no te tengo, si ya ni siquiera me queda corazón para un siguiente candidato. La vida nos empujará, nos forzará a seguir, a dar mil vueltas, yo siempre quiero creer cuando esa brujiña buena me dice "volverás a verle" pero espero que sea cuando ya no sienta nada, cuando haya escrito esto tantas veces que ya no tenga sentido para mí.
Este proceso de rehabilitación no es fácil. Es como desintoxicarse de una droga dura. Hay días estupendos y días en las que necesitaría una dosis para seguir respirando. Pero mi fe es ciega, en que dibujaré las cosas sin dolor y me iré de este lugar recuperada y habiendo vivido una vida tan necesaria como apasionante. Ya pensaré qué hago a la vuelta. Hay mucho que replantearse en muchos sentidos.
De momento no queda sino vivir. Mi poesía habla de muerte, pero mi corazón vuelve a latir con vida. Que no se pare nunca, buenas noches.
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