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11月13日

Fragmentos de una vida

Fragmento 1:  Recordando a Richard Carreau
 
Lo que guardaban esos sobres amontonados en el ultimo cajón de su escritorio eran las cartas que Richard le había ido enviando a lo largo de esos años.
Las había vuelto a leer con el corazón encogido, barriendo con la mano los restos de ceniza de tabaco negro, con el temor fatal de saber que podría haber evitado la catástrofe que sacudió su vida como un terremoto.
Arrugados, con esa letra pulcra y pomposa, iban saliendo los poemas de Cernuda, de Salinas, cartas de amor que ella no supo en su momento descifrar.
Richard había elegido desaparecer y ella no podía irrumpir en su vida de nuevo, porque entonces estaría siendo tan cruel como lo fue el Asesino cuando volvió a la ciudad.
Recordó aquel café al lado del puerto y esa última súplica. "Yo en realidad lo que quiero es casarme contigo..."
Se hizo el silencio y ella le miró. "Sabes que sólo amo a una persona. Ojalá no fuera así pero..."
Richard la miró fijamente y dijo solemnemente:  "Es un idiota. Su vida estaba construida sobre puentes que ha ido volando uno a uno. El último eras tú. Y te ha dejado reventarte en mil pedazos sin hacer nada para remediarlo. Con él, sólo has hecho oposiciones para ser desgraciada. Te lo avisé."
"Richard..."
"Non se poden dar margaritas ós porcos..."
Muy serios, se despidieron en la estación y ella nunca volvió a verle. Al cabo de unos días recibió una nota en la que "el señor Richard Carreau" le pedía que no se pusiera en contacto con él nunca más.
Lo peor es que ella lo entendió.
Cuando le echa de menos, le imagina paseando por el muelle con su Gitanes en la boca. Aunque no sonríe, sabe que está bien, que llegará lejos. Su juez y parte también encontrará su lugar en el mundo.