| Clementine 的个人资料DIARIO DE UN NÁUFRAGO照片日志列表 | 帮助 |
DIARIO DE UN NÁUFRAGOOlvidar es divino y fuerte la fuerza del destino 11月24日 los ángeles custodios
“Bueno cuéntame, ¿¿y el chico ese que mandaste a cascarla??”
“Era un grosero, un creído y un estúpido. Ni siquiera sé cómo coño me fijé en él. Me quedé pálida cuando me dijo al final que yo sólo le quería como hombre objeto...¡por eso aguanté sus parladas místicas por messenger durante semanas!”
“Por favor, cómo puede ser tan chabacano, si tú lo que querías era que se enamorara de tu alma...”
“¡¡¡Jajajaja!!!!”
Sí, lo ha conseguido. Como siempre. Ella es Carmen, y esa risa del final es la mía. Sea cual sea mi estado de ánimo, ella siempre saca lo mejor de mí. Por eso es mi amiga. Es mi amiga de verdad. Cuando me siento derrotada, nostálgica, cuando necesito una razón para seguir siendo fuerte, para seguir mi camino hacia delante, pienso en estas personas. Detalles tan tontos como éstos para mí significan muchísimo.
O leo un sms de Alberto, y recupero el aliento después de soportar a tanto niñato imbécil. Siempre me hace sonreír. Su recuerdo es paz, tranquilidad y felicidad. Volveré a verle pronto, lo sé.
Una sola palabra más triste que la otra, y allí están Viri, Charlie, Saray, Pepiño, Paula, Javi... Veteranos compañeros del alma en la distancia. Y sé que tengo que mantener la entereza de siempre porque si borrase el pasado, les borraría a ellos, y eso sería el peor crimen que podría cometer.
Y una vez más, mis amigos de Barcelona. Todos los días pienso en la suerte que tengo de haber encontrado a unas personas que me quieren tal y como soy, que desde el primer día me han tratado como a una hermana y que aguantan mis lloreras, mis borracheras, mis malos humores y mis días de no quiero hacer nada. No tendrían porqué, sólo hace dos meses que les conozco, pero siento que puedo compartir con ellos casi cualquier cosa. Todos mis planes les incluyen, a corto y a largo plazo.
Y para lo que todavía no pueda, o para lo que no proceda compartir en esta nueva vida, para eso está Inma. Sin ella, todo sería mucho más difícil para mí. Ella siempre ha sido el hilo invisible que me ataba a muchas vidas que he vivido siempre al filo del precipicio, tambaleándome y sujetándome a ella cuando veía de frente el abismo. Mi mayor miedo es que algún día nuestras respectivas rutinas nos separen. Nos une un pasado lleno de emoción y de inocencia, pero ¿qué futuro nos espera? ¿puedo protegerla del fracaso? ¿del dolor que ello supone? ¿podré estar a su lado si me necesita? ¿sabe de verdad lo mucho que significa para mí?
Tantas preguntas me pasan por la cabeza a la velocidad de la luz...nunca hasta ahora había sido tan consciente de que voy a envejecer, y me horroriza pensar que pasado mañana me levantaré y tendré 30, 35, 40, 50 años... La gente que quiero, mis amigos del barrio, Elisa, Andrea, Leticia...van haciendo su vida, la mayoría tienen pareja...de aquí a unos años iremos viendo cómo van labrando su futuro y el de los niños que vendrán. Yo, sin embargo, siento que todavía observo el mundo desde fuera, como si no fuera mucho conmigo. Me identifico con mi amiga Chantal porque es una nómada sin hogar igual que yo. Porque quiere ser libre. Pero entonces...¿por qué creo que en el fondo estamos deseando encontrar a alguien que nos quiera? ¿y por qué es ese mi mayor miedo, quedarme sola sin volver a sentir jamás que alguien me ama?
Lo bueno del pasado es que no volverá a repetirse. Nadie podrá destrozar mi corazón porque ya ocurrió una vez. Todo lo que venga después será mucho más leve. Inerte.
Sí, reconozco que miro esos vídeos, y lloro de rabia y de nostalgia al mismo tiempo. Ojalá pudiera decirle a Concheiro lo mucho que pienso en él, pero ya no me escucharía. Y si volviera a buscar a Pablo para preguntarle por qué no fue capaz ni siquiera de un digno final, otra mujer me abriría la puerta y me diría: “Y tú quién carajo eres”
Y tú quién carajo eres. No soy nadie. Dejé de serlo, supongo, cuando me dejó de querer. No importa cuantos minutos malgastados de mi vida atesore aún en mis venas. Me dejó de querer.
Estamos muertos. No hay lágrimas que valgan para volver a ser lo que éramos.
Estoy nostálgica, sí, lamentablemente es inevitable, pero también es cierto que mañana será otro día en esta hermosa ciudad, y muchos proyectos me esperan: que nadie confunda esta entrada de blog con un back to black, en realidad es el eterno retorno, y el pasado que siempre se entremezcla con el presente y con lo que será el futuro, porque aunque me duela es parte de mí.
Y por cada vez que mis labios tiemblan, y siento que de un momento a otro mis ojos van a teñirse de lluvia, lluvia de Santiago, de día gris, mirada de niebla saliendo de la boca de los caballos de Platerías, desato el nudo de mi garganta y respiro, ese esfuerzo absurdo de tan básico...y pienso en las personas que ha habido, antes, durante y después, y pienso que siempre al final quedan los mejores, los valientes, los que prefirieron aguantar el temporal sujetándome por los hombros, manteniéndome en la tierra, a su manera, pero sin dejarme del todo a la deriva, quizá sin saberlo, cerrando las ventanas...
Barcelona, 24 de Noviembre de 2009 10月26日 Llegar al marLlegar al mar. Eso era lo que quería cuando era más joven. ¿Recordáis? Pero había perdido toda esperanza de volverle a encontrar.
Y estoy aquí de pronto mirándolo. Es muy diferente de aquel al que soñé un día que surcaría sus olas para siempre. Pero he llegado hasta él, y me devuelve mi propia imagen ya no más distorsionada. Lo quiero abarcar todo, sentir su abrazo de agua, saborear su luz y su olor que penetra hasta lo más profundo de mi corazón, limpiándolo de podredumbre, los restos de una gaviota muerta.
Lo importante no era alcanzar esa isla, ahora lo entiendo. Sólo había que llegar al mar y saber mantenerse a flote, dejándose acariciar por las mareas, sin perder de vista el horizonte. Sólo así podría haberme salvado. Pero este naúfrago que escribe desde una playa nunca conquistada tiene ahora la oportunidad de empezar de nuevo. Y lo que estoy descubriendo, es maravilloso. Es un tesoro más grande de lo que nunca pude imaginar. La curiosidad me hace perderme por las calles, por la plazas, por los bares de esta ciudad, y nunca puedo dejar de sonreír. ¿Podría ya vivir sin todo esto? ¿Cómo es que parece que lleve una eternidad buscando lo que he encontrado aquí?
Amo este lugar. Amo a quienes me han acogido entre ellos como una más, con quienes puedo ser yo. Simplemente Inés. Después de todo, simplemente eso.
Amo mi nueva casa, viejas paredes modernistas que quizá oyeran el aullido de Gaudí cuando le atropelló aquel tranvía.
Amo mi barrio, la rambla de las flores, los espejos de colores, los niños en los carritos y los abuelos al sol.
Amo los nuevos amigos, las nuevas sensaciones, pero a la vez saber, que sigo siendo yo...
Amo las palabras que él me da con cuentagotas, a las que deseo dotar de un significado que me ilumine más aún los días y las noches.
Amo la luz y la lluvia, la suerte que he tenido, de haber tenido esta oportunidad. De que el mar me haya devuelto furiosamente a la orilla y me haya obligado a mirarle así, a amarle otra vez. Despacio. Otra vez.
9月13日 Memorias y desmemorias de una universitariaMe encuentro en uno de los momentos más felices de mi vida. No sólo disfruto de salud, familia y muchos amigos, sino que además, soy licenciada. Lo supe oficialmente el jueves, aunque en realidad lo sabía mucho antes, porque intuía que el resultado de mi esfuerzo había de ser positivo. Todo un verano sudando, nunca mejor dicho, para ganarle la batalla al Old English, plantándole cara al umlaut, al dativo absoluto, a los infinitivos inflectivos, a los cambios en la raíz de todos los verbos habidos y por haber, a la sintaxis de una lengua muerta hace mil años que no es el inglés, ni el alemán, ni el latín, pero que tiene rasgos de todas ellas, y con la que sinceramente hubo un momento que pensé que no podía con ella.
Pero lo he conseguido. Una vez más, siento la inmensa felicidad de haber conseguido hacer las cosas por mí misma. La satisfacción de saber que sí, que podré hacer ese máster de traducción que tanto me ha costado conseguir. Ante mí, un nuevo reto. Una nueva aventura. Un hacer maletas de nuevo, un no sé qué, ese no sé qué que tiene la aventura y que me produce una descarga de adrenalina que me llena de felicidad.
Podría, sin embargo, ponerme a recordar los malos momentos, que ha habido muchos. Desde aquel primer final de curso en que supe con certeza que la carrera no me gustaba, pero no tenía otra opción, a todos los malos malísimos profesores que me han hecho aborrecer una asignatura, incluso odiarla, preguntarme cien mil veces quién demonios les puso en ese puesto que no merecían en absoluto...pasando por el peor momento de mi vida, sola en Madrid, cuando era incapaz de levantarme por la mañana y pensaba que aquella pesadilla no acabaría nunca, y que no sería capaz de acabarla yo tampoco, que ni siquiera sería capaz de seguir respirando.
Pero...ahora puedo decir orgullosa que mi fuerte fragilidad y mi empeño me sacaron hasta de aquel pozo inmundo, y de otros muchos pésimos momentos. Ahora podría darles una patada en el puto culo a todos los que nunca creyeron en mí. A los que se obstinaron en que nada me saliera bien. Idiotas, ¿dónde estáis vosotros ahora? ¿os sentís orgullosos de lo que sois?
Yo sí, me siento orgullosísima de ser yo. Y no pienso cambiar jamás. Una vez pensé que si yo cambiase, la gente me aceptaría más, la gente me querría más, algunos incluso puede que volvieran a quererme después de todo. ¡¡Pero no!! No es mi problema. No puedo evitar la manera en la que me enfrento al mundo. No puedo evitar mi escepticismo, mi vaso medio vacío, mi impulsividad, mi inocencia, mi idealismo, mi hablar antes de tiempo, mi abrazar antes de ver el puñal. No puedo evitarlo y creo que tampoco está tan mal. Mi manera de ser me ha hecho vivir la vida como una montaña rusa, y esa manera de sentir tan extrema es dolorosa pero también feliz. Es, supongo, valiente. Y cito al padre de Syl en ese libro maravilloso que ella escribió: "Hay que tener huevos para sentir el dolor".
Sin embargo, la gente que realmente me quiere, me quiere tal y como soy, y no tengo miedo de perderles. Ya no.
Lo más importante en esta vida, decía el padre de Juno en esa película que tantísimo me gusta, es encontrar a una persona que te quiera exactamente tal y como eres. Yo todavía no he encontrado a esa persona, pero no tengo prisa. La prisa siempre es mala consejera.
Tengo millones de papeleos que hacer antes de mudarme a Barcelona. No sé ni siquiera dónde voy a vivir. Pero no tengo angustia ni preocupación. Todos aquellos sentimientos que me dominaron alguna vez han desaparecido como por encanto. Como dice Bunbury en una canción que me gusta mucho, "nada puede dañarme con mis amigos". Nada puede. Nadie puede. Ya no. Ya no.
Próxima estación....Barcelona-Sants!!! per això ja sap una miqueta de català, m´estic preparant aquest curs
Os dejo con pequeños apuntes, quizá algo desmemoriados, de algunas cosas agradables que recuerdo en estos seis años en la universidad. De lo que fui (o dejé de ser).
ACTO PRIMERO
-Estamos en el bar de Filosofía y Letras Silvia, Espe, Syl y yo. Syl está contando una historia fabulosa, de esas que siempre contaba sobre su vida. ¡Qué emocionante me parecía! La escuchaba atentamente. Recuerdo que bebíamos batido de chocolate y comíamos un montadito de anchoas. Fuera el otoño avanzaba a pasos de gigante.
-Tim Bozman habla lenta y pausadamente explicándonos las condicionales. De pronto su tono de voz cambia: está intentando hacer un chiste que inmediatamente anoto en la agenda. Aquel hombre era tierno, y un buen profesor.
-Yo, absorta en mis pensamientos, le estoy tocando la oreja a Laura en clase de Alfredo, alias Zanco Panco por sus divagaciones sobre Alicia a través del espejo. De pronto me pregunta que por qué estoy tocándole la oreja a mi compañera. No me había dado cuenta. Es la risión general. Fue mi primer sobresaliente.
-Es final de curso, salimos del examen de Lengua Española y es la primera vez que hablo con esa chica que se llama Leticia. "¿Por qué demonios nos metíamos con ella antes?" nunca me lo he explicado, porque desde ese momento se convirtió en una de mis mejores amigas. Un ser lleno de generosidad.
ACTO SEGUNDO
-Aprobé la lengua inglesa 2 de Isabel gracias a Napoleon y Snowball. O debería decir George Orwell?
-Descubrí una asignatura que me gustaba: fonética y fonología. Por supuesto, la profesora Silvia tenía mucho que ver en ello.
-Recuerdo volver de la facultad en las noches de invierno y hacer una parada en casa de Inma, que me esperaba con su albornoz rosa.
"¿Te imaginas cuando tengamos coche y vayamos todas por ahí? ¿Te imaginas cuando Pablo y tú por fin viváis por fin en la misma ciudad? ¿Te imaginas quién de nosotras se casará primero? ¿Te imaginas cuando lo pruebe con una mujer?"
Todas esas cosas han ocurrido ya. Con mayor o menor fortuna.
-El pizzero macizo que se echó Syl como ligue. ¡Qué tremendo! la vino a buscar un día a la salida de clase. Se llamaba Rubén. Leti, Laura y yo reíamos y cuchicheábamos mientras se alejaban de la mano por el pasillo. Después llegó uno que parecía medio indio, y otro y otro más. Y después su boda y esa absurda sensación de que todo iría bien.
ACTO TERCERO
-No podía esperar a que esa maldita clase de prácticas acabara. "¿Por qué coño no se callaba Fran de una vez?" No podía esperar porque aquella noche de principios de Marzo salía el tren. Puntual, a las 23: 35. Había sido con lo que había ganado de dar clases particulares. Me sentía orgullosa. Syl no paraba de hacerle la pelota a Fran y me estaba poniendo enferma. Leticia me firmó una foto de carnet. Nos sentábamos juntas en la última fila. Pero aquella clase nunca acababa, y yo no podía esperar.
-Adoré los desvaríos de Bardavío y sus mamuts congelados. Absolutamente histriónico y surrealista (tanto como el examen, Leti, ¿te acuerdas del sueño de Karrás?)
-Recuerdo una mañana fría y seca de Enero. Syl y yo vamos a hacer el examen de Diacronía, pero ella se va a los cinco minutos y yo me doy cuenta de que no he entendido nada. Fue la primera que tuve para Septiembre, y quizá el preludio de lo que vendría al final: mis grandes dificultades con Historia de la Lengua...
-Estoy en el pueblo. Me he enterado de que hay una posibilidad. Una pequeña posibilidad de que me concedan una beca y pueda ir a Madrid por fin con Pablo. Estoy contándoselo a Concheiro. Él contesta: "Si vosotros vais, yo voy." Fue el primero que lo consiguió.
Trabajé muy duro para conseguir esa beca, recuerdo los jueves con Alejandro y cómo me animaba. Pero no la obtuve en Junio, sino en Septiembre.
-Es casi verano. Los pájaros chillan enloquecidos. Examen de Literatura Norteamericana. Apenas he estudiado porque mis incursiones en el barrio de la Magdalena me dejan insomne. Emily Dickinson salva mi blanco culo de la quema. Me llaman en mitad del examen: Es Flaco. Me habían preguntado a Allan Poe, y yo no había sabido qué cojones responder.
ACTO CUARTO
-Es el dos de Octubre de dos mil seis. Tengo veinte años. Llego a Madrid por primera vez. Pasado Alcalá de Henares, empiezo a ver grandes pancartas que anuncian los programas de la tele: Buenafuente, Territorio Champions. La gran ciudad aparece ante mis ojos como un coloso de asfalto indominable. Llegamos a lo que será mi residencia. Es de un verde muy triste. Mi compañera no está, sólo su maleta llena de zapatos del número 41. Es muy guapa en las fotos. Me acuesto con mamá en el camastro verde triste y lloro en silencio. Ella no se da cuenta. Por la tarde, antes de irse, tomamos algo los tres en el Starbucks del paseo del Prado. Concheiro y yo nos quedamos solos y nos miramos con una tristeza infinita en la mirada. ¿No se supone que deberíamos estar contentos? ¿Por qué aquel día tuve esa sensación de que aquello no saldría bien? No lo sé, pero nunca volvimos a ser los mismos.
-Hay gatos que pasean como Pedro por su casa en los pasillos de la facultad de Filosofía y Letras en la Autónoma de Madrid. Yo me divierto observándolos mientras tomo un croissant a la plancha y leo el periódico. Estoy sola. Dentro de poco tengo la clase más entretenida. Hoy, Pedro nos hablará de Mèlies y del Viaje a la luna. Ha traído a un actor canario que hace mimo para que nos haga una demostración.
-No quiero estar sola, pero él no lo entiende. Siempre tiene miles de cosas mejores que hacer que estar conmigo. Yo mientras paseo por la gran ciudad. El terrible presagio me sube como una naúsea por la boca del estómago. He fallado. Recorro la Gran Vía una y otra vez. Compro un vestido. Nunca me verá con él puesto. Mi cuerpo ya es de ceniza. Es invierno. Un invierno que no acaba nunca.
-He pasado la tarde trabajando en Alcobendas, y cuando llego a la residencia tengo una nota en la puerta. "Queremos hablar contigo". Son los chicos del piso de arriba. Guille, Juan, Jony y Santy. Subo a su habitación. Están sentados en círculo, esperándome. No volví a comer ni cenar sola. Es primavera.
-Es 24 de Junio de dos mil siete. Tengo veintiún años y el corazón totalmente destrozado. Abandono Madrid. Mi madre y yo hemos cogido todas las maletas y vamos como los gitanos a coger el AVE para volver a casa. Al pasar por Cibeles, caen dos lágrimas inesperadas. Una, por todo el dolor del mundo que es imposible plasmar aquí. La otra, por la felicidad de haber conseguido remontar el vuelo e incluso hacer amigos.
ACTO QUINTO
-Violeta, Lucía y yo llegamos a un lugar tan hermoso, que me cuesta describir. Brilla el sol, algo inusual para Inglaterra, corren las ardillas, y mi residencia es lo más bonito que os podáis imaginar. Está en medio de ese bosque inmenso que alberga la University of Nottingham.
Enseguida hacemos amigos: recuerdo con nitidez lo que sentí la primera vez que les vi a todos. Ellos serían mi familia hasta el final y aun ahora, siento que hay un vínculo entre todos nosotros que es imposible de romper.
-Paul es el profesor de cine. Es un tipo estupendo. Me encantan sus clases y pienso en cómo le gustarían también a Syl. Ojalá estuviera bien...Paul nos enseña a amar el cine desde el principio. Desde M el vampiro de Dusseldorf y King Kong, hasta mi preferida, el Gabinete del Doctor Caligari. Después viene Humphrey Bogart y Lauren Bacall, y me quedo anonadada contemplando su magia en la gran pantalla del aula de cine. Fuera llueve a cántaros, pero ¿qué importa? ¡¡esta noche hay una fiesta!!
-Es el cumpleaños de mi compañera Angie. Es el 28 de Enero de dos mil ocho. Salvatore y Marie acaban de llegar a nuestra residencia y en seguida nos hacemos amigos. Y esa noche aparece él: ese hombre pequeño y pelirrojo que se disculpa por no poder acudir con nosotros al cumpleaños. Acabo de encontrarme con un ser extraordinario.
-Estoy con Pablo Andrés en los Broadway. Compartimos una botella de vino y una ensalada griega. Me dice algo que no he olvidado: que el tiempo es lo más hermoso que podemos regalarle a alguien. Me siento absolutamente feliz. Y curiosamente hemos venido a ver Happy-go-lucky.
-Me han llamado para trabajar en la EXPO: debo acabar los exámenes e inmediatamente después coger un avión y volver a casa. Pero siento que no me he perdido nada: tengo todo lo mejor de cada uno. Estamos en el Tantra. Reímos, bailamos. Para siempre en mis retinas la imagen de esa prado de flores y árboles y ardillas y la paz en los ojos de Alberto mientras tomamos el té. Para siempre él. Para siempre los demás. Carmen, Alberto, Salvatore, Marie, César, Rubén, Pedro, Tabi, Violeta, Lucía, Pablo Andrés, Andrea, Fabio, Angie, Joserra, Daniel, Carlos, Silvia...
ACTO SEXTO
-Volver a vivir con mis padres. Volver a la rutina. A acostumbrarse a esta ciudad gusanera. Fue sin duda una ardua tarea.
-He acabado mi ensayo sobre María Lejárraga, y mi padre promete publicar mi artículo en la revista con la que colabora. Acabo de descubrir a una mujer fascinante y he ganado nuevos argumentos para enfrentarme a los ignorantes. Menos mal que tengo buen ojo escogiendo asignaturas de libre elección.
-Mitra y yo estamos en clase de catalán. Nuestra relación con la profesora es más bien mala, pero algo dentro de mí me dice que esa mujer no puede ser tan recta y tan rancia. No lo era: me dio unas cuantas buenas lecciones y un consejo que no desoí: es Junio de dos mil nueve y después del examen oral, me dice que me vaya a Barcelona e intente algo de traducción allí. Al llegar a casa tanteé las posibilidades y ante el percal que había aquí....el resto ya es historia. Me cogieron en Barcelona y la primera en saberlo fue ella: esa mujer menuda y cascarrabias, pero quizá uno de los últimos buenos profesores de la universidad.
Me dejo muchísimas cosas, pero esto es lo que antes ha venido a mi mente. Algún día quizá me ponga a bucear más. O quizá directamente lo convierta en una novela.
8月24日 primavera, verano, otoño, invierno y primaveraPor primera vez en mi vida soy consciente de que voy a envejecer. Ya pasó ese tiempo en el que creíamos ser inmortales. Ya pasó ese tiempo en el que todo estaba por decidir.
Muy pronto cumpliré veinticuatro años, los mismos que tenía Syl el día que la conocí el primer día de clase en una facultad a la que ya no voy a volver. Recuerdo cómo iba vestida, cómo miraba a la gente. Era mucho más tímida de lo que pudiera parecer, me di cuenta entonces.
Yo entonces tenía diecisiete, y creía que cuando algo se deseaba con el corazón, era imposible que saliera mal.
Escribía cuadernos enteros, copiaba poemas. Mandaba largas cartas al final del mundo. Tantos sentimientos nuevos... era tan joven que nada me satisfacía...ni esos momentos que brillaban como monedas de oro y que atesoraba en un baúl que naufragó conmigo en aquella isla de asfalto. Ciudades que fueron el desagüe por donde los sueños rotos se mezclaban con el agua sucia.
El amor y sus promesas ardieron en una pira funeraria, cruzaron la laguna Estigia y no volvieron más...¿o era el estanque del Retiro?
He pasado días intentando olvidar que ahora hay otra que coge la línea roja...que suspira al salir por Ventas o Manuel Becerra. Pero esa ya no soy yo, sino un sucedáneo de lo que fuera que fuese el amor, que no es más que una mentira, una gran mentira que ya para mí arde para siempre en el Retiro, o en el Castro, o quizá en el Monte do Gozo, con barro en los zapatos, escuchando a The Coors...han pasado tantos años y tanta amargura desde aquel verano...
Atrás quedaron las mañanas de invierno en Vigo, cuando el reloj se paraba y no era consciente del tiempo, hundida en sus cabellos. El tesoro de la inocencia. La maldición del fracaso aún no se cernía sobre nosotros. Diecinueve, y tocaban sus dedos en mi cuerpo, dedos como teclas de celesta.
Atrás quedó la libertad, que no era un vestido blanco en el acantilado de Estaca de Bares, ni la navaja de nácar del abuelo inglés, ni ese anillo que casi se pierde cuando ya todo estaba perdido. No. La libertad era en realidad una prisión donde me consumía entre gramos de locura y alcohol, soñando con volver a casa para seguir borracha, y un vis á vis con el señor de los portales, ése que me empotraba frente al ascensor y yo sólo oía los espasmos del reloj que ya nunca jamás fueron latidos.
Atrás quedó Flaco, con su sombrero de copa, su tic en el ojo derecho y un cuervo negro en el hombro que repetía sin cesar "Nevermore" como en el cuento de Allan Poe que dimos en tercero. Atrás quedaron sus besos tan sólo rozándome los labios para devorarme el alma después. Y las tardes en casa de Inma, que con sus albornoces de colores siempre me contaba una historia extraordinaria que nunca llegó a hacerse realidad. Concheiro y sus poemas de Salinas, de Claudio Rodríguez, de Altolaguirre, sus hermosas cartas de amor que comprendí cuando ya era muy tarde. Todos los que le siguieron a él. Ese libro de Machado. Ese otro inventado. Ese final tan triste. Esa tarde en Samil cuando el príncipe de los gitanos me vino a buscar en un coche de segunda mano. Sólo recuerdo que dejé de llorar.
Atrás quedó también la primavera de mi vida, mi primer día en Nottingham con Violeta y Lucía, nunca olvidaré su sonrisa...las ardillas y la hora del té, la sensación de volver a respirar, la paz en los ojos de Alberto, el cine Broadway con Pablo Andrés, los besos de César, el Eleven y Josh cantando "Save tonight" sólo para mí, la buhardilla de Carmen y sus ositos de goma, cómo me dejaba estrujar y besar por ella, y cómo pasaba cada noche por delante de nosotras el mejor año de nuestras vidas...
Los errores, El ruido, la furia. Descubrir un disco que iba a cambiar mi vida. Amar por primera vez. Mentir por primera vez. Escaparse. Inventarse una isla. Un refugio. Esperar un tren. Creer en las personas. Dejar de creer. Perderlo todo. Recuperar una parte. Empezar a escribir un blog. Querer acabar un blog y no poder.
Hoy sé que en mi vida ya ha comenzado el verano. Hace un calor tan sofocante que ni siquiera me deja pensar con claridad. Todo es incertidumbre. Me veo de pronto en una cena de parejas que hablan de trabajo, dinero e hipotecas. Me pregunto qué demonios hago yo allí. Acabo de encapricharme de pequeño rock and roll. Sé que también me fallará. Así es. Me río...¿qué coño esperaba?
A mi amigo del alma Charlie empieza a escasearle el pelo. A Viri le ha dado tiempo de enamorarse y desenamorarse, y absorta en su conversación he perdido un paraguas. Todavía encuentro gente fascinante. Espero mail de Alberto, lo espero con ansias cada día. Vane y Momi hablan de embarazarse en un futuro próximo. Al se dedica a desperdiciar su talento y aún no tiene 26. Elisa alias baby sis no puede creer que siga siendo tan negativa. Menos mal que Syl ha vuelto a escribir.
Mi hermano va a cumplir diecisiete. Definitivamente, atrás quedó la primavera.
"Stringimi madre ho molto peccato
ma la vita è un suicidio l'amore è un rogo e voglio un pensiero superficiale che renda la pelle splendida Senza un finale che faccia male con cuori sporchi e le mani lavate A salvarmi, vieni a salvarmi, salvami, bacia il colpevole se dice la verità Ma sì..." (Afterhours, voglio una pelle splendida) 8月9日 Everybody´s gotta learn sometimeA la hora en la que todos duermen, mis ojos se abren de par en par, a la vez que comienza la algarabía de golondrinas que cualquiera que no viviese en este pedazo de tierra quizá no soportaría. Estaba pensando en lo último que les dije a los niños anoche: que lo más importante que tenemos, es la memoria, porque con ella hemos ido construyendo lo que somos. Y los niños ya no son niños, y temo que un ordenador o una videoconsola les absorba el tiempo necesario para soñar que sacan los objetos de una casa vieja- casa que ya sólo existe en su memoria- uno a uno de unos nichos en medio del campo.
El más pequeño ya es un hombrecito: suficientemente mayor como para reconocer que su padre arruinó su familia, le despojó de la casa donde vivían, y le lanzó en los brazos de otra familia que en el fondo no le toca nada. Sólo tiene doce años pero una fortaleza que a veces pienso que sólo los niños pueden tener. “Ven aquí, muñeco”- y se deja querer y abrazar y besar como si en efecto, no tuviera vida- ¡ojalá conserve su memoria intacta y toda su vida tenga muy claro quién le quiso de verdad!
Los niños ya no son niños, pero hoy en día permanecen bajo la indulgencia de la sobreprotección durante muchos más años. Yo, en cambio, por primera vez tengo conciencia de que voy a envejecer irremediablemente, y me hallo de pronto inmersa en la parafernalia de la muerte, en los pésames y los velatorios, en este pequeño cementerio lleno ya de gente y que mi abuela, de joven, conoció totalmente vacío.
Pero debo sobreponerme a este verano tedioso, porque me espera una nueva aventura. Sólo tengo que salvar un último obstáculo y el futuro será mío. Es lo que siempre he querido, ¿no? Hacer y deshacer maletas. Ya no podría vivir de otra manera. Quedarme donde estoy ya no tendría sentido. Además, lo he conseguido por mí misma, por mi esfuerzo...una vez más, nadie me ha regalado nada. Debería sentirme orgullosa. Un último obstáculo, y , si todo sale bien, pondré rumbo hacia el mar.
A veces pienso que la memoria me traiciona. A menudo me empeño en que ciertas cosas, sería mejor no recordarlas. Pero, ¿qué digo? Si algo he aprendido es que la vida hay que asumirla entera con sus momentos buenos y sus momentos terribles. También me encuentro a mí misma muchas veces pensando que ojalá no hubiera conocido nunca a esa persona con la que, a pesar de haberla querido más que a mi propia vida, ni siquiera tuvimos un digno final. Pero, ¿es acaso mi culpa? Rotundamente no. Hice todo lo posible por acabar bien y sólo conseguí desprecio e indiferencia por su parte. Lo que siempre había tenido, vamos. Nada nuevo. Así que como todo el mundo tiene que aprender alguna vez, yo me di cuenta de que no había nada que hacer, de que todo había sido en vano. Y pasé página.
Ahora miro a mi alrededor y por primera vez en mucho tiempo me gusta lo que hay en mi vida. Y no puedo negar que los malos momentos me han hecho madurar: si mañana me pasara algo moriría sabiendo lo que es el amor y lo que es el dolor. Lo que es la amistad y lo que es el desengaño. Y hay gente que muere sin saberlo. O que lo busca toda su vida sin encontrarlo y siempre está vacía.
El amor no le ocurre a todo el mundo: ni siquiera sé si yo volveré a sentirlo alguna vez. Pero ahora ya no es mi prioridad mientras no consiga estar bien conmigo misma. Y creo que poco a poco lo voy consiguiendo. Fracasé en una relación que hasta el momento ha sido la más importante de mi vida, pero gané con ello a una serie de personas que no cambiaría por nada, y que ellas por sí mismas valen más que todo el dolor, la pena y la rabia del amor perdido.
Cuando leo los correos de Viri y noto su cariño, su apoyo, su ánimo, cuánto confía en mí para que logre mis sueños...cuando veo su sonrisa...cuando escucho la voz de Charlie, siempre al otro lado...el amor incondicional de Saray...las risas con Violeta y Luchy, con Carmen...y aunque sólo fuera por los momentos que he pasado con Salvatore y Alberto, ese ser extraordinario que llenó mi vida de alegría y me hizo recuperar la fe en mí misma y en los demás, por el que he sentido algo que si no es amor, es algo que se le parece mucho...
Todo, todo ha valido la pena. Porque todo el mundo tiene que aprender alguna vez. Y sin duda, éste era mi momento.
Porque hoy es el primer día del resto de mi vida. Porque somos el tiempo que nos queda. Sola, con la memoria, seguiré caminando, y trataré de vivir como hasta ahora, comiéndome la vida a bocados.
“Me fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente” (El club de los poetas muertos)
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|